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«La afición es la que perdura, te cura y se debe cuidar»

«La afición es la que perdura, te cura y se debe cuidar»

Qué dulzor tiene la hiel del pobre. Cuántas noches la duermevela acunó la gloria del mañana. El escarnio de los miedos que agoniza en un inocente vientre, vertiendo al son de suspiros una previa de hotel y canesú con aroma a café con leche. Pasillos que se convierten en calles sin tránsito para relajar la tensión contenida que despide una previa de una tarde de toros. La chaquetilla en la silla, el sudor en la frente, la persiana que priva la violencia térmica de un sol que ajusticia los veranos de punta a punta de la península. Y así durante diecinueve temporadas como matador. La madurez fraccionada entre el triunfo y los momentos difíciles donde parecía todo oscuridad. Las cuatro del Príncipe en su Sevilla, Bilbao 2007 y Victorino, las dos puertas grandes de Madrid y otro repóker que la malparida espada no descerrajó como en alguna otra plaza de suprema categoría, siendo todos esos momentos los retales de una vida que vistieron con el paso de los años a una tauromaquia técnica soberbia. Faenas de retina incombustible, de memoria eterna y pulso adormecido. Apuntes de oro en la historia del toro que hoy laten al compás de palmas de agradecimiento y respeto hacia un torero único, sin parangón con ningún otro por su genio, dejando como legado entre los aficionados cinco palabras que conformaron en su día una frase que alimentaba un rastro de olor y de recuerdos imborrables que a la vez carecen de debate: “La mano izquierda del Cid”. En apenas unas semanas, su última temporada arrancará en La Chata de Carabanchel como protagonista junto a Emilio de Justo de la Feria de Invierno. La afición de Madrid ya espera y Manuel es consciente de ello.
Darío Juárez

¿Qué le pasa a un torero por su cabeza antes de empezar su última temporada, tras diecinueve años como matador?

Muchísimas cosas, la mayoría de ellas muy bonitas. Se me pasan por la mente muchos sueños cumplidos, mis comienzos en Madrid de novillero; se me pasa por la mente mi padre que disfrutó muchísimo en mis principios como matador de toros. En definitiva, una vida entera dedicado a lo que quiero y a lo que amo, que es al toro y a la tauromaquia. Cuando tú te entregas es una profesión muy adictiva, ya que vives momentos que te hacen disfrutar una enormidad. Ser torero no es una profesión al uso, es muy distinta a cualquier otra. Es un mundo que te tiene que gustar aunque haya injusticias. Después el toro pondrá a cada uno en su lugar.

En su esportón se lleva consigo el haber triunfado en casi todas las ferias pero por encima de todo el reconocimiento de la afición. ¿Cabe un triunfo mayor? ¿Le queda algo por alcanzar que quisiera lograrlo esta temporada?

Creo que estamos supeditados a cortar orejas y a cortar orejas, y no es así, se lo puedes preguntar a cualquier otro torero. Muchas veces cortas dos y te vas vacío, y otras en las que no cortas ninguna y por dentro te vas satisfecho por la dimensión que has dado. Y en relación a la segunda cuestión, creo que he llegado a conseguir todo o casi todo lo que me he propuesto en mi vida, pero sí es verdad que pretendo este año es disfrutar y con la tranquilidad de irme con la sensación de que la gente vea al torero que siempre han tenido en la retina. Ese toreo poderoso, hondo, largo y estamos preparándonos para ello.

El Cid es un torero que ha aparecido en varias ocasiones cerca de Madrid en el inicio de temporada en ferias como Valdemorillo, por ejemplo. ¿Qué significa para usted empezar la última temporada de su carrera en la capital?

Hombre, fíjate, empezar en Madrid es una señal del compromiso que tengo esta temporada, que es total y absoluto en las plazas más importantes y de máxima categoría. Y empezar en Vistalegre en la primera feria importante del año para mí es un orgullo. La verdad es que tengo una ilusión enorme por esta corrida.

De eso le hablo. Desafío ganadero en mano a mano con Emilio de Justo, otro torero del gusto de Madrid. ¿Qué sensaciones le llegan ya de esa tarde?

Creo que es un cartel muy atractivo para la afición de Madrid. Bueno, y para la afición en general del toro porque va a venir gente de muchos sitios. A eso se suma el añadido de estar junto con Emilio, que es un torero que va a ser figura de aquí a nada, con unas cualidades tremendas y creo que se merece todo lo bueno que le pase, después de tener una lucha contra todo, contra él mismo, contra el sistema y que se ha abierto paso con corridas de toros muy duras. Dios quiera que tenga suerte y que el resultado artístico de esa tarde sea el que nosotros queremos que sea.

¿La afición es para usted lo que mantiene la constancia en tiempos difíciles?

Sí, sí, evidentemente. Lo que mantiene la constancia y lo que nos mantiene a nosotros. Indudablemente los espectadores van y vienen, pero la afición es la que perdura y la que te cura, y son esos a los que hay que cuidar. ¿Qué pasa? Que la afición está envejeciendo. Tenemos que volver a conseguir que la juventud vuelva a ir a los toros, y poder enganchar a jóvenes aficionados, que los hay. Y muchos. Lo que pasa es que ahí tenemos que poner todos nuestro granito de arena y sobre todo que casi todas las empresas pudieran intentar hacer una fórmula lo más asequible posible para que ellos pudieran ir a los toros.

Muchos toreros comentan que el toro te dice muchas cosas con su mirada ¿Qué le gustaría que le dijesen los ojos del último toro de su carrera?

Me gustaría que me dijese “aquí me tienes, sueña conmigo”. Solamente eso. Soñar mi última faena como quiero y como soñaría cualquier torero. Esa que nunca sale. Sería bonito plasmar delante del último toro toda una vida que lleva uno almacenada en la mente. Dios quiera que pueda ser así.

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