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«El compromiso máximo con la profesión es mi propósito»

«El compromiso máximo con la profesión es mi propósito»

Dicen por La Mancha, que hace más el que quiere que el que puede y que la ingratitud es la hija de la soberbia. En Albacete existe un torero que nunca ha dejado de querer, pero tampoco albergó jamás ninguna de esas dos características en su persona, sino todo lo contrario. Un matador hecho a sí mismo a base de incansable trabajo a partir del sacrificio de sus profesiones: a día de hoy, Sergio Serrano, además de torero es comercial. La dureza del toro le ha obligado a tomar otras vías para vivir. En diez años de alternativa, el número de corridas no supera la treintena. Pese a todo, Sergio es feliz y encuentra en el toro ese oxígeno necesario que hace que nunca se apague la llama de esa vigilia que ya espera la próxima tarde para vestirse de luces. Su último gran compromiso sucedió en Madrid hace escasos días y el resultado tan positivo ha hecho que su nombre vuelva a sonar entre los aficionados.
Darío Juárez

- La 'confirmación' de su momento en Albacete con la corrida de Torrestrella y el gran paso por Madrid, ¿ha hecho vislumbrar un camino más abierto en su carrera, que el que veía o imaginaba desde hace tiempo?

- Siempre lo he visto y lo he imaginado, si no, no hubiera aguantado tantos años creyendo en mí pese a lo poco que toreaba. Al final lo visualizas. Lo que sí es verdad es que no sabes cuándo va a llegar. Y bueno, ahora se hace más latente que se va a abrir un poco más la puerta  y va a depender más de mí que lo que dependía antes.

- ¿Cómo describiría la faena a Palmito a partir de sus sensaciones delante de la cara de ese encastado, fiero y peligroso toro de Saltillo?

- Fue una tarde difícil por la particularidad de mis dos toros. Palmito, como dices, fue un toro que sembró la incertidumbre en los primeros tercios con la cogida a mi banderillero Caco y, bueno, sí que era consciente de que por el pitón izquierdo no iba a tener quizá lidia. Y por el derecho lo tuve claro: preferí que no me esperasen y ‘pronto y en la mano’, que es lo que yo creo que metió a Madrid en la faena. Aposté con la mano derecha y el toro respondió en esas primeras tandas en las que Madrid se entregó y yo estaba entregado con el toro. Al final eché la moneda al aire y resultó cara. Pero bueno, en cuanto a las sensaciones me vi muy metido, porque sí que estaba disfrutando de lo que estaba pasando fuera, pero no era muy consciente tampoco. Recuerdo que hubo un par de muletazos que aquello rugió, pero el toro me tenía tan metido en lo que me estaba pidiendo y en lo que me exigía que no era del todo consciente de lo que estaba pasando en el exterior. De hecho, cuando fui a coger la espada, Alfonso Romero padre me dijo: «Te van a pedir la vuelta al ruedo» y le dije: «¡Anda...! es imposible con este toro». Y me replicó: «ya verás».

- ¿Qué es lo más importante que ha aprendido en estos 10 años de alternativa?

- Muchas cosas. Creo que la más importante es el vivir para ti, para tus sensaciones, para tu felicidad. Cuando te buscas interiormente y entiendes el toreo como lo practicas, como una religión –porque al final el toreo es una religión–, aprendes que puedes estar más arriba o puedes estar más abajo. Pero tus sensaciones delante de la cara del toro, aunque esta profesión esté llena de sinsabores, muchas veces hace que te sientas recompensado. Cuando encuentras esa felicidad frente al toro y ese crecimiento interior, con los años creo que aflora la madurez de tu tauromaquia.

- ¿Se considera un torero de metas o de momentos?

- Creo que ha llegado mi momento. Un momento en el que me he posicionado; pero tu meta es una y tienes que ir cumpliendo objetivos. El mío estos días era tirar la moneda al aire: ir a Madrid y que no pasara nada hubiera hecho no saber cuándo volvería. Sin embargo, tienes una meta que es conseguir tus propósitos. El mío es el compromiso máximo con mi profesión y llegar lo más alto posible. He tardado diez años en posicionarme, creo que ahora he encontrado mi sitio y debo de seguir cumpliendo esos objetivos.

- ¿Qué es lo que más valora de su profesión?

- Lo que más valoro son los valores, valga la redundancia. Además de lo que te enseña. Al final, la vida es una pelea continua y, sobre todo, el sacrificio, la constancia, el no aburrirte, el tener una disciplina... Bueno, al final todo eso tiene premio. Yo creo que el primer paso es saber esperar a que todo llegue, y lo he hecho bien. Ahora hay que seguir siendo capaz, porque la dureza de los años en el ostracismo la he aguantado, pero ahora toca otro tipo de dureza que es la de seguir caminando y perdurar en el tiempo.

- ¿Le han puesto piedras en el camino?

- Sí, claro. Al final tienes piedras, pero no porque te las hayan puesto, es que surgen. Yo no puedo decir que nadie me haya querido quitar de en medio; al fin y al cabo el que se quita es uno. Evidentemente, hay veces que llamas a muchas puertas y no se abren. O tocas la ventana de apoderados o ayuntamientos y te encuentras respuestas realmente desagradables. Más que nada porque vas creyendo en ti y te encuentras las puertas cerradas. Eso es muy duro. Pero no lo considero una piedra, simplemente que en tu camino para poder abrirte paso tienes que superar ciertos obstáculos.

- ¿Cómo describiría la evolución de su tauromaquia durante esta década?

- Puf… Pregunta difícil la que me haces... No lo sé. No lo sé porque creo que todavía estoy en crecimiento. Y te diría que ahora es cuando voy a empezar a crecer como torero cuando tenga la posibilidad de torear algo más. Ten por cuenta que en diez años de matador he toreado 24 o 25 corridas de toros y uno para evolucionar necesita torear. Intento depurar mi tauromaquia con pureza y ser cada día mejor profesional, pero eso se consigue cuando se torea mucho y se crece como torero. Creo que ahora es cuando voy a poder enseñar mi tauromaquia.

- Al mundo del toro actual, ¿le ve más pros o más contras?

- Joder, puf. Pues mira, esto es como cuando ves el vaso medio vacío o medio lleno, depende del momento en el que te hagan esta pregunta. Evidentemente, tiene muchos contras por el momento que vivimos en la sociedad. Al final, no hay más verdad que la Fiesta es un fiel reflejo de la sociedad. Pero también tiene muchos pros. Esos valores son los que siguen manteniendo la tauromaquia. Si no tuviera esa fuerza, da por hecho que la tauromaquia hace tiempo que se hubiera extinguido. Por tanto, creo que la tauromaquia debe estar en continua evolución pero sin perder las bases, que es el premio a que una persona se juegue la vida en medio de tiempos convulsos y carentes de valores en nuestra sociedad.

- ¿Madrid ha llamado ya para contar con usted la temporada que viene?

- El día del desafío ganadero ya nos dijeron que volveríamos, y eso es muy bonito. No sé cuándo, pero lo que me da tranquilidad es que sé que voy a volver y tengo la sensación de que Madrid quiera volver a verme. Cuando proyectas en el aficionado tus sueños y haces que salgan con esa naturalidad es muy bonito.

- Después de todos estos años, saber que ahora la llama de Madrid está latente y le espera, debe de ser como una puerta grande...

- Bueno, mejor dicho, una puerta abierta. La puerta grande es lo que hay que buscar para seguir teniendo continuidad. El otro día llegué con la mentalidad de abrirla. Es un triunfo dejarse una puerta abierta en la primera plaza del mundo. Un torero desaparecido, al que solo se le ve en Albacete año tras año, y que le den la oportunidad de ir a Madrid y vuelva a saltar su nombre, para mí es un triunfo.

- Si le preguntan a Sergio Serrano por su futuro diría...

- Que es muy complejo y convulso, sobre todo en estos tiempos. No sé lo que pasará en unos años. Afortunadamente, tengo otro trabajo para ganar el pan de cada día y llevar un sueldo a casa. Y gracias a Dios y a la solidaridad de mi hermano, que es de él la empresa, lo puedo compaginar con el toreo. Ojalá que pueda abrirme camino y crearme un nombre entre los aficionados. Poder escribir mi pequeña historia dentro de este mundo tan bonito, tan amplio y tan grandioso como es el toreo.

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