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Galería fotográfica del fetejo.//Plaza1
El deseo de ser natural
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El deseo de ser natural
Crónica Madrid. 8ª de la Feria de San Isidro

El deseo de ser natural

Darío Juárez

Los chulapos volvían de la pradera a buscar el refugio de la emoción en una tarde de toros. Y es que en el día del patrón, la entrada que registró la monumental venteña fue la más elevada en lo que llevamos de feria. Nadie se aburrió. Dicen que a todo torero le llega su momento. Ese instante inesperado en el que un tren se para delante de ti para indicarte el destino en el que has de bajar. No sin antes honrar a la verdad, a la firmeza y al toreo fundamental. Ureña cortó una oreja del quinto tras una faena expositiva, cargada de emoción y sinceridad, de cotas notables y con la espina de fallar a espadas ante el cortijo de puerta grande que tenía el segundo entre los pitones, sobre todo el izquierdo. El Fandi sorteó el peor y más desagradecido lote de Puerto de San Lorenzo, que en líneas generales fue interesante pese a su mansedumbre en varas y su huida gazapona en los primeros tercios. López Simón, por su parte, no entendió a un lote potable y con opciones, con el que sí se vio algunas tandas reunidas y bien llevadas.

Un Alvia de larga distancia llamado Cuba II hizo entrada en la estación de la verdad. Paco Ureña pinchó un toro de puerta grande con el que el destino tenía señalado un viaje sin vuelta hacia las entrañas de la calle Alcalá. No fue posible, ya que la estructura de la obra quedó eclipsada por un primer pinchazo en el que hubiera caído posiblemente la primera oreja para su esportón particular. Cuba II fue ese segundo que apareció por la manga, acapachado de cuerna y muy en la línea de Lisardo. El saludo fue por verónicas, con el compás abierto, con la pata hacia delante y ganando distancias en los medios. Recibió dos puyazos traseros que no repercutieron en la clase que poseía su embestida, pero sí en su musculatura. Cantó las bienaventuranzas en el capote de Curro Vivas cuando lo corrió para atrás para sacarlo del jaco, metiendo la cara como un galán. Cuba II esperaba desde los medias el primer envite a la franela, pero se vio lastimado cuando le obligó en demasía y perdió las manos en las dos primeras series con la mano derecha. Las siguientes tres tandas fueron por el pitón donde el cortijo sembraba oro. La mano de los billetes, el compás abierto y el toro llevado a los confines. Perpetrado únicamente por una antinaturalidad en su rostro y su figura, forzada sin necesidad, porque nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo. El toreo de Ureña es natural y sincero, que no me lo cambien, Paco. Volvió al flanco diestro para dar el pecho, enfrontilado a las puntas y llevar el trazo atrás. El toro lo desarmó y el lamento de que todo hubiera sido redondo volvía a aparecer de nuevo, como en el inicio de faena. Remates finales y fallo a espadas para recoger una ovación a posteriori.

El quinto fue un toro con el que le costó quedarse en los medios en el capote. Abanto en la lidia, tanto que El Fandi ayudó y lo dejó perfectamente colocado en corto en el caballo de Pedro Iturralde. Por sorpresa, rompió en la muleta de menos a más, con tres tandas de derechazos ajustados y sin dejarlo pensar. La cuarta por la zurda sería muy sólida. Otras dos más alternadas con ambas manos, pidiendo las palas y exigiendo el trazo al final de la cadera. Manoletinas sinceras y ajustadas para dar lugar a una estocada entera tirándose encima del toro. Prendido por el animal y desde el suelo, se recompuso para ovacionar la muerte de bravo de este Malvarrosa.

La tarde de López Simón fue una montaña rusa en la que hubo momentos de efímera adrenalina, pero en la que al final acabas mareado y sin haber disfrutado de verdad. Se topó en primer lugar con un tercero manejable, que perdió las manos al salir del peto y al que banderillearon muy correctamente Vicente Osuna y Jesús Arruga. Lo tanteó y ligó una primera serie perdiendo solo un paso y moviendo el brazo. Se paró en la segunda y la tercera, tras haberle dado su sitio, fue la más reunida. No entraba en Madrid una obra intermitente, ayudada por naturales y con el epílogo de una última tanda de pegapases a ver qué pasa. Más de diez minutos pasaban de las nueve cuando Madrid ya desconectó. El murmullo de lo que se le había escapado a Ureña con ese Cuba II tapó la última bala de López Simón. Vítores a San Isidro, a España y a la tauromaquia. Por un momento parecía aquello Pamplona con el riau riau. Tito Sandoval cerraba un digno tercio de varas midiendo un castigo liviano, antes de una faena sin argumento en el que el animal se fue quedando corto y el matador tampoco expuso ninguna tendencia distinta a que el color de la obra tomara otros tonos.

El Fandi, en su única comparecencia en este serial, pasó totalmente desapercibido por la inoperancia de su lote. El primero fue un inválido que sólo cabeceó y no quiso romper en la muleta en ningún momento… pese a la mala composición de su toreo y a que lo banderilleó muy desacertadamente. Con el cuarto abrevió debido a su condición de manso empedernido. No quiso pelea ni en los percales ni en el equino, llegando a la muleta sin humillar y desagradecido a más no poder.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 8ª de la Feria de San Isidro. Casi lleno (22.275 espectadores) en tarde soleada. Se lidiaron seis toros de Puerto de San Lorenzo, muy bien presentados. Manso e inválido el 1ª, enclasado y a más el 2º, potable el 3º, malo y muy manso el 4º, a más y sin humillar en la muleta el 5º y parado y sin transmisión el 6º.
  • El Fandi (grana y oro): silencio en ambos.
  • Paco Ureña (blanco y oro): ovación con saludos tras aviso y oreja.
  • López Simón (canela y oro): silencio tras aviso en ambos.

 

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