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Galería fotográfica del festejo.//Plaza 1
Dios da pan a quien no tiene dientes
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Dios da pan a quien no tiene dientes
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Dios da pan a quien no tiene dientes
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Dios da pan a quien no tiene dientes
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Dios da pan a quien no tiene dientes
Crónica Valencia. 7ª Feria de San Isidro

Dios da pan a quien no tiene dientes

Darío Juárez

Sirviéndole de consuelo al ganadero Ricardo, ya que lo pasa muy mal con esa congoja tan llamativa a la que nos tiene acostumbrados, he de decirle que trajo a la séptima de feria una corrida que sacó a la palestra dimes y diretes en lo que a la presentación de los toros se refiere, pero con la certeza clara de que puede abandonar la calle Alcalá con la mirada alta, después de ver cómo uno de sus pupilos podía haber llegado perfectamente al desolladero sin las orejas puestas. ¿Lástima? Sí y no. Realmente uno se lamenta de cómo un toro que se entrega con celo a los engaños y tiene esa clase al embestir, le caiga en suerte al indebido. A aquel que se le fue como el agua en las manos. El agua bendita que no cura heridas superficiales sino que cala a la evidencia, esa que intercede como narrador en off de la verdad, corroborando que Dios le da pan a quien no tiene dientes. Y a su vez ya no me sorprende, ya que no es la primera ni la última vez que una Tauromaquia descataloga las virtudes de un buen toro. Pero sigamos tragando, que dije que era agua bendita y entra solo.

Rompía el paseíllo con paso firme el granadino El Fandi. Su única tarde en el serial y en su mente una clara consigna: la del agradecimiento personal a sólo estar poder acartelado en esta feria de tanto renombre. Y qué razón tienes David... El darse con un canto en los dientes debe de ser algo bonito y repetido de contar, cuando te pregunten cómo ha ido la tarde, y la contestación sea que el presidente le ha robado una oreja al torero que pone banderillas. ¿Fandi o Fundi? Fandi, Fandi. Fue en el cuarto de la tarde. Un castaño poco rematado de pechos y con muy poco morrillo, que se fue impune del tercio de varas pero que sorprendentemente se vino arriba en banderillas. Cuatro pares de rehiletes para quitarse la espinita con el presidente ante la negativa de concederle un cuarto par también en el primero, después de uno precedido que fue errado. Inició la faena de rodillas con un redondo interminable donde Hortelano dejó boquiabierto al personal, comiéndose la franela con una codicia de altos vuelos. Sí, era un avión. Aerolíneas Gallardo anunciaban viajes de ida y vuelta con parada en la explanada de la calle Alcalá para un piloto que supiera manejar ese trasto. Todo iba a pedir de boca, sin turbulencias hasta que no había mezcla en el depósito. Un toro entregado y un torero toreando para fuera y muy descolocado de la suerte. Separado y desperdiciando una embestida que debía serpentear los gemelos con una vibrante emoción. Esa que no existió viendo torear. Sí que es cierto que la exposición del surrealismo que despachó, fue llamativa y con alma de poderosa. Sin más, una cortina de humo que por la fachada era atractiva. Gran estocada.

El primero, sin embargo, fue el menos destacado del festejo. Nula pelea de bravo en el equino que guiñaba el ojo a las banderas continuamente. Con una reverencia irónica al jefe del palco por la negativa anterior del par de banderillas, David lo tanteó con cierta esperanza de salir airoso pero no acertaría con su apuesta. Ni uno, era algo sin gas, ni voz ni voto.

Tras unos años en el dique seco en esta plaza, hacía acto de presencia en esta primera semana del abono el extremeño Miguel Ángel Perera. Tarde en la que el desenlace del sorteo acabó en contra de su suerte. Un lote soso y reservón, respectivamente, que deslució la actitud del torero en ciertos momentos. El segundo fue una batidora de condición. Tras dos varas traseras empezó una faena templada y correcta que terminaría siendo sosa y aburrida. Era andarín, no paraba y aunque Perera dudaba mucho y le hacía perder muchos pasos. Un triste bajonazo firmaría se actuación. El quinto fue una perla. También con discrepancias en su cuajo y trapío. Un animal poco picado que acusó esa carencia de castigo al derrotar por gusto y perversión. No dejó de pedir los papeles y avisar. Tragó una serie con certeza y se acabó lo que se daba.

Finalizaría su feria particular el también pacense José Garrido. Hoy era el día, era el momento de emanar todo ese repertorio tan arrebatado del que dispone este joven torero cuando se encuentra a gusto delante de la cara del toro. Con el tercero realizó una sinfonía de tesón y disposición, por y para el toro. Tremendo era ese animal abanto de salida que se acabó dejando en el capote, no para lucirse artísticamente pero sí por la manera de meter la cara. Inició en los medios por estatuarios fusionados con la ayuda una faena formada por tres tandas por el pitón derecho sometiendo y tirando del toro. De seguido, una por el izquierdo espatarrado, entregado y comedido a un momento que era para aprovechar ya que tenía todo de cara y su oponente nada de maldad. Finalizó con bernadinas de calado, que afearía y nos dejaría con cara de bobos al fallar con la tizona. El sexto fue un toro con kilos que se movió pero que no transmitió apenas nada. Se dejaba y acometía por inercia pero sin entregarse ni dar claras virtudes de clasista.

Primera semana de feria y sigue la búsqueda de la tarde que rompa. La que haga vibrar a la afición en una tarde cerrada de emoción. Esa que sólo lo consigue el conjunto de los elementos necesarios que encabeza la bravura y el fondo de casta, y el aprovechamiento con inteligencia de toros que tengan de qué hablar.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 7ª de la Feria de San Isidro. Algo más de 3/4 de entrada (19.928 espectadores) en tarde calurosa y nublada. Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro, de irregular presentación. Apagado el 1º; soso el 2º; interesante y con teclas el 3º; entregado y noble el 4º; protestón y derrotero el 5º y sin transmisión el 6º.
  • El Fandi (azul marino y oro): silencio y ovación con saludos tras petición
  • Miguel Ángel Perera (azul añil y oro): silencio en ambos.
  • José Garrido (sangre de toro y oro): ovación con saludos tras aviso y silencio.

 

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