Por el piton derecho
vicente cabecera
PUBLICIDAD Citroen anual app movil
SIGUENOS EN
PUBLICIDAD
Citroen anual home
PUBLICIDAD
Restaurante Recreo Peral
PUBLICIDAD
Banner Nazareno y oro anual
PUBLICIDAD
Cisan anual
PUBLICIDAD
Almerge anual
PUBLICIDAD
Bien Porteno
PUBLICIDAD
libro carteles malditos
PUBLICIDAD
vicente anual columna
13 de Diciembre de 2017
Lo de José Tomás
29 de Noviembre de 2017
Lo de Ponce
15 de Noviembre de 2017
Nos lo deben
01 de Noviembre de 2017
La diferencia
18 de Octubre de 2017
Gracias, Antonio
04 de Octubre de 2017
El hombre de la sonrisa de oro
20 de Septiembre de 2017
Malditos sean
30 de Agosto de 2017
Hasta siempre, Maestro
Miércoles, 29 de Noviembre de 2017
Lo de Ponce

Todo el mundo taurino se ha preguntado alguna vez en qué consiste el fenómeno Ponce. Cómo puede ser que un matador de toros lleve 28 temporadas en lo más alto. Sin retiradas. Sin espantadas. Ahí. Al pie del cañón año tras año. Y con más poso cada vez. Con más maestría y madurez torera cada vez. Todo el mundo le da vueltas. Que si está arruinado, que si tiene mucho que mantener, que si bla, bla, bla. Vueltas, vueltas y más vueltas cuando la respuesta es mucho más simple y se resume en una sola palabra: afición.

Y es que lo que mantiene a Ponce año tras año en el candelero es la afición. Da igual los años que tenga, el tiempo que lleve o que esté rico podrido. Da lo mismo, Ponce está ahí porque tiene la afición de cuarenta toreros juntos. ¡Qué digo de cuarenta! de ochenta o de cien. Si muchos toreros tuvieran la afición que tiene este hombre esto sería otro cantar. Porque a todos, absolutamente a todos, les ha podido alguna vez la desidia y la falta de afición. Menos a Ponce, claro. Todos han perdido la ilusión por vestirse de torero alguna vez. Menos Ponce, claro. Y es que la trayectoria del torero de Chiva en cuanto a mando y número de actuaciones tan sólo es comparable con la de otro coloso de la historia del toreo: el gran Lagartijo.

Con la alternativa recién tomada, Ponce empezó a competir con las figuras del toreo del momento. Barrió a Espartaco, destronándole de su largo reinado en lo alto del escalafón durante tantos años. Compitió igualmente con César Rincón y también le barrió. Como también eliminó del mapa, por mucho que algunos se empeñen en negarlo, a Joselito y José Tomás. Yo, que siempre he sido mucho más de estos dos toreros que de Ponce, no tengo el más mínimo problema en reconocer que por más que cueste admitirlo así ha sido.

Quizá la mala suerte que ha tenido Ponce ha sido haber coincidido precisamente en tiempo y espacio con José Tomás. Y añadiría también a Morante. Y es que la sombra de estos dos toreros -tan demandados por el público aunque por razones bien distintas- quizá para muchos ha opacado un tanto la grandeza del torero valenciano.

A Enrique Ponce tan sólo le critico que en un momento determinado de su carrera dejara de matar distintos encastes para centrarse tan sólo en uno. Él que siempre ha podido con todo. Una infausta costumbre que, por cierto, puso de moda el mismísimo José Tomás y que muchos siguieron al pie de la letra. Incluido el todopoderoso Enrique Ponce. Craso error porque si su figura y su trayectoria ya es grande con lo que ha hecho en los ruedos, aún lo habría sido más si no hubiera seguido esa muy discutible moda impuesta por el torero de Galapagar.

La afición de Ponce debería explicarse y ponerse de ejemplo en las escuelas taurinas. Todos los chavales que quieren ser toreros, si no la tienen ya, deberían inyectarse en vena al menos una cuarta parte de la afición que siempre ha tenido y sigue teniendo el maestro de Chiva. Estoy totalmente convencido de que sólo con esa cuarta parte muchos llegarán a ser figuras del toreo algún día. Otra cosa ya es que dicha afición les dure lo suficiente como para estar 28 temporadas al máximo nivel. Eso ya lo veo más difícil.

Miércoles, 29 de Noviembre de 2017
Lo de Ponce

Todo el mundo taurino se ha preguntado alguna vez en qué consiste el fenómeno Ponce. Cómo puede ser que un matador de toros lleve 28 temporadas en lo más alto. Sin retiradas. Sin espantadas. Ahí. Al pie del cañón año tras año. Y con más poso cada vez. Con más maestría y madurez torera cada vez. Todo el mundo le da vueltas. Que si está arruinado, que si tiene mucho que mantener, que si bla, bla, bla. Vueltas, vueltas y más vueltas cuando la respuesta es mucho más simple y se resume en una sola palabra: afición.

Y es que lo que mantiene a Ponce año tras año en el candelero es la afición. Da igual los años que tenga, el tiempo que lleve o que esté rico podrido. Da lo mismo, Ponce está ahí porque tiene la afición de cuarenta toreros juntos. ¡Qué digo de cuarenta! de ochenta o de cien. Si muchos toreros tuvieran la afición que tiene este hombre esto sería otro cantar. Porque a todos, absolutamente a todos, les ha podido alguna vez la desidia y la falta de afición. Menos a Ponce, claro. Todos han perdido la ilusión por vestirse de torero alguna vez. Menos Ponce, claro. Y es que la trayectoria del torero de Chiva en cuanto a mando y número de actuaciones tan sólo es comparable con la de otro coloso de la historia del toreo: el gran Lagartijo.

Con la alternativa recién tomada, Ponce empezó a competir con las figuras del toreo del momento. Barrió a Espartaco, destronándole de su largo reinado en lo alto del escalafón durante tantos años. Compitió igualmente con César Rincón y también le barrió. Como también eliminó del mapa, por mucho que algunos se empeñen en negarlo, a Joselito y José Tomás. Yo, que siempre he sido mucho más de estos dos toreros que de Ponce, no tengo el más mínimo problema en reconocer que por más que cueste admitirlo así ha sido.

Quizá la mala suerte que ha tenido Ponce ha sido haber coincidido precisamente en tiempo y espacio con José Tomás. Y añadiría también a Morante. Y es que la sombra de estos dos toreros -tan demandados por el público aunque por razones bien distintas- quizá para muchos ha opacado un tanto la grandeza del torero valenciano.

A Enrique Ponce tan sólo le critico que en un momento determinado de su carrera dejara de matar distintos encastes para centrarse tan sólo en uno. Él que siempre ha podido con todo. Una infausta costumbre que, por cierto, puso de moda el mismísimo José Tomás y que muchos siguieron al pie de la letra. Incluido el todopoderoso Enrique Ponce. Craso error porque si su figura y su trayectoria ya es grande con lo que ha hecho en los ruedos, aún lo habría sido más si no hubiera seguido esa muy discutible moda impuesta por el torero de Galapagar.

La afición de Ponce debería explicarse y ponerse de ejemplo en las escuelas taurinas. Todos los chavales que quieren ser toreros, si no la tienen ya, deberían inyectarse en vena al menos una cuarta parte de la afición que siempre ha tenido y sigue teniendo el maestro de Chiva. Estoy totalmente convencido de que sólo con esa cuarta parte muchos llegarán a ser figuras del toreo algún día. Otra cosa ya es que dicha afición les dure lo suficiente como para estar 28 temporadas al máximo nivel. Eso ya lo veo más difícil.

13 de Diciembre de 2017
Lo de José Tomás
29 de Noviembre de 2017
Lo de Ponce
15 de Noviembre de 2017
Nos lo deben
01 de Noviembre de 2017
La diferencia
18 de Octubre de 2017
Gracias, Antonio
04 de Octubre de 2017
El hombre de la sonrisa de oro
20 de Septiembre de 2017
Malditos sean
30 de Agosto de 2017
Hasta siempre, Maestro