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«Todo acaba donde empieza»

«Todo acaba donde empieza»

Parece que el tiempo se hubiera parado. Como si los relojes hubieran congelado el minutero de la vida para analizarla. Ya es tarde, aunque no se separa del teléfono por si vuelve a sonar. Lo coge al primer tono. La decisión fue firme y no dejó lugar a dudas. Lo mejor, eso mismo, no dudar, no engañar, no mostrar lo que uno no es. La fidelidad eterna a un concepto del toreo recio y dominador, con sello propio. Se va ganando. Porque no hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar. Y el hecho de que una lesión ponga punto y final a la carrera de un torero debe de ser doloroso en todos los sentidos. Un torero en reciprocidad con la Fiesta. Colmado por todo lo que el toro le dio y desalmado con la entrega de su toreo a los aficionados. Nada se quedó para él. Únicamente el cúmulo de los recuerdos de una vida ligada a ese animal legendario. Hace unos meses daba la fatídica noticia de dejar la profesión por causas de obra mayor. Se va porque siempre estuvo con las manos vacías porque todo lo que tenía dentro se lo entregó al toro y seguro que se lo volverá a dar en ésta, su última tarde en el ruedo sagreño de Illescas. Al miedo le mira siempre a los ojos, la soledad ha sido fiel compañera y una gran parte de la afición, un apoyo en su evolución. Nada es para siempre, porque como decía Sabina «este adiós no maquilla un hasta luego y este nunca no esconde un ojalá...». Definitivo o no, su maestría y el lugar por donde ha pisado es incuestionable.
Darío Juárez

- ¿Cómo se encuentra de esa fatídica lesión?

- Bueno... como siempre. El estado en el que se ha quedado la pierna es crónico y no hay que darle más vueltas. Desde que pasó el percance llevo tirando del carro y llevándolo como podemos.

- En cualquier caso, supongo que duele más dejar al toro...

- Pues sí. Porque uno todavía tiene cosas que decir en el ruedo, que expresar delante del toro y siento que no he tocado techo. Entonces, ese es el coraje que más me da. Pero bueno, las cosas vienen así y hay que asumirlas como vienen. Y como digo siempre: ya que somos hombres para jugarnos la vida delante del toro, también hay que ser hombres para tomar decisiones y mirar por la vida de los demás; en la este caso la de mi familia y la mía propia.

- Tras 12 años de alternativa, ¿cuánto vale decir «hasta aquí»?

- No sé. Quizás no es que valga o deje de valer, pero yo creo que todo tiene un fin. ¿Qué vale? Pues todo lo que me llevo, todo lo que he aprendido, la educación, la disciplina, los triunfos, los fracasos... Bueno, una vida intensa. Eso es lo que vale.

- Después del anuncio de su retirada a final de temporada, ¿se ha sentido apartado por las empresas?

- Sí. Total. Ha habido un parón radical que no pensaba que pudiera ser así ni en una pesadilla... pero así ha sido. No lo entiendo, pero lo tengo que llevar como se puede.

- Recibió alguna llamada en algún momento para despedirse de Madrid?

- No, nunca. De momento... Ahora, para final de temporada no sé si habrá sustituciones. Por tanto, no sé tampoco si llamarán o no llamarán. Pero de momento nunca lo han hecho.

- ¿Se siente recompensado por la afición?

- Sí, sin duda. Porque sí noto el cariño y el apoyo que me están dando, y desde aquí se lo agradezco a todo el mundo: a los aficionados y a mis seguidores. Por eso me siento apoyado, querido y torero con ellos. Con palabras y expresiones que escriben, que son con las que uno se siente realizado, se sensibiliza y se emociona.

- La Corrida Total de Illescas será el punto y final a su carrera profesional. ¿Cómo llega Alberto Aguilar a esa última tarde?

- Sinceramente, creo que es una mezcla entre pena y alegría. No lo sé, no te podría decir. Lo que sí siento es ilusión por ser una tarde que me apetece torearla. Una ganadería con la que empezó toda mi carrera como matador de toros y con la que comencé a funcionar. Sigo diciendo lo que dije cuando me propusieron la corrida, y es que todo acaba donde empieza. Por eso me hace muchísima ilusión.

- El cartel no podía estar mejor rematado, además de hacer justicia con toreros como usted, brindándoles un cariñoso reconocimiento al darles un sitio. ¿Qué sensaciones hay antes de la tarde final?

- Muy buenas. Una corrida donde va a haber una expectación total -como su nombre indica- e impresionante. No sé si se acabará el papel, porque ahora es muy difícil, pero tal y como ha funcionado la taquilla de los dos años anteriores, vamos a estar rozando el lleno. Y eso es importantísimo, porque cada uno de los actuantes tenemos nuestro tirón y es una corrida muy valorada.

- ¿Hacia dónde quiere dirigir su vida tras esta tarde? o ¿qué metas se marca a partir de ahora?

- Mi deseo es conducirla principalmente a la Escuela Taurina de Navas del Rey, siempre estando totalmente abierto a acompañar o trabajar con toreros que quieran de mi profesionalidad y de mi sabiduría, para intentar mejorar o para que tengan a su lado una persona que les diga las cosas como tiene que ser. Yo no diría apoderado, pero sí lo que ahora se llama director artístico. No me importaría trabajar con gente que pueda y quiera crecer como torero.

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