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«Hoy la capacidad de un torero parece dar lo mismo»

«Hoy la capacidad de un torero parece dar lo mismo»

Dicen que hace siglos que los albatros dejaron de volar por San Martín de Valdeiglesias. Las tierras húmedas de los pantanos hicieron habitar a estas aves en las líneas imaginarias que hacen de linde y entrelazan las provincias de Madrid y Ávila, antes de buscar su sino en arenas de costa y marismas. Allí reside un halcón de plata sedentario: David Adalid. Un torero hecho así mismo, forjado en la esencia añeja de esta eucaristía. Toda una vida ligada al toro. A los 12 años ya mataba becerras y, a día de hoy, sigue allanando un camino con más rosas que espinas, por todo lo conseguido. Que es mucho. Sin embargo, esta temporada que acaba de concluir ha sido una de las más duras de su carrera. Apenas ha toreado, pero lo que más le ha dolido ha sido no hacerlo en aquellas plazas donde el pasado año acaparó todos lo premios de sus ferias; destapando así la realidad de que en estos tiempos se ha dejado de premiar la capacidad de los toreros.
Darío Juárez

- ¿Cuál es la razón, si la hay, para que se esté dejando a un lado a un torero de su talla?

- La verdad es que no lo sé. Sí es cierto que ha habido una reducción de festejos. ¿Qué es lo que pasa? Que cada año somos más banderilleros. Desde niño aprendí que esta era la profesión más dura, pero si eras capaz... a funcionar. Y la capacidad siempre se ha dicho que ha tenido premio, sin embargo, ahora, da lo mismo. No te hablo sólo de subalternos, sino de matadores y toreros que han triunfado en Sevilla o Madrid y les cuesta un mundo torear. Antes triunfabas en estas plazas y te ponían en las ferias, los dineros te los respetaban y, ahora, lo que veo es que la capacidad es prácticamente indiferente. En mi caso, tengo todos los premios importantes de las ferias de España y Francia, y te da rabia que tu esfuerzo no se vea premiada. Al fin y al cabo, llegas a la cama todas las noches, te desnudas, te miras las piernas y te ves cosido porque te has expuesto y piensas: ¿esta es la recompensa?

- Desde el año mágico de 2013, las temporadas han ido transcurriendo en altibajos de escasa regularidad con su efímera participación en las ferias. ¿Se ha sentido abandonado, en cierto modo, por algunos estamentos de su profesión?

- Profesionalmente no. Yo me he hecho respetar y es cierto que en matadores, empresarios, ganaderos y demás compañeros sí que encuentro y percibo ese respeto. Esto ha evolucionado y quizá yo haya tenido otros valores y otras formas que a día de hoy no se dan en el toreo. Quedarse anclado y no saberse acoplar a los nuevos tiempos es posible que haya sido, en parte, lo que ha ocurrido en mi caso. El tema económico también ha influido mucho, pero siempre he dicho que cuando cuento las cosas, no cuento la verdad del toreo: cuento mi verdad como yo lo siento y mi forma de vivir esta profesión. Sólo pido que, cuando me vista de torero, se me respete como torero y como persona.

- El bagaje que le contempla está al alcance de muy pocos. De hecho, a su carrera sólo le falta que la banda de Madrid le hubiera tocado la música

- [Risas] Sí, y además lo he dicho siempre que mi sueño sería oír la música en Las Ventas tras un tercio de banderillas. Creo que es un meta que la ves imposible pero te hace verdadera ilusión que se pudiera dar. Seguramente no pase, pero esa ilusión es el querer seguir creciendo, no conformarte con lo ya conseguido, sino querer ir superándote más y más, y poder irlo sacando en cada tarde en la que haces el paseíllo.

- Con su caso encima del tapete, se convierte en falacia eso de que las figuras siempre han llevado a los mejores subalternos...

- Bueno, eso siempre ha ocurrido pero ahora parece ser que esa "ley" se ha venido abajo. Pero no sólo en mi caso. Abriendo la vista más allá, nos encontramos con grandiosos toreros de la talla de Juan José Trujillo o Iván García por ejemplo, que sí, van toreando, pero creo que deberían ir fijos con una figura del toreo. Y no es así. Entonces, creo que se ha subestimado la capacidad de los grandes toreros de plata, en comparación a épocas pasadas en que no había figura que no tuviera entre sus filas a los mejores toreros tanto a pie como a caballo.

- En esta profesión, ¿Quién recompensa más lo conseguido? ¿El toro, la afición o los compañeros?

- Principalmente el toro. Él es el que te da o te quita pese a que luego las circunstancias externas sean otras y puedan influir en tu profesión. Yo me llevé todos los premios de San Isidro de la pasada temporada y te sientes impotente de no haber hecho un paseíllo en las 34 tardes de este año. Los compañeros, por supuesto. Ante todo son toreros como tú, que se juegan la vida y saben agradecerte y premiarte con su apoyo muchas tardes y, sobre todo, en los momentos más difíciles. Evidentemente, qué duda cabe de que sin la afición ésto no tendría sentido. Ellos mantienen el toreo y nos debemos a ellos.

- Por suerte, la historia es la memoria más valiosa que existe porque nunca se borra y lo que usted ha conseguido es ya parte primorosa de ella. ¿Es consciente de lo chocante de su caso cuando estamos hablando de un torero que sigue en activo?

- Lo soy, porque no sólo lo veo inentendible en mí, sino en muchos de mis compañeros, como te decía. Cuando peleas y luchas día a día, cuando demuestras tu capacidad y tu entrega, y todo ello no se ve recompensado, te choca mucho porque el fruto de tu trabajo parece quedar a un lado. Luego llego a la Escuela y se me pasa. Los chavales hacen que un día malo se vuelva de colores, porque te das cuenta que ellos te pueden aportar más de que lo que tú mismo puedes aportarles a ellos.

- Ahora, la mayoría de su labor la dedica a impartir clases en la Escuela Taurina de Navas del Rey. El toro siempre ha sido el toro, pero ahora, debe de ser muy difícil transmitir a los alumnos la dureza de la profesión desde el minuto uno, en los tiempos que corren.

- Totalmente. Intento transmitir esos valores y ese arraigo de las formas añejas que a mí me formaron. Antes de hacer un torero, para mí es importante hacer una persona. Tenemos niños desde los 6 a los 17 años, los cuales están en plena juventud pero no dejas de inculcarles el que entiendan la dureza de esta profesión. Ahora, ya no sólo con la capacidad se funciona; hay que tener muchos más requisitos. Por tanto, para mí es importante no hacer parásitos para la sociedad. Sé que la mayoría no funcionarán, pero es una pena que chiquillos con 25 o 26 años tiren por la vida fácil y utilicen el trapicheo para funcionar. Eso es lo que no queremos. Nuestro deseo es formar personas y toreros. Si tienen que tomar otros caminos, que sean por la vía de la honradez y sabiendo lo que cuesta esto. Porque sí que es cierto que les exigimos mucho y la recompensa es mínima, pero es lo que se van a encontrar muchos de ellos en la vida; funcionen en el toreo o no.

- ¿De qué más se enorgullece y de qué se arrepiente en su profesión?

- De los valores que aprendí y que ahora intento transmitir a los alumnos. Creo que son las bases para funcionar en el toreo, además de la capacidad personal de cada uno, y debes saber encontralos interiormente para sentirte torero cada vez que haces un paseíllo. Me arrepiento de poco, la verdad. Sí es cierto que quizá y por circunstancias muchas veces no se está a la altura o al nivel que uno desea mostrar, pero todo lo que hago lo intento hacer con honradez, torería y saliendo todas las tardes y en cualquier circunstancia a triunfar o morir.

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