Por el piton derecho
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Galería fotográfica del festejo.//Plaza1
Como el calor de una falla
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Como el calor de una falla
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Como el calor de una falla
Crónica Madrid. 3ª de la Feria de Fallas

Como el calor de una falla

Darío Juárez

El termómetro sigue sin subir a gran escala en la capital. La primavera no quiere ser protagonista en el inicio de esta feria, que hasta hoy, pasa sobre un línea recta y alejada de la transcendencia emocional. El cartel pedía enteros para dar muerte a un corridón serio y astifino de Fuente Ymbro, que se fue diluyendo del segundo toro en adelante. Los toreros jóvenes copaban el protagonismo de la expectación generada y eso se iba intuyendo a medida que el suplicio de aguantar la vorágine de pases sin sentido del mayor de los Adame, se iba reduciendo para dirigirse a por la espada entre los lamentos de la concurrencia al ver cómo se iba el primero con las orejas puestas. Y fue entonces cuando entremezclar fiestas tradicionales en otros lugares de la geografía cobró sentido. Como el calor de una falla, así mimetizó Román a los tendidos de la monumental venteña durante la lidia lucida y lúcida del segundo de la tarde, en una faena de dominio e inteligencia a raudales. Garrido destacó por naturales frente a un tercero sin fuerza, que ofreció la potabilidad de ese pitón. Mientras que un Joselito plomizo, oficioso a medias y sin voluntad de levantar la tarde, se topó con un lote que bien podía haber valido un triunfo reseñable.

Candescente, activo y con unas ganas de triunfo redomadas, Román hacía el primero de sus tres paseíllos en esta feria. Antagónico al color de su vestido –gris plomo– quiso cargarse de responsabilidad para dar respuesta a la expectación generada tras haber apostado de esta manera en la feria del Alfa y la Omega. Reírse por no llorar era la tónica que había tomado el empedrado venteño cuando, entre una ovación teñida de lamento, despedían al primero camino al desolladero. Fue entonces cuando apareció su señoría, el toro bravo. Un pavo llamado Hechizo que con embestida brusca se encontraba con el capote del matador ché. Antes de entrar al caballo perdió los traseros en dos ocasiones, añadiendo una tercera debajo del peto. Se pidió la devolución del animal por falta de fuerza, a lo que el presidente respondió cambiando el tercio. El Sirio se anudaba a una letanía milagrosa cuando tras la salida del segundo par, el toro le levantó la cara para a continuación hacerle hilo hasta acabar tirándolo al suelo. Brindó al público para empezar a concatenar un inicio de faena improvisado por estatuarios, cuando se le vino sin citarle desde el burladero de matadores a la puerta de arrastre. Qué manera de galopar... El valenciano sabía que debía lucir al toro de largo. Lo que tenía dentro ese animal era un resorte. Un resorte engatillado con la brújula de las palas siempre mirando al norte. De largo le citó tres tandas por el lado derecho y una por el izquierdo en la media distancia, donde le costó templar más el temperamento que traía consigo este Hechizo mágico. Las trincherillas genuflexas, con los remates del desdén y el de pecho a pies juntos, le ponían la primera oreja de la feria en bandeja de plata. Pero… ¡ay, la espada!

«Ésta pero en el otro» fue la frase que se dijo toda la plaza cuando entró a matar al quinto. Una estocada hasta los gavilanes hacía caer al castaño que sorteó en segundo lugar, que no dijo nada. Román estuvo muy correcto y en dignidad con él, dejando un gran sabor de boca tras el conjunto de su tarde.

Muy aseado y pulcro estuvo el extremeño José Garrido con el descastado y frío tercero. Un toro nada aparatoso, más bien recogido, que no ofertó credenciales de emoción. Únicamente la manejabilidad de su pitón izquierdo por donde el extremeño se sintió más cómodo y le pudo reproducir varios muletazos atornillando las zapatillas y poniendo el muslo en el carril del toro. Más no pudo hacer con lo que tenía. Como tampoco pudo decir nada más con el inválido que cerró esta tercera de abono. La decadencia a la que había quedado inducida la tarde hizo que a los más exigentes les costara protestar su condición. Ya se quedó corto en el capote bregador de Chacón, que muy sutilmente y sin despotismos de buscar el sobrero, no le bajó la mano para que no las perdiera. Garrido ahuyentó a su tesón cuando vio que Orgulloso se volvía a caer en las rayas continuamente.

Por si una era poco, mejor dos. Claro que sí. El hecho de matar sin muleta en esta plaza sin haber hecho nada antes es sinónimo de que te repitan. Cuántos toreros que lamentablemente se tienen que conformar con seguir la feria desde casa, habrán apagado la tele cuando han visto la actuación de Joselito Adame. Bochornosa, irreverente y dogmática en obsolescencia. Así se computaría el resumen. En mala suerte cayó la clase y la bondad que sacó el primero en la pañosa del diestro mexicano. Venía de salir del jaco manseando y haciendo caso omiso a los percales para, a posteriori, hacer por Tomás López a la salida del primer par. Sacó ese fondo de casta para que el hidrocálido acumulara tandas por ambos pitones vaciando hacia fuera, de perfil y sin un mínimo de emoción. Qué lástima... Por su parte, el cuarto fue un toro con teclas que sembró de algarabía los tendidos, ya que derribó hasta en tres ocasiones a ambos caballos. Con fuerza y casta en los riñones. Salió endeble de los tres encuentros llegando a la muleta incierto y sin haber sido picado en absoluto. Por allí estuvo el mexicano, que aunque con cierto oficio, le perdió muchos pasos firmando una actuación sin ninguna enjundia y volviendo a pasar otra página en blanco en la historia de esta plaza.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 3ª de la Feria de San Isidro. Más de media plaza (14.822 espectadores) en tarde apacible. Se lidiaron seos toros de Fuente Ymbro, de muy buena presentación. A más el 1°, encastado y brioso el 2°, aplomado y sin transmisión el 3°, complicado el 4°, endeble y desentendido el 5° e inválido el 6°.
  • Joselito Adame (verde manzana y oro con los cabos negros): silencio en ambos.
  • Román (gris plomo y oro): ovación con saludos tras aviso y silencio.
  • José Garrido (rosa palo y oro): silencio en ambos.
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