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«Vivir en torero es entregar tu vida a cambio de nada»

«Vivir en torero es entregar tu vida a cambio de nada»

Me parece que era noviembre y hacíamos noche en Coria. Los cubatas y las risas nos pedían alargar la madrugada, pero al día siguiente Victorino Martín, padre e hijo, nos esperaban en su casa para enseñarnos los grises de la temporada siguiente. A continuación había tentadero de utreras. Al bajar del remolque nos chocamos de frente con un torero que yo nunca había visto torear ni en directo ni en televisión, aunque me sonaba el nombre. ¿Quién es? Pregunté. Emilio de Justo, me dijeron. El examen de la bravura iba a dar comienzo. El viejo sabio de Galapagar encendía un puro mientras mandaba callar por primera vez. La primera de muchas. Y es que ya se sabe que en casa de Victorino padre no se movía ni una mosca. Junto a Emilio estaba Raúl Rivera, un reciente toricantano de Yeles (Toledo), que actuaría después del extremeño. Corría un aire seco que se metía por la mínima obertura de las prendas de abrigo de los presentes, pero se paró en cuanto Emilio se echó la muleta a la mano izquierda y empezó a dibujar largos y profundos naturales que hacían a la vaca barrer la arena con el hocico. Ahí me dije: ¡ojú! Sus condiciones eran superlativas, la técnica se entrelazaba con un concepto clásico que verdaderamente escaseaba. Aquel hombre valía para esto y tenía que sacarlo a la luz. Como así fue...
Darío Juárez

- ¿Qué ha cambiado en estos cinco años, Emilio?

- Como persona no he cambiado nada. Sigo siendo el mismo, con mi misma forma de ser y mi personalidad, pero sí es cierto que toda esa lucha que en aquellos años difíciles llevé, junto a esa ilusión y esa locura por el toreo, han hecho que hayan dado resultado. Todo en la vida se consigue con trabajo y con sacrificio, y profesionalmente ha cambiado por no dejar de confiar en mí cuando mucha gente no lo hacía.

- ¿Cuesta menos ahora echar la vista atrás? ¿Se siente recompensado por tantos años en el ostracismo?

- Ahora mismo sí, mucho. El sacrificio que hice todos esos años no ha sido en balde, sino al revés: lo volvería a hacer una y mil veces por conseguir el sueño que he tenido siempre que es ser torero, estar en las ferias y vivir lo bonito de la profesión. Por eso creo que todos esos esfuerzos han merecido la pena.

- El domingo no hubo suerte en Calasparra pero la tarde del sábado en Valencia hizo ver el gran momento en el que se encuentra su toreo…

- Fue imposible. Los dos toros que me tocaron estaban burriciegos y el primero casi me arrolla varias veces con el capote, pero bueno, me quedo con el buen sabor de boca del día anterior en Valencia. Cuando llegué al hotel no me creía que hubiera salido andando, ya que se dieron todas las circunstancias favorables para haberlo hecho a hombros. El descabello, el presidente, la espada... Pero bueno, creo que lo que les hice a los toros lo vio todo el mundo y creo que es importante.

- ¿Qué es vivir plenamente en torero?

- Algo muy bonito pero muy duro. Muchas veces te tienes que privar de muchas cosas que cuando eres joven quieres hacer. Y no puedes distraerte en cuestiones que te gustaría realizar, pero lo principal es entregar tu vida totalmente al toreo y esperar que éste te dé su recompensa, que puede llegar o no. En definitiva, vivir en torero es entregar tu vida a cambio de nada.

- El triunfo de Madrid en Otoño, ¿cree que ha sido justo del todo con usted?

- Bueno, creo que triunfar en Madrid es muy importante y uno espera la mayor repercusión posible, pero creo que no debo entrar a juzgar esas cosas; el paso del tiempo lo dirá. El toreo es una profesión o una carrera de fondo en la cual hay que tener la mayor paciencia posible para conseguir los objetivos. Entonces, muchas veces a lo mejor no te sientes recompensado, pero si uno sigue apostando, si se quiere, al final todo llega.

- ¿Qué supuso para usted la lesión de Vistalegre, sabiendo que la temporada estaba ya empezando?

- La verdad es que me perjudicó mucho. De primeras estar en una plaza como Vistalegre para mí es una responsabilidad enorme, porque es a principio de temporada y no deja de ser Madrid. Por tanto creo que eso marca mucho. Salí con un triunfo pero también con una lesión que me privó de estar en Valencia y Olivenza, que son ferias muy importantes. Y sí es cierto que marcó un punto de inflexión interior por ver que se aproximaba la temporada, pero en el fondo eso es el toreo: saber superar día a día tus adversidades.

- Parece que la recuperación y la interiorización personal durante ese tiempo hayan aumentado o agudizado el poso y el clasicismo de su toreo…

- Sí es cierto que el paso de todo ese tiempo te hace madurar, mejorar día a día e ir puliéndote como torero, pero creo que el concepto lo he tenido siempre. Aunque sí es cierto que el rodearse tan a menudo de profesionales, como estoy y como he estado, siempre te hace crecer.

- Su espada se ha convertido en un bastión que busca cimentar una regularidad y una dimensión en la ejecución con la mayor pureza posible. Se nota cuando un torero lo ve claro...

- Y cuando no lo ve también se nota (risas). Cuando lo matas te vienes arriba; ahora, cuando tienes rachas que los pinchas también me siento muy jodido. Este año se me han ido varios toros a los que les tenía cortadas las orejas, pero sí es cierto que cuando matas un toro bien, el aficionado y los profesionales me lo cantan. Cuando me entrego en una estocada trato de hacerlo con toda la verdad por delante.

- La ‘nueva’ hornada de toreros de interés para el aficionado, como es su caso, no deja de dar sus frutos con tardes muy serias de compromiso irrefutable. Pero además de la búsqueda del triunfo, que es muy necesario, usted da muestras de vaciarse y abandonarse toreando aunque haya tardes en las que no corte las orejas. Ahora mismo, ¿prima más ese triunfo que el numérico?

- Como bien dices, el triunfo numérico es muy importante en mi situación personal, ya que trato de ir escalando posiciones en el escalafón para situarme en un sitio importante, pero sí es cierto que las orejas vienen a partir de lo que tú seas capaz de expresar en la plaza. Por lo tanto, soy fiel a mí mismo, trato de ser sincero y entregar todo lo que tengo como torero y de tener la tranquilidad de saber que el triunfo viene tras la consecuencia de todo eso.

- Si pudiera dar marcha atrás, ¿cambiaría algo?

- Habré tenido y tengo muchos errores, pero estoy muy orgulloso de lo que poco a poco he ido consiguiendo como torero, porque ha sido todo ganado a pulso y me siento muy valorado por los aficionados y los profesionales. Eso para mí es la mayor satisfacción. Por lo tanto, no cambiaría nada: haría lo que he hecho y de la misma forma.

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