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Miércoles, 20 de Febrero de 2019
Ser o no ser

Este artículo va de algo controvertido. Quiero reflexionar. Quiero que todos reflexionéis conmigo. Como ya sabéis, la actualidad del mundo de los toros pasa estos días por el famoso bombo de San Isidro y los toreros que de momento se han apuntado y los que no se han apuntado. El tema es que a raíz de ello se ha vuelto a avivar de nuevo la llama de la eterna disputa entre los aficionados sobre qué es exactamente lo que conocemos como figura del toreo. Y sobre ello quiero reflexionar en este artículo.

De entrada hay que decir que no existe una única definición de lo que conocemos por figura del toreo. Y no existe por la sencilla razón de que cada aficionado o grupo de aficionados tiene un concepto totalmente opuesto al otro u otros. Me explico. Los aficionados conocidos con el sobrenombre de "los del clavel" te dirán que las figuras del toreo son aquellos toreros que despiertan el interés del público general y que por consiguiente llenan las plazas. Ese grupo de toreros con pedigrí propio que cobran más que los demás y que además torean las ganaderías más comerciales y teóricamente mejores que hay en el campo bravo. En este grupo de aficionados también los hay cuyo criterio se basa únicamente en la belleza física del torero en cuestión. Y es que como diría aquel, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Por otro lado, están aquellos aficionados considerados más duros o exigentes cuyo criterio sobre lo que es una figura del toreo difiere mucho de lo anteriormente relatado. Para éstos, una figura del toreo es ese torero que mata todo tipo de encastes con todo tipo de compañeros y en cualquier plaza sea de la exigencia que sea. Para este tipo de aficionado, el que un torero tenga mayor o menor capacidad de convocatoria y por tanto llene o no las plazas no es un factor relevante, criterio por otra parte absolutamente respetable.

Y ahora vienen las preguntas. ¿Quién es figura del toreo actualmente? ¿Por qué lo es? ¿Qué criterio es el más acertado para decidir si este torero o el otro es figura o no lo es? Evidentemente tú tienes tu propia opinión y yo no estoy aquí para convencerte de nada, faltaría más. Lo cierto es que si nos regimos por el hecho irrefutable de llenar una plaza de toros no me salen más de dos o tres toreros que todos conocemos. Y si nos basamos en aquellos que matan todo tipo de ganaderías me faltan dedos de las manos para enumerarlos. Éstos, sin ninguna discusión, ganarían por goleada a los otros. 

El dilema es más profundo de lo que parece y, en mi opinión, está basado en lo que yo he dado en llamar el mandato de la fama. Nos guste a los aficionados o no, en este espectáculo hoy y siempre ha mandado el público general. Ese que no entiende demasiado de toros y cuyo criterio a la hora de ir a una corrida es la fama del torero o toreros en cuestión. Fama, por otra parte, ganada en algunos casos por cosas o asuntos ajenos al mundo de los toros.

Por tanto, ambos criterios para catalogar a un torero como figura del toreo son igualmente válidos dependiendo del criterio taurino del que lo emita. Para el público general una figura será éste o aquel torero famoso y para el aficionado entendido será ese que ayer mató una de Cuadri en tal plaza y hoy va a matar una de Juan Pedro Domecq en tal otra, por poner dos ejemplos de ganaderías que poco o nada tienen que ver la una con la otra.

Hasta hace veinte años todos los toreros mataban todo tipo de encastes. Eso ahora por desgracia no sucede gracias a la moda de matar sólo tres ganaderías que en su día impuso José Tomás. Lo del bombo de San Isidro ha removido, aunque ligeramente, los cimientos de lo establecido por decreto hasta hace nada. Y si bien es cierto que en esas diez ganaderías que componen el bombo no hay ninguna que se coma a nadie, también es cierto que hay al menos cinco que los principales toreros del escalafón no quieren ver ni en pintura. Algo es algo. De momento Simón Casas ha podido poner la primera piedra de lo que en un futuro puede ser un nuevo y consolidado para todos concepto de figura del toreo. Ahora falta que los que se tienen que dar por aludidos lo hagan y que por fin haya un único, absoluto y verdadero concepto de lo que es una figura del toreo. Ser o no ser. Esa es la cuestión.

Miércoles, 20 de Febrero de 2019
Ser o no ser

Este artículo va de algo controvertido. Quiero reflexionar. Quiero que todos reflexionéis conmigo. Como ya sabéis, la actualidad del mundo de los toros pasa estos días por el famoso bombo de San Isidro y los toreros que de momento se han apuntado y los que no se han apuntado. El tema es que a raíz de ello se ha vuelto a avivar de nuevo la llama de la eterna disputa entre los aficionados sobre qué es exactamente lo que conocemos como figura del toreo. Y sobre ello quiero reflexionar en este artículo.

De entrada hay que decir que no existe una única definición de lo que conocemos por figura del toreo. Y no existe por la sencilla razón de que cada aficionado o grupo de aficionados tiene un concepto totalmente opuesto al otro u otros. Me explico. Los aficionados conocidos con el sobrenombre de "los del clavel" te dirán que las figuras del toreo son aquellos toreros que despiertan el interés del público general y que por consiguiente llenan las plazas. Ese grupo de toreros con pedigrí propio que cobran más que los demás y que además torean las ganaderías más comerciales y teóricamente mejores que hay en el campo bravo. En este grupo de aficionados también los hay cuyo criterio se basa únicamente en la belleza física del torero en cuestión. Y es que como diría aquel, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

Por otro lado, están aquellos aficionados considerados más duros o exigentes cuyo criterio sobre lo que es una figura del toreo difiere mucho de lo anteriormente relatado. Para éstos, una figura del toreo es ese torero que mata todo tipo de encastes con todo tipo de compañeros y en cualquier plaza sea de la exigencia que sea. Para este tipo de aficionado, el que un torero tenga mayor o menor capacidad de convocatoria y por tanto llene o no las plazas no es un factor relevante, criterio por otra parte absolutamente respetable.

Y ahora vienen las preguntas. ¿Quién es figura del toreo actualmente? ¿Por qué lo es? ¿Qué criterio es el más acertado para decidir si este torero o el otro es figura o no lo es? Evidentemente tú tienes tu propia opinión y yo no estoy aquí para convencerte de nada, faltaría más. Lo cierto es que si nos regimos por el hecho irrefutable de llenar una plaza de toros no me salen más de dos o tres toreros que todos conocemos. Y si nos basamos en aquellos que matan todo tipo de ganaderías me faltan dedos de las manos para enumerarlos. Éstos, sin ninguna discusión, ganarían por goleada a los otros. 

El dilema es más profundo de lo que parece y, en mi opinión, está basado en lo que yo he dado en llamar el mandato de la fama. Nos guste a los aficionados o no, en este espectáculo hoy y siempre ha mandado el público general. Ese que no entiende demasiado de toros y cuyo criterio a la hora de ir a una corrida es la fama del torero o toreros en cuestión. Fama, por otra parte, ganada en algunos casos por cosas o asuntos ajenos al mundo de los toros.

Por tanto, ambos criterios para catalogar a un torero como figura del toreo son igualmente válidos dependiendo del criterio taurino del que lo emita. Para el público general una figura será éste o aquel torero famoso y para el aficionado entendido será ese que ayer mató una de Cuadri en tal plaza y hoy va a matar una de Juan Pedro Domecq en tal otra, por poner dos ejemplos de ganaderías que poco o nada tienen que ver la una con la otra.

Hasta hace veinte años todos los toreros mataban todo tipo de encastes. Eso ahora por desgracia no sucede gracias a la moda de matar sólo tres ganaderías que en su día impuso José Tomás. Lo del bombo de San Isidro ha removido, aunque ligeramente, los cimientos de lo establecido por decreto hasta hace nada. Y si bien es cierto que en esas diez ganaderías que componen el bombo no hay ninguna que se coma a nadie, también es cierto que hay al menos cinco que los principales toreros del escalafón no quieren ver ni en pintura. Algo es algo. De momento Simón Casas ha podido poner la primera piedra de lo que en un futuro puede ser un nuevo y consolidado para todos concepto de figura del toreo. Ahora falta que los que se tienen que dar por aludidos lo hagan y que por fin haya un único, absoluto y verdadero concepto de lo que es una figura del toreo. Ser o no ser. Esa es la cuestión.

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