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Sólo sé que no se nada

Tengo la sensación de que cada vez sé menos de todo y, sobre todo, de toros. Y tengo esa sensación porque siento que aparte de que nunca hay una única opinión para explicar las cosas, tampoco se suele respetar las demás opiniones sean acertadas o no. Hoy en día vivimos en la dictadura de la imposición y, por lo tanto, todo el mundo no sólo intenta llevar la razón en todo lo que dice o hace, sino que también se intenta aniquilar de un plumazo y sin argumentos válidos lo que piense el otro porque sencillamente no es lo que piensas tú. Pero vayamos al tema que me ocupa. Vayamos a dudar y a plantearnos unas pocas preguntas. Y es que aquel que no duda no es nadie.

¿Qué es eso que algunos llaman el toro-toro? ¿Es ese animal enorme y mastodóntico que le gusta a ciertos aficionados considerados toristas, o por el contrario es ese animal serio y armónico pero sin estridencias? ¿Qué es un toro bravo? ¿Es ese toro con genio que para algunos no se debe dejar torear fácilmente y debe de ponerlo muy difícil a los toreros o es ese animal con movilidad, raza, recorrido, repetición, duración y que humilla incansablemente hasta el final de su lidia? ¿Qué es el toro serio? ¿Aquel ancho de sienes con los pitones muy grandes y astifinos o ese toro no exagerado de pitones y cornidelantero que asusta con sólo verlo? ¿O quizás ese otro de mirada y expresión agresiva aunque esté mocho de pitones? ¿Acaso sólo mata el toro grande, bravo y astifino? ¿Qué ganadero tiene más mérito? ¿El que lidia doce o quince corridas de toros al año y por estadística tiene más probabilidad de tener triunfos y pegar petardos o el que lidia dos corridas y por lógica tiene menos probabilidades de éxito y fracaso? ¿Acaso a ambos ganaderos no les cuesta dinero y mucho sacrificio criar sus toros? ¿Quién es una figura del toreo? ¿Aquel que llena una plaza de toros a su reclamo, cobra más que los demás toreros y mata las ganaderías más comerciales o de un aparente fácil éxito o ese otro torero que tarde tras tarde se enfrenta a los toros más exigentes y difíciles de la cabaña brava, esos de ganaderías consideradas duras o de encastes minoritarios? ¿Acaso cualquiera de esos dos tipos de toreros no están cosidos a cornadas?

¿Qué toreo es mejor, el de llevar la embestida o el de ponerse bonito y acompañar? ¿Acaso en uno u otro no se arriesga y lo que pasa por allí es tan sólo viento y no un animal que en una décima de segundo puede arrancarte la cabeza de un pitonazo? ¿Quiénes son los mejores empresarios? ¿Aquellos que llevan muchas plazas o los que llevan pocas? ¿Acaso unos y otros no arriesgan su dinero y pierden la mayoría de las veces merced al altísimo coste de producción de un espectáculo taurino? ¿Quién es mejor apoderado? ¿El independiente que lucha con su torero contra viento y marea o el ligado a una o varias casas empresariales? ¿Acaso los unos y los otros no luchan por sus intereses y los de sus representados? ¿A quién hay que considerar mejor aficionado? ¿A aquel que se considera muy exigente y que nunca se contenta con nada de lo que pasa en el ruedo o a aquel que tiene sentido común, sabe ver el toro y valora siempre al torero en función del toro que tiene delante? ¿Por qué el criterio de un aficionado supuestamente entendido tiene que ser más importante que el de un espectador que sabe lo justo de toros pero que al igual que el otro ha pagado su entrada y tiene derecho a opinar desde el respeto lo que le dé la gana? ¿Quién es mejor que quién en este lío? ¿Quién lleva siempre la razón? ¿Quién o quienes se han parado alguna vez a preguntarse todas estas cosas de las que la mayoría no tienen una única y verdadera respuesta?

Cada día dudo más de todo en este mundo del toro. Cada día me pregunto más cosas y no soy capaz de responder ni a la mitad de todas las dudas que me acechan. Y es que nunca hay una única respuesta a cualquier pregunta y, por tanto, nunca hay una única opinión válida y verdadera en cualquier aspecto de la vida y mucho menos en este mundo tan a veces confuso y hostil como es el de la Tauromaquia. Y es que de lo único que no dudo es de que dudo y lo único que sé es que no se nada. Y por el momento no veo atisbos de mejora

Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
Sólo sé que no se nada

Tengo la sensación de que cada vez sé menos de todo y, sobre todo, de toros. Y tengo esa sensación porque siento que aparte de que nunca hay una única opinión para explicar las cosas, tampoco se suele respetar las demás opiniones sean acertadas o no. Hoy en día vivimos en la dictadura de la imposición y, por lo tanto, todo el mundo no sólo intenta llevar la razón en todo lo que dice o hace, sino que también se intenta aniquilar de un plumazo y sin argumentos válidos lo que piense el otro porque sencillamente no es lo que piensas tú. Pero vayamos al tema que me ocupa. Vayamos a dudar y a plantearnos unas pocas preguntas. Y es que aquel que no duda no es nadie.

¿Qué es eso que algunos llaman el toro-toro? ¿Es ese animal enorme y mastodóntico que le gusta a ciertos aficionados considerados toristas, o por el contrario es ese animal serio y armónico pero sin estridencias? ¿Qué es un toro bravo? ¿Es ese toro con genio que para algunos no se debe dejar torear fácilmente y debe de ponerlo muy difícil a los toreros o es ese animal con movilidad, raza, recorrido, repetición, duración y que humilla incansablemente hasta el final de su lidia? ¿Qué es el toro serio? ¿Aquel ancho de sienes con los pitones muy grandes y astifinos o ese toro no exagerado de pitones y cornidelantero que asusta con sólo verlo? ¿O quizás ese otro de mirada y expresión agresiva aunque esté mocho de pitones? ¿Acaso sólo mata el toro grande, bravo y astifino? ¿Qué ganadero tiene más mérito? ¿El que lidia doce o quince corridas de toros al año y por estadística tiene más probabilidad de tener triunfos y pegar petardos o el que lidia dos corridas y por lógica tiene menos probabilidades de éxito y fracaso? ¿Acaso a ambos ganaderos no les cuesta dinero y mucho sacrificio criar sus toros? ¿Quién es una figura del toreo? ¿Aquel que llena una plaza de toros a su reclamo, cobra más que los demás toreros y mata las ganaderías más comerciales o de un aparente fácil éxito o ese otro torero que tarde tras tarde se enfrenta a los toros más exigentes y difíciles de la cabaña brava, esos de ganaderías consideradas duras o de encastes minoritarios? ¿Acaso cualquiera de esos dos tipos de toreros no están cosidos a cornadas?

¿Qué toreo es mejor, el de llevar la embestida o el de ponerse bonito y acompañar? ¿Acaso en uno u otro no se arriesga y lo que pasa por allí es tan sólo viento y no un animal que en una décima de segundo puede arrancarte la cabeza de un pitonazo? ¿Quiénes son los mejores empresarios? ¿Aquellos que llevan muchas plazas o los que llevan pocas? ¿Acaso unos y otros no arriesgan su dinero y pierden la mayoría de las veces merced al altísimo coste de producción de un espectáculo taurino? ¿Quién es mejor apoderado? ¿El independiente que lucha con su torero contra viento y marea o el ligado a una o varias casas empresariales? ¿Acaso los unos y los otros no luchan por sus intereses y los de sus representados? ¿A quién hay que considerar mejor aficionado? ¿A aquel que se considera muy exigente y que nunca se contenta con nada de lo que pasa en el ruedo o a aquel que tiene sentido común, sabe ver el toro y valora siempre al torero en función del toro que tiene delante? ¿Por qué el criterio de un aficionado supuestamente entendido tiene que ser más importante que el de un espectador que sabe lo justo de toros pero que al igual que el otro ha pagado su entrada y tiene derecho a opinar desde el respeto lo que le dé la gana? ¿Quién es mejor que quién en este lío? ¿Quién lleva siempre la razón? ¿Quién o quienes se han parado alguna vez a preguntarse todas estas cosas de las que la mayoría no tienen una única y verdadera respuesta?

Cada día dudo más de todo en este mundo del toro. Cada día me pregunto más cosas y no soy capaz de responder ni a la mitad de todas las dudas que me acechan. Y es que nunca hay una única respuesta a cualquier pregunta y, por tanto, nunca hay una única opinión válida y verdadera en cualquier aspecto de la vida y mucho menos en este mundo tan a veces confuso y hostil como es el de la Tauromaquia. Y es que de lo único que no dudo es de que dudo y lo único que sé es que no se nada. Y por el momento no veo atisbos de mejora

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