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«Antepuse el toreo a todo y ahora recojo la recompensa»

«Antepuse el toreo a todo y ahora recojo la recompensa»

El sonido del mar. Ese estado natural que pervierte el sentido de la relajación o el desahogo cuando el intelecto se concentra. Necesidad vital, quizás. Eso nunca sonó a capricho. Las playas de Sanlúcar fueron testigos durante años de tantas convocatorias de exámenes de conciencia en los que sin pupitre ni lápices de madera, Emilio de Justo analizaba el sentido de su carrera profesional. Francia no entendía ese retiro y quiso ser alma máter de su regreso a los carteles a lo largo de estos once años de alternativa, dándole el sitio que en España se le negó en muchas ferias y al que nunca renunciaría rindiéndose, sino valorando a su profesión como si del oro se tratara, a base de trabajo, del sacrificio del banquillo y de un capitolio repleto de afición. Tanto es así, que los resultados y las noticias que venían del país galo no hacían por más que traer buenas nuevas de este extraordinario torero que aromatiza Extremadura. Para su suerte y la de todos los aficionados, su irrupción en el circuito español de las ferias en los últimos dos años, es ya una realidad. Realidad ganada a golpe de triunfo y de tardes, donde ha demostrado una capacidad plena para entenderse con el encaste del toro que tiene delante, sumándole a todo ello un concepto puro y dominador que embelesa al arte en superlativo.
Darío Juárez

- Después de llegar donde debía haber estado hace mucho tiempo, ¿qué se ve por el retrovisor?

- Se ve un pasado duro y difícil, pero me gusta mirar su parte bonita y romántica, por haber sabido sobreponerme a tantísimas dificultades, sinsabores y golpes en mi profesión. Por eso, ahora se ve por el retrovisor el orgullo de, poquito a poco, haber sido capaz de confiar en mí cuando nadie lo hacía, dar pasos importantes como torero y sentirme respetado.

- La afición es consciente de que llevar la vitola de torero revelación entrelazada a su concepto no es ninguna casualidad. Sí, quizás sea incomprensible tras once años de alternativa. Pero, ¿estaba convencido de que llegaría a tiempo para subirse al tren?

- Yo la fe nunca la he perdido. Siempre la he tenido por las nubes, pero sí es cierto que los once años de matador de toros que llevo actualmente pesan mucho. Creo que para aguantar esto debes de tener vocación, una afición desmedida y, sobre todo, amar el toreo por encima de todas las cosas. Muchas veces por encima incluso de tu familia, de los tuyos o de la vida en sí. En mi caso es así. He antepuesto el toreo a todo y ahora mismo estoy recogiendo esa recompensa tan bonita.

- El ostracismo y el olvido son palabras que ahora, por suerte, ya ve a lo lejos. ¿Cuesta mucho desquitarse de ellas?

- Bueno… Sí que es cierto que las cosas han cambiado para bien y, gracias a Dios, ahora recolecto esa recompensa que te decía a tantísimos años de lucha y dureza, donde uno se da cuenta de lo bonito que es el toreo, y lo justo o lo compensado que me siento por todo ese sacrificio. En cualquier caso, no me olvido de dónde vengo, no me olvido de lo que he pasado y ahora me toca estar responsabilizado para no caer en ese sitio de nuevo, para pensar en positivo y poder alcanzar la gloria del toreo.

- La Feria de Invierno de Vistalegre supuso un antes y un después por las sensaciones que allí se vivieron. Madrid le esperaba como agua de mayo, ya que rayar a gran altura con el encierro de Victorino supuso entrar ocho años después en San Isidro. Además de su extraordinaria carta de recomendación de Francia, ¿era consciente de que esa tarde en Carabanchel podría ser la llave que abría el camino a Las Ventas?

- Sabía que era una tarde muy importante. Venía de Francia, el país que me ha rescatado como torero, y necesitaba un golpe fuerte como torero en España. Qué mejor sitio que la plaza de Vistalegre, en el mes de febrero y con una corrida de Victorino. Eran los mejores alicientes para reivindicarme. Gracias a Dios pude dar una tarde de toros muy importante, en la cual di una dimensión buena –sobre todo con el primer toro–, sirviéndome tanto para afianzar mi presencia posteriormente en San Isidro.

- Entiendo que lo bonito de conseguirlo es la satisfacción plena que dan tantas tardes donde el toreo se paladea y se convierte en música, como aquellas otras en las que se deben de abrir claros entre nubarrones de dificultad. ¿Qué se aprende de cada una?

- Puff… Bueno, de cada una se aprenden cosas nuevas cada tarde. El toreo tiene cosas mágicas y maravillosas pero también tiene la cara dura. Creo que un torero tiene que ser capaz de saber asimilar todo, lo bueno y lo malo. Un compendio de todo ello donde se te junte lo bonito y lo difícil. Cuando salen esas tardes dulces, uno se da cuenta de la dureza de esta profesión en otras tardes más complicadas.

- Mont de Marsan, Madrid, Pamplona, Burgos, Valladolid… En menos de un año ha entrado de lleno en las aficiones de estas plazas y de tantas otras. ¿Qué afición le quita el sueño queriéndola conquistar sin haberlo hecho todavía?

- La más importante es Madrid. Creo que todos los toreros, desde niño, tenemos la ilusión de triunfar en ella porque es la plaza más importante y la más exigente, por eso mi meta y mi motivación giran en torno a Madrid. Sí es cierto que he triunfado en plazas de mucha categoría como las que has nombrado o en Dax y en Nimes más recientemente, donde creo que he vivido una de las tardes más importantes de la temporada con la corrida de Victorino. Por lo tanto, creo que está siendo una temporada muy completa, llena de sensaciones muy bonitas, pero en todo momento sabiendo controlar la cabeza y lo que uno hace, sin olvidar de donde se viene para seguir creciendo como torero.

- Lo mejor de sus obras es que la mayoría llevan el sello De Justo, que no es otro que la perfecta ejecución de la suerte suprema. Qué manera de matar los toros…

- Cuando los mato bien, creo que las estocadas son entregadas y con la mayor verdad posible. Pero también tengo mis momentos en los cuales me ataco un poquito y echo sobre mí demasiada presión a veces, que hace que no los mate. Por lo tanto, creo que tengo capacidad para hacerlo y uno de mis objetivos es lograr esa regularidad con la espada.

- A pocos días de que arranque la Feria de Otoño, donde matará el encierro del Puerto de San Lorenzo con dos jóvenes promesas como Román y Ginés Marín, ¿qué le dice esa tarde?

- Para mí es una recompensa a mi esfuerzo, a mi lucha, a la temporada tan importante y tan bonita que vengo haciendo, y estar anunciado en la Feria de Otoño de Madrid me responsabiliza muchísimo, me quita el sueño, me ilusiona a la vez y me motiva estar a la altura de una tarde que para mí es el remate en principio de mi temporada, y me haría mucha ilusión ponerla el broche de oro con un triunfo que me dejaría sin palabras.

- Siempre unido al hierro de Victorino, no podía faltar tampoco a Corella un día antes de esta cita. ¿Qué supone para usted esta tarde previa a Madrid?

- Me hace mucha ilusión estar anunciado en Corella y más con el hierro de Victorino Martín. Hablamos de una zona con muy buenos aficionados y el estar acartelado con esta ganadería siempre es un acontecimiento para un torero, sea donde sea. Creo que antes de Madrid es la prueba que voy a intentar pasar con la máxima profesionalidad y responsabilidad posible, pero sí es cierto que Madrid le quita el sueño a cualquiera. Pese a todo, estar en Corella es muy bonito y muy ilusionante para mí.

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