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Cada torero con sus armas
El Juli corta una oreja en la sexta de la Feria de San Fermín.//Emilio Méndez/Cultoro
Crónica Pamplona. 6ª de la Feria de San Fermín

Cada torero con sus armas

Luis Miguel Parrado

La sexta de feria es, hasta ahora, la corrida más destacada del ciclo. Vaya por delante que si no hay toros es imposible que los toreros se luzcan, y hoy Victoriano echó cuatro toros, sobre todo tres, a los que se podían haber cortado tranquilamente las dos orejas. Y de no ser por el mal uso de los aceros de muerte en más de uno habríamos visto el doble trofeo.

El mayor beneficiado en el sorteo fue Antonio Ferrera al que cupo en suerte un lote casi de cuatro, empezando por el primero, manso pero enclasado, sobre todo por un pitón izquierdo por donde embistió maravillosamente, más aún cuando la salida del muletazo era hacia esos adentros a los que siempre tuvo querencia. Jugó bien Ferrera con ella, sacándolo para fuera antes del primero de cada tanda y permitiendo que volviera a cerrarse conforme tenían desarrollo las mismas. De esa manera llegaron muletazos que calaron mucho en el tendido, aunque a mí particularmente me dejó con la miel en los labios porque atisbé en ese pitón izquierdo más cosas de las que finalmente pude llegar a ver. Lo mató recibiendo y después se le atascó el descabello. El cuarto fue el toro de la corrida por nobleza, humillación, clase y obediencia. Anduvo a gusto y sobrado Ferrera, tanto que acabó por tirar la espada a la arena y torear por ambos pitones sin ayudarse de la misma. Con espada y sin ella destacó cuando toreó al natural, y también en esos chispazos como sacar al toro del caballo galleando. Lo que ocurre es que la genialidad, cuando es previsible, deja de serlo y esa es la sensación que me quedó viendo al pacense, que por otra parte dejó pasajes de muy buen toreo, pero sin cuajar de verdad al buen toro de Victoriano. Otra vez mató recibiendo, pero aquello acabó en metisaca que redujo todo a una vuelta al ruedo.

Pablo Aguado se presentó en Pamplona con un animal simplón al que le hizo las cosas como si fuera extraordinario. Allí hubo desde un principio temple, suavidad y cabeza despejada para tratarlo con toques fijadores que lo metían en el engaño. No humilló el toro, pero Aguado mostró una vez más que en la actualidad pocos templan a media altura como él, y encima con esa estética nacida de una absoluta confianza en cintura y muñecas, que con este toro llegó en su máxima expresión en los pases de pecho. El sexto tuvo más motor, obedeció a los toques y Pablo le sacó un puñado de buenos muletazos que tuvieron en el asiento una de sus grandes virtudes, como en ese señorial pase de pecho mirando al tendido, que en su parte de sol andaba a lo suyo berreando ‘Oliver y Benji’. De todas formas aquello no llegó a coger vuelo y Aguado, que siempre tiene la virtud de la medida, se fue a por la espada en cuanto vio que el toro comenzó a querer rajarse.

Triunfador de la tarde es El Juli, que empleó su mejor arma: la técnica. Luego su estética podrá gustar más o menos, pero el planteamiento de faena al quinto, toro que estaba a veinte días de cumplir seis años, fue simplemente perfecto. Muleta en mano el primer trance fue un molinete de rodillas, anécdota ante el despliegue que vino después. Para empezar, no se dejó tocar el engaño ni una sola vez y dio siempre la distancia justa al astado, noble, obediente a los toques y no sobrado de raza, al que por el derecho fijaba con el toque para llevarlo hasta el final, mientras con la zurda esperaba con la muleta más retrasada, porque por ahí menguaba su viaje. No se hartó Julián de estar en la cara, exprimiéndole hasta la última arrancada con una capacidad envidiable. El único borrón fue, como siempre, su forma de entrar a matar y una colocación traserísima que le obligó a usar el descabello, donde perdió la segunda oreja. Por delante había sorteado al más deslucido del buen encierro de Victoriano. Sin raza ni fuerza, fue muy poco enemigo para un torero con tanto poder como El Juli y, claro, aquello no dejó nada para recordar.

 

  • Pamplona. 6ª de la Feria de San Fermín. Lleno absoluto en tarde espléndida. Se lidiaron cinco toros de Victoriano del Río y uno (1º) de Toros de Cortés, todos cinqueños o a punto de serlo, bien presentados y con cuatro toros que dieron buen juego, destacando el lote de Ferrera.  Pesos: 605, 510, 500, 510, 505 y 575 kilos.
  • Antonio Ferrera (grana y oro): Saludos tras aviso y vuelta al ruedo.
  • El Juli (nazareno y oro): Silencio y oreja tras aviso.
  • Pablo Aguado (berenjena y oro): Saludos y silencio.

 

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