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«El objetivo no solo es cortar orejas a cualquier precio»

«El objetivo no solo es cortar orejas a cualquier precio»

Sergio Galán cuenta sus temporadas por décadas. Ya son más de 20 años como profesional del toreo a caballo, y eso le otorga un poso, una franqueza, una madurez y una sapiencia única para autoevaluarse cada final de año taurino. Habla con la misma naturalidad con la que torea, y él es el primero en exigirse a sí mismo. Ahí radica su éxito. Un éxito que no es nada fácil de conseguir y que se asienta en un infranqueable convencimiento de que lo primero es ser fiel a un concepto. Una forma de torear con la pureza y la ortodoxia como bandera. A contracorriente. Sin claudicar a las modas ni al pensamiento único. Valentía y honradez ante todo.
Leo Cortijo

- La temporada 2018 empezó pronto y muy bien. Puertas grandes en la puesta de largo en Illescas y en el regreso a Valencia y una oreja en Sevilla...

- Sí, la verdad es que fue un inicio para estar contento. Uno siempre quiere más, pero fue bueno. En Illescas fue a través de una sustitución, pero fue una de las corridas donde más rotundidad hubo. En Valencia corté tres orejas y fue una tarde muy positiva, donde me encontré muy a gusto. Me hizo muchísima ilusión porque era una feria en la que llevaba años sin torear.

- Entre esos compromisos y el siguiente puerto de montaña, en Las Ventas, pasan dos meses. ¿Echó de menos un segundo compromiso en la Feria de San Isidro?

- Madrid es una de mis plazas y me encanta torear en ella. La idea, en un principio, era la de torear dos tardes, pero la empresa nos dijo que tenía muchos compromisos, que nos lo recompensaría de alguna manera y que si podíamos hacer el favor de ir solo un tarde, sería en una de las más redondas, con una de las mejores ganaderías y en el cartel más fuerte. Accedimos. Y ese fue el motivo. La tarde en sí estuvo muy marcada por el hándicap de la lluvia. Fue un diluvio. ¡Cayó más agua que yo qué sé! (risas) y eso influyó mucho. Le corté una oreja al primero y en el segundo me la pidieron. Podía haber salido a hombros, pero el presidente no quiso dármela. Luego me dijo que no me la había dado porque había pedido permiso para unas banderillas cortas, él no me lo concedió y yo, con la que estaba cayendo, le vi levantar el brazo y pensé que sí, y eso le sentó mal. Por eso no me concedió la oreja y, por tanto, la puerta grande.

- Entre Madrid a principios de junio y Santander a finales de julio hay muchos compromisos, pero en plazas de menor importancia. ¿Echa en falta en pleno verano pisar cosos de más relieve?

- Siempre te gusta torear en el mayor número posible de ferias, pero al final lo importante es torear, y para mí, por mi concepto, intento dar el máximo nivel en cada corrida. Sea plaza de primera o de tercera. Ahora bien, está claro que la repercusión no es la misma. Pero bueno, hay veces que entras en más ferias y otras en menos. Son circunstancias del toreo y lo importante, repito, es torear, no estar parado. Eso sí, dentro de que las contrataciones que se tienen sean siempre con la mayor dignidad y con la categoría que uno tiene.

- Este año, además, le hemos visto torear en Francia, que no es algo habitual en sus temporadas...

- Así es. En Dax no había toreado nunca, pero coincidió con una racha de muy mala suerte con los sorteos. No me embestía un toro ni a la de tres. Ahí se juntó una racha que... ¡madre mía! La verdad es que fue imposible y me dio mucha rabia porque era una feria en la que no había toreado nunca y me hacía ilusión hacerlo, pero me choqué contra dos muros que no me dieron opción ninguna.

- Castilla-La Mancha es un pilar clave en tus temporadas, como punta de lanza de la tauromaquia regional. Este año, aun con la ausencia de Albacete, toreó en Guadalajara y Cuenca...

- Guadalajara es otro ejemplo de esa mala suerte de los sorteos. Me tocaron dos que dieron muy poquitas opciones. El primero parecía que iba a servir, pero de golpe y porrazo se puso a la defensiva; y el segundo se metió directamente en las tablas. Ante esto, creo que estuvieron muy bien los caballos, pero esas faenas técnicas son para el aficionado, porque  no tienen el lucimiento para el gran público. En Cuenca me pasó un poco igual, aunque tampoco ayudó en nada el piso, porque llovió mucho el día anterior y estaba horrible. De hecho, resbaló un caballo de salida y eso te limita muchísimo. Además los toros fueron muy a la defensiva y al segundo lo pinché.

- Por sus palabras, saco una conclusión: ¿El hándicap de esta temporada ha sido la mala suerte en los sorteos?

- Sí. Pero aún así, ha habido faenas muy importantes para mí como profesional y para el aficionado, porque le he sacado cosas a los toros que parecían imposibles. El problema es que hoy en día, debido al nivel que hay, todo el mundo espera verte haciéndole cosas a los toros que lleguen mucho arriba, y cuando un toro está a la defensiva y tú no te sales de tu concepto, es casi imposible. No te queda otra que pelearte con él y sacarle lo máximo que te da. Hombre, si me saliera de mi concepto e hiciera otro tipo de toreo... pero no. No lo he hecho nunca y no lo voy a hacer ahora. He sido siempre muy fiel a mi concepto y nunca he intentado engañar al público. Siempre he intentado sacar el máximo partido sin ninguna ventaja, con el toreo por delante, tenga más o menos complicaciones el toro.

- Es triste pero es así: ¿Uno llega a replantearse esa forma de torear tan pura, clásica y ortodoxa cuando ve que otros compañeros hacen el rejoneo más efectista y bullanguero y eso le vale para cortar las orejas?

- Es algo muy frustrante. Es verdad que lo fácil sería cambiar tu personalidad y tirar por la calle de en medio. Más efectos y adornos fuera del toro y menos toreo. Pero si yo hago eso creo que no sería yo. No lo hizo en mis inicios, con que ahora… Es donde creo que uno marca la diferencia, en ser fiel a un concepto. Digo que es muy frustrante porque cuando uno hace un esfuerzo tremendo con un toro a la defensiva muchas veces no se canta. Arriesgas y vas con la verdad por delante, pero al final nadie habla de ello; hablan más del triunfo dando igual cómo se haya conseguido. Y creo que esto es un perjuicio grande, no en sí para mí, sino para el toreo en general, porque al final la gente joven va a ver que por ese camino es más fácil cortar las orejas. Así que para qué se va a poner de frente y entre los dos pitones, cuando consigue mayor resultado con un adorno y pasando más rápido. Eso me preocupa en torno a la evolución del toreo a caballo, creo que estamos estancados en eso.

- Más allá de la estadística de festejos y orejas, en lo personal, ¿qué balance hace de esta temporada?

- Uno, lógicamente, siempre necesita triunfar. Lo difícil es que cada uno lo hace con sus armas. Interiormente, me siento muy orgulloso de cómo han estado los caballos. Creo que no me he estancado, que he dado la cara muchas tardes en faenas difíciles como las de Guadalajara o Madrid. Y me quedo con eso. La regularidad de las actuaciones me hacen sentir satisfecho. Uno siempre quiere más, pero estoy satisfecho porque mi objetivo de cada temporada es dar un pasito más dentro de mi concepto y sacar mayor provecho a ese tipo de toro medio mejorando como torero. Mi objetivo no solo es cortar orejas a cualquier precio.

- En ese no cortar orejas a cualquier precio, ¿es un hándicap para usted el tipo de espectadores que acuden a los festejos, es decir, cada vez menos aficionados y más público?

- Hay modas... Ahora una moda que tiende a la espectacularidad. No estoy en contra, creo que es importante que haya ese tipo de toreros, pero también que se juzgue como debe el otro tipo de toreo. Es importante que la gente que va a ver un festejo sepa diferenciar entre lo que realmente tiene un riesgo y una dificultad y lo que es un mero adorno. Tengo un hándicap con eso porque ahora mismo impera un toreo mucho más alegre y efectista y, poco a poco, se está perdiendo esa esencia de la templanza y la despaciosidad. Mi objetivo es torear lo más despacio posible y que parezca que eso es fácil, siendo tan difícil... ¿Qué pasa? Pues que cuando uno encima lo consigue, el público cree que no vale nada porque ve que el caballo no hace nada raro o fuera de lo normal. Es decir, al contrario que una sobreactuación, un efectismo o un adorno. Pero bueno, al fin y al cabo, cada uno tiene su toreo y su forma de interpretarlo…

- Hablando de caballos, ¿qué tal la cuadra este año?

- Pues mira, ahí he tenido otro hándicap. No he dicho nada antes para que la gente no pensara mal, pero a mitad de temporada se me lesionaron los dos caballos más importantes de mi cuadra, Ojeda y Apolo. Prácticamente, hice mitad de julio, agosto y septiembre sin estos dos caballos, que es algo se nota muchísimo, ¡eh! Me han sorprendido Bambino, que de mitad de temporada para adelante ha crecido mucho y ha dado la cara; Embroque, que se ha consolidado; y Capricho, que al lesionarse Apolo ha tenido que asumir una responsabilidad extra. Son caballos que han crecido porque no han tenido más remedio que tirar para adelante y sobre todo para bien. No me han defraudado. Y eso es una satisfacción que me he llevado. Por cómo han superado esos inconvenientes, solventando tardes con toros complicados siendo caballos jóvenes.

- Igual ni le va ni le viene, pero se lo tengo que preguntar: el rejoneo ha estado muy marcado esta temporada por esa polémica entre Ventura y Hermoso de Mendoza y los supuestos vetos. Hasta donde pueda leer, ¿cómo lo ha vivido desde su trinchera?

- Cuando uno lleva tantos años de experiencia y ha vivido de todo, ya no se asombra por nada. Yo voy a mi ritmo y a mi aire, e intento hacer méritos todos los días en la plaza para que me vuelvan a poner. Pero bueno, es verdad que nos iría mucho mejor a todos si los apoderados de los toreros fueran más independientes. Cada torero tiene sus intereses y cada apoderado los suyos, y al final cada uno mira por lo suyo, que en parte tiene su lógica. Pero hay que pensar más allá porque el toreo no es solo para un día. Todo lo que sembremos ahora es lo que vamos a recoger mañana. Desde hace mucho tiempo se abusa mucho del monopolio y eso debería de, no sé cómo, planificarse de otra manera.

- Cierre los ojos. ¿Cuál ha sido el momento más dulce y el más amargo del año?

- De los momentos más dulces fue el triunfo en Valencia por todo lo que significó a principio de temporada y porque llevaba cinco o seis años sin torear allí. Volver a esa plaza después de tanto tiempo y ser el triunfador, fue una de las buenas noticias de la temporada. Por otro lado, entre los momentos más amargos están las lesiones de Apolo y Ojeda, que vinieron un poquito a destiempo. ¡Ah, bueno! Eso y la poca suerte en los sorteos.

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