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Emilio de Justo emerge en la exigencia de Escolar
Emilio de Justo cortó la única oreja de la tarde en la cuarta de San Fermín.//Emilio Méndez/Cultoro
Crónica Pamplona. 4ª de la Feria de San Fermín

Emilio de Justo emerge en la exigencia de Escolar

Leo Cortijo

No hay que ser un lince ni saber mucho de esto para tener claro, ya de antemano, que una corrida de José Escolar no es la tonta del bote. No es a lo que estamos acostumbrados en el 90 por ciento de las tardes. Partiendo de esa base, el envío del ganadero de Albaserrada fue variado a más no poder, ya que hubo de todo. Interés y emoción merced a algunos animales exigentes y que desarrollaron sentido conforme avanzó la lidia. De forma llana: listos como la madre que los parió. Con estos mimbres, hubo un torero que apuntó su nombre para decir aquello de «Aquí estoy yo». Nunca es tarde si la dicha es buena, y si han tenido que pasar más de diez años de alternativa para que el gran público descubra a Emilio de Justo, bueno es. Más vale tarde que nunca. El extremeño acarició la puerta grande tras una tarde de ideas claras, voluntad y firmeza a raudales y buen concepto del toreo. Que vale para las duras –como la de hoy en Pamplona– está más claro que el agua, pero que si se le abre un hueco en la otras, tampoco pasaría nada. La parte más aciaga la personificó Javier Castaño, que pagó con sangre la papeleta que le planteó su segundo. Gonzalo Caballero, por su parte, se marchó de vacío y después de apuntar bien poquito.

La geniuda salida de Chulón le generó un momento de apuro a Javier Castaño cuando se le coló al intentar lancear con la capa. En varas, a pesar de que se dejó pegar, se le dio de lo lindo. En banderillas destacó Joao Ferreira, que expuso una barbaridad y fue reconocido por el público. El escolar, que no fue la tonta del bote, correspondió encastado y con empuje a la muleta que le presentó el salmantino, al que le faltó dar un paso adelante. El trasteo, por ambos pitones, resultó lineal y apenas tuvo momentos de grandes cotas. Todo, además, cimentado en exclusiva por el pitón derecho. En las postrimerías de faena el toro se lastimó la mano izquierda y eso obligó a estoquear sin poder colocarse como debiera, por lo que abundaron los pinchazos antes de un espadazo de aquella manera. Con el segundo de su lote afloraron las complicaciones debido a su exigente comportamiento. El toro tenía carbón, acortaba el viaje y reponía pronto, lo que obligaba a perderle pasos continuamente. Ese muleteo irregular, deslucido y a media altura no llegó a buen puerto y la exigencia del escolar cayó en saco roto. Lo peor de todo, la cogida en el bajo vientre que sufrió al entrar a matar a su complicado oponente, que se orientó durante la lidia sin que nadie lo domeñara.

El segundo de la tarde, Churrero, se mostró remiso en la jurisdicción del pica, sin ninguna entrega. Ese mismo comportamiento desentendido se extendió hasta la faena de muleta de Emilio de Justo, que aunque anduvo muy firme y con mucha voluntad, se las dio con un imposible. Como si la cosa no fuera con él, el de Albaserrada se movió de allá para acá a la defensiva y sin emplearse. Buen trazo en los muletazos, toques firmes y mando, que es lo que precisó el toro. Pero en eso quedó todo, en la muy loable voluntad y actitud del matador extremeño, que acabó paseando una oreja de peso. Inteligente y práctico fue el saludo capotero a su segundo, Confitero, intentado domeñarlo desde el primer instante. El toro, que dejó una cumplidora pelea en la primera vara, acortó el viaje en banderillas y puso en más de un aprieto al rehiletero Ángel Gómez, que respondió de forma corajuda. El toro de Escolar no hizo gala a su nombre y todo lo que le ofreció a Emilio en la muleta fue amargo. Con la casta y el poder cogidos con alfileres, el animal se movió sin transmitir ni una cosa ni su contraria. De nuevo, con semejante enemigo, vimos a un torero consolidado, seguro y con las ideas muy claras. Buscó siempre la colocación y el muletazo de peso. Pero como en su primero, le faltó toro. Todo quedó emborronado por el mal uso de la tizona.

El cinqueño Sentido I blandeó en el capote de Gonzalo Caballero, que viendo esa debilidad no quiso abusar al respecto. Una falta de fortaleza que tras las varas y las banderillas, también se hizo patente en la muleta del madrileño, que hilvanó series por un lado y por otro sin mayor premio. El animal pasó y pasó como un pan sin sal, y es que desde el principio, con el descaste por bandera, rehuyó la pelea. El serio y prominente Cortijero I soltó la cara en los capotes que le presentaron de salida, y es que su puesta en escena fue impetuosa. Nada más iniciar labor, el toro lo encunó y lo lanzó por los aires sin mayores consecuencias. Gonzalo se recompuso del susto pero evidenció una falta de confianza para lograr imponerse a su exigente compañero de viaje. Otro animal orientado y listo como él solo que no estaba dispuesto a poner las cosas fáciles. Quizá la falta de oficio o la imposibilidad de sacar nada positivo de su oponente, hicieron que redujera notablemente el metraje de su trasteo pasaportándolo cuanto antes sin apenas decir nada.

 

  • Plaza de toros de Pamplona. 4ª de la Feria de San Fermín. Lleno en tarde soleada y calurosa. Se lidiaron seis toros de José Escolar, muy bien presentados. Con fondo encastado el buen 1º; desentendido, deslucido y a la defensiva el 2º; rehuyó la pelea el descastado 3º; muy exigente y orientado el 4º; descastado y deslucido el 5º; exigente el 6º, que desarrolló sentido.
  • Javier Castaño (burdeos y azabache): silencio tras aviso y herido al entrar a matar.
  • Emilio de Justo (blanco y oro): oreja y silencio tras aviso.
  • Gonzalo Caballero (gris y oro): silencio y silencio.
  • Joao Ferreira saludó una ovación tras parear al 1º.

Parte médico de Javier Castaño: Herida por asta de toro de aproximadamente 20 cm. en fosa iliaca derecha que afecta a la piel, y de otros cinco centímetros en profundidad, con afectación de oblicuo mayor y menor, con atricción muscular estando el músculo transverso íntegro y sin penetrar en cavidad adbdominal. Pronóstico grave. Ingresa en el Complejo Hospitalario de Navarra. Firmado: Ángel M. Hidalgo, cirujano jefe de la plaza de toros de Pamplona.

 

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