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Galería fotográfica del festejo.//Plaza 1
Cuando no es una cosa es otra
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Cuando no es una cosa es otra
Crónica Madrid. 6ª Feria de San Isidro

Cuando no es una cosa es otra

Darío Juárez

Hoy éramos pocos… pero no parió la abuela. No, tampoco tocaba. Los tendidos 5 y 6 se convertían en un solarium de entretiempo para empezar a tomar los primeros rayos que desprendía el tío Loren. Los fieles en su localidad, las calvas se hacían presentes en la sombra y la Grada Joven, que después de la fatigosa tarde de ayer y viendo la taquilla de hoy, hacían deducir que por cada dos abonados uno se había quedado en casa. Es por ello que, analizándolo, uno se jacta de que pueda resultar lógico que esto ocurra. Cuando no es una cosa es otra. En la tarde del 97º aniversario del fallecimiento de Joselito El Gallo, faltó el empuje que se le pide a un encierro tan serio y cuajado de hechuras como el de hoy. Éste fue falto de casta y duración en los finales de faena y variopinto en detalles y comportamientos durante el desarrollo de las lidias. Tres toreros jóvenes componían un cartel que expuso sus credenciales sin dar lugar al beneficio de la duda, para con cada uno de los lotes caídos en suerte.

Encabezaba la terna el salmantino Juan del Álamo. Sería su segunda comparecencia de la temporada vestido de luces, pudiendo destacar la disposición con el que abría plaza. Un toro bajo, bien hecho y rematado, que acusó su transparente debilidad, tanto en las salidas del caballo, como en el consiguiente desarrollo de la lidia. Era un animal con fijeza este primero que acudía al embroque con entrega y prontitud pero que se venía abajo en el tercer muletazo. Dos tandas más en las que Pájaro humillaba con mucha categoría pero poniendo siempre el apunte de la discordia para con su nula fuerza. Los tendidos se crispaban ante la carencia más notable que poseía, aunque sus embestidas siempre fueran profundas y en ningún momento con ánimo de defenderse. El segundo de su lote era un toro escurrido de los cuartos traseros y a su vez el más descarado de pitones y con la morfología más en el tipo del Conde de la Corte. Su comportamiento quedaría en el aire debido a que sus embestidas no decían absolutamente nada. Juan, sin sacar nada claro de Pantalán, acudió a por el acero después de probarlo por ambos lados.

Uno que en esta plaza no se guarda ni la cartera es Fortes. El malagueño volvía a una plaza en la siempre se ha jugado la vida, tuviera lo que tuviera delante. Su altruista predisposición desembocaría en una vuelta al ruedo, y no oreja, que esta vez el presidente no concedió, como si lo haría con Morenito de Aranda el pasado viernes. Saúl estaba firme y sereno. Consciente de que la tarde de hoy era de vital importancia –a falta de una segunda comparecencia– para la apertura de puertas del famoso circuito para toreros como él que siempre salen a dejarse todo. Así lo haría con el segundo, un largo y manso encastado al que el puyazo trasero que le propinaron en el primer encuentro no le oxigenó para el comportamiento en los tercios posteriores. Inicio de faena en los medios de rodillas y con la montera calada, donde se lo sacó de primeras por la espalda para después rematar ya tocando tierra con las suelas. En el sitio y haciendo todo a favor de Luchador, le desgranó una faena impuesta por la verdad. Impuesta por un valor seco para sacar del animal lo que no tenía ni por fuera ni por dentro. Actuación seria en la que fue avisado hasta tres veces por su oponente, que levantaba la cara como seña de ingrato. Cerró con unas bernadinas que terminaron de alentar su actuación para firmar con una estocada entera que llevaría al toro a caer en su querencia natural.

El quinto fue un tío. Aplaudido de salida, alto de cruz y con prontitud al acudir con fijeza a los dos encuentros con el picador. Con trote alegre en banderillas también, llegó a la muleta pecando de mentiroso. Fortes, engañado, se fue hacia los medios porque entendió que ese toro podía, sin embargo, ya se imaginan el final... Una velita, un océano de comportamientos aburridos que le llevaron a abreviar ante la atronadora pitada de desencanto del 7.

Cerrando la tarde y el cartel apareció de azul marino Román. Segunda tarde del serial isidril que pasaría de largo para el torero valenciano. Primero ante un tercero que se quiso emplear humillando y haciendo el avión en las dos primeras tandas por el pitón derecho, incluido un vibrante y sometido cambio de mano. Tres naturales de seguido y Piragüista naufragó. Empezó a autoadjetivarse de tardo y protestón, llegando a arremeter contra el cuerpo del torero en la salida de un pase de pecho. El sexto fue un animal que se empleó con fijeza y fiereza en el jaco de Pedro Iturralde. Con un fondo de casta bastante sobresaliente, se empleó en banderillas, saliendo airosos con gran eficacia y ovacionados Raúl Martí y El Sirio. Tras el cambio al tercio, Román lo guió hasta su muleta con doblones rodilla en tierra. De ahí a dos tandas intercalando las manos y una actitud muy asentada delante de la cara del animal. Después, y ante el quiero pero es imposible, concluiría la tarde y la sexta de abono, yendo a por el estoque. Y posteriormente el descabello.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 6ª de la Feria de San Isidro. Algo más de media plaza (13.178 espectadores) en tarde calurosa y sin viento. Se lidiaron seis toros de Lagunajanda, de buena presentación a excepción del escurrido 4º. Con clase y sin fuerza el 1º; manso encastado el 2º; venido a menos el 3º; sin ninguna transmisión el 4º; y desfondados 5º y 6º.
  • Juan del Álamo (tabaco y oro): silencio en ambos.
  • Fortes (azul pavo y oro): vuelta al ruedo tras petición y silencio.
  • Román (azul marino y oro): ovación con saludos y silencio tras aviso.
  • Se guardó un minuto de silencio al término del paseíllo en memoria del 97º aniversario de la muerte de Joselito El Gallo en Talavera de la Reina. Se desmonteraron después del tercio de banderillas del 6º, Raúl Martí y El Sirio.

 

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