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Miércoles, 02 de Agosto de 2017
Y la verdad te hizo grande

Esa bendita pureza, Paco. Esa maldita pureza, Paco. Dentro y fuera de los ruedos. Esa pureza que hace daño a la vista. Esa pureza que hace daño a las almas de los impuros. Esa pureza que te hace pelearte en los despachos y manchar el hule más tardes de lo normal. Esa bendita y maldita pureza. Lo ocurrido en esta pasada Feria de Julio de Valencia ha sido el colmo, Paco. El colmo de la verdad de un torero. El colmo de la entrega de un hombre. Un hombre sin ataduras. Sin tapujos. Desnudo ante el toreo y ante la vida, a pesar de que esa actitud sea un imán para que todo cueste más. Para que la vida le maltrate a uno más.

Lo he dicho muchas veces: toreas como eres, Paco. Y eres muy grande. Muy de verdad. Como esas manos que tienes forjadas en la huerta murciana. Sacrificado. Despojado de lo material para darle tu vida al toro. Para poner tu cuerpo a disposición de una emoción. Para hacernos sentir la verdad dura e irrefutable de lo que ocurre en la arena cada vez que un torero se viste de luces. Y eso es grandioso, Paco. Grandioso.

Tardará pero llegará. No tengo dudas. Y no las tengo porque ese camino que llevas sólo puede llegar a un destino: el del éxito y el reconocimiento. El de los dineros y las fincas. El de las reverencias de los más incrédulos. El de las miradas ilusionadas de los chavales que empiezan porque son conscientes de que tienen delante a un auténtico héroe. Y eso, Paco, ha ocurrido siempre con los grandes toreros. Con los grandes de verdad.

En este mundo hipócrita y falto de valores hacen falta muchos Paco Ureña. Y faltan para marcar el camino de cómo se debe andar por la vida. De cómo debe afrontar cada persona el sacrificio por alcanzar aquello que sueña. De cómo se debe sentir a pesar de que de vez en cuando algún indeseable te parta la cara. Pero esos, Paco, son sólo eso: indeseables.

Llegará Paco. Llegará. Y hasta los más incrédulos plegarán bártulos y prejuicios y presenciarán lo verdaderamente auténtico sin la venda de mezquindad que les impide ver la realidad. Sólo te pido que no te canses de sentir como sientes. De torear como toreas, a pesar de los golpes y las cornadas. A pesar de las zancadillas de los impuros. Qué más da que a punta de pistola te robaran la segunda oreja. Qué más da tres, una o diez costillas rotas. La verdad es el único camino posible en esta vida. La verdad es el único camino correcto. Y la verdad es lo que ya te ha hecho grande, Paco. Muy grande.

Miércoles, 02 de Agosto de 2017
Y la verdad te hizo grande

Esa bendita pureza, Paco. Esa maldita pureza, Paco. Dentro y fuera de los ruedos. Esa pureza que hace daño a la vista. Esa pureza que hace daño a las almas de los impuros. Esa pureza que te hace pelearte en los despachos y manchar el hule más tardes de lo normal. Esa bendita y maldita pureza. Lo ocurrido en esta pasada Feria de Julio de Valencia ha sido el colmo, Paco. El colmo de la verdad de un torero. El colmo de la entrega de un hombre. Un hombre sin ataduras. Sin tapujos. Desnudo ante el toreo y ante la vida, a pesar de que esa actitud sea un imán para que todo cueste más. Para que la vida le maltrate a uno más.

Lo he dicho muchas veces: toreas como eres, Paco. Y eres muy grande. Muy de verdad. Como esas manos que tienes forjadas en la huerta murciana. Sacrificado. Despojado de lo material para darle tu vida al toro. Para poner tu cuerpo a disposición de una emoción. Para hacernos sentir la verdad dura e irrefutable de lo que ocurre en la arena cada vez que un torero se viste de luces. Y eso es grandioso, Paco. Grandioso.

Tardará pero llegará. No tengo dudas. Y no las tengo porque ese camino que llevas sólo puede llegar a un destino: el del éxito y el reconocimiento. El de los dineros y las fincas. El de las reverencias de los más incrédulos. El de las miradas ilusionadas de los chavales que empiezan porque son conscientes de que tienen delante a un auténtico héroe. Y eso, Paco, ha ocurrido siempre con los grandes toreros. Con los grandes de verdad.

En este mundo hipócrita y falto de valores hacen falta muchos Paco Ureña. Y faltan para marcar el camino de cómo se debe andar por la vida. De cómo debe afrontar cada persona el sacrificio por alcanzar aquello que sueña. De cómo se debe sentir a pesar de que de vez en cuando algún indeseable te parta la cara. Pero esos, Paco, son sólo eso: indeseables.

Llegará Paco. Llegará. Y hasta los más incrédulos plegarán bártulos y prejuicios y presenciarán lo verdaderamente auténtico sin la venda de mezquindad que les impide ver la realidad. Sólo te pido que no te canses de sentir como sientes. De torear como toreas, a pesar de los golpes y las cornadas. A pesar de las zancadillas de los impuros. Qué más da que a punta de pistola te robaran la segunda oreja. Qué más da tres, una o diez costillas rotas. La verdad es el único camino posible en esta vida. La verdad es el único camino correcto. Y la verdad es lo que ya te ha hecho grande, Paco. Muy grande.

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