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Galería fotográfica del festejo.//Plaza 1
Él solo era el cómplice
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Él solo era el cómplice
Crónica Madrid. 6ª de la Feria de Otoño

Él solo era el cómplice

Darío Juárez

Nunca le quiso echar, ya se fue él. Le dejó a su aire porque todo quedaba en familia. No había venido a discutir, sólo era su cómplice. Le guiñó el ojo y le invitó a tomar asiento. Era ya un privilegiado. Eolo se dejó querer y quiso ceder el protagonismo a su secuaz: Urdiales. El trato que ha recibido este temporada es profundamente injusto, al ser la de hoy la quinta tarde en la que hacía el paseíllo. Pero esta vez fue rocío del alba y una bendición caída del cielo. Dicen que el destino es para el que lo persigue, sin embargo la tarde parecía estar ya escrita. La tónica costumbrista que ha llevado a Octavio Chacón a enfrentase a animales difíciles y exigentes, no cambió de bando ni para obrar como excepción; mientras que a David Mora, otro gran toro –el de la feria– le volvió a descubrir, indicando el mal estado de este torero desde hace tiempo. Era evidente que pese a todo, Urdiales necesitaba refrendar su otra gran tarde de su lacónica temporada, como fue la de Bilbao, con un triunfo que cupiera en todos los corazones que lo presenciaron. La suerte quiso ponerle en el camino un lote para cubrirse de gloria, torería y pulso, y para llevarle en volandas al lugar de los elegidos. Y hacia allá se fue. Al salir se oyó un grito de una voz en off que se dirigía al acomodador del viento: «¡Suéltele! Él sólo era cómplice». Fue un 7 de octubre cuando Diego Urdiales enamoró a Madrid con la mejor faena de la temporada.

Los andares lo presagiaban. Tras un recibo capotero con soltura y brillantez, galleó por chicuelinas al paso al que abrió plaza, para llevarlo al jaco donde no se le picó. Dos medias abelmontadas tras un rígido quite por chicuelinas fue la carta de presentación de Octavio Chacón, que había venido también a batirse el cobre. Eolo se empeñaba en ser protagonista, pero Diego Urdiales le avisó por las buenas y ahí le dejó. Dos derechazos que destacaron por encima del resto rompiendo el «bien» de Madrid, fueron el inicio del resto… Le cambió los terrenos tras un tanteo para huir de ese compañero infructuoso, pero al toro le sentó peor. Quería coger las telas en los primeros compases donde empezó a pecar de tardo. Todo acabó con toro y torero pegados a las tablas del seis. En esos lares, el riojano aprovechó la inercia donde Retama se los tragaba todos. Un arrimón con argumentos, lleno de matices y sobreponiéndose y dominando una embestida con torería, verdad y poder. Remates que desprendían recio sabor y aroma a romero, sabiéndole andar y salir de la cara. Estocada entera, ejecutando el volapié con apresto y suprema efectividad para cortar la primera oreja de la tarde.

Pero cabía algo más. Hacer historia y reventar Madrid como sólo él ha sabido hacerlo en mucho tiempo. Conquistar el cielo tras una faena al cuarto de Fuente Ymbro, que bien merece ser estudiada en los libros de historia. La historia del toreo. Justamente lo que hoy Urdiales ha subido a los altares. Hurón anunciaba la tablilla. Enmorrillado, hondo y con pecho palomo a grandísima escala. Lo saludó por verónicas que quisieron entonar melodías efímeras que salían de una embestida que lo hacía muy bien por el derecho, pero mejor todavía por el contrario al salir del peto. Lo empezó a tantear de manera incierta porque el toro no paraba. Hasta que le cogió el aire y se puso a torear con cadencia y buscando la pausa y el sosiego. Soberbia tanda de naturales que puso a Madrid en pie, acariciando con las yemas de los dedos la embestida. Otra más que se unió desprendiendo soltura, torería y pureza a morir. El tempo, la magia del temple, el degustar Madrid por la vía de lo imperial. Algo que quedará para la historia. Una tarde cuatridimensional. Era todo música en la letanía del toreo. El café de las seis de la tarde, el bocadillo a media mañana y el calor de la familia son cosas que apetecen. Y ver a Diego Urdiales resquebrajar Madrid por todas partes, a esta afición, le apetecía mucho. Todo encajaba. También la estocada entera para que cayeran las dos orejas con dos vueltas al ruedo. Madrid era suya.

Otro de los nombres con atractivo que llevaba el bombo era el de Octavio Chacón. San Isidro le valoró como torero y hoy se lo confirmó al frío otoño que entraba en Madrid. La tarde seguía su guión y como no podía ser de otra manera, sorteó el lote más duro, exigente y complicado. Raza por encima de todo fue lo que puso y expuso con el que lidió en segundo lugar. Una alimaña indecisa entre embestir o arrollar en los primeros tercios, que llegó a la muleta con un peligro sordo con todo lo que se le hiciera por alto. Era salir del muletazo, volverse y tirar un hachazo seco. Uno de ellos llegó alcanzar la cara alta derecha de la taleguilla. Sin cornada y sin mirarse, volvió a la cara de ese Soplón que le seguía avisando, pero al que el gaditano supo poder jugándose el tipo y los muslos. Otra gran estocada le sirvió para pasear una oreja con honores. Sin embargo, el quinto fue un toro parado de salida que derribó violentamente al caballo, tirándole una coz al matador; que en la carrera al volverse hizo por él y le cogió por el vientre, afortunadamente sólo prendiéndole del chalequillo. En la muleta el toro ya se vio podido. Huía de la tela que bien le presentaba el de Prado de Rey, consintiéndole, firme y constante. Faltó ese mínimo que llegara a esa oreja para acompañar a hombros a Diego, pero no había materia prima.

Por su parte, David Mora volvió a demostrar que no se encuentra bien pese a lo que quiera hacer creer. Es evidente. En su día tocó aguas de reconocimiento –tras el grave percance de 2014– con un gran toro como Malagueño de Alcurrucén, del que sigue viviendo. Aquella tarde fue la excepción, porque tras ese día, además de oír tres avisos, en Madrid y en muchas otras plazas se le han ido toros de quilates. La tarde, mientras tanto, seguía su guión y hoy no podía ser menos... Laminado se iba arrastrado entre palmas que se rompían cuando el tiro de mulas emprendió la marcha hacia el desolladero. Qué toro… Y qué pena de torero. Sólo lo entendió Carretero en la brega. Presuroso, descompuesto y fuera de sitio constantemente, quiso convencer de que lo estaba haciendo bonito y bien. Se estaba dando de bruces contra su destino, ya que es el enésimo toro que se le va a este torero. El hombre con más suerte en los sorteos, desaprovechó esta vez un soberbio y encastado animal de Fuente Ymbro, que pedía enteros y un torero de verdad. Lo segundo no existió en ningún momento. Como tampoco supo meterle mano al sobrero sexto. Un toro de El Tajo, mal presentado ya la que le salvó la cuerna, y que obedecía y metía la cara en la muleta. Ni uno le dio.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 6ª y última de la Feria de Otoño. Casi tres cuartos de entrada (17.364 espectadores) en tarde fría y con muchas rachas de viento. Se lidiaron cinco toros de Fuente Ymbro y uno de El Tajo (6º bis), de correcta presentación a excepción del sobrero. A menos el 1º, peligroso el 2º, muy bueno y encastado el 3º, con mucha transmisión y clase el 4º, manso y podido el 5º y dejándose el 6º bis.
  • Diego Urdiales (azul marino y oro): oreja tras dos avisos y dos orejas con dos vueltas al ruedo.
  • Octavio Chacón (canela y oro con los remates negros): oreja y ovación con saludos.
  • David Mora (lila y oro): bronca y silencio.
  • Ángel Otero se desmonteró tras parear al tercero.

 

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