Por el piton derecho
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Galería fotográfica del festejo.//Plaza 1
La reiteración del ¿por qué?
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La reiteración del ¿por qué?
Crónica Madrid. 3ª Feria de San Isidro

La reiteración del ¿por qué?

Darío Juárez

Me sigo preguntando qué hemos hecho mal para merecer esto. En qué estamos convirtiendo este espectáculo que denota lo decadente que puede resultar la esencia del toreo en la actualidad con ganado como el de hoy y el que estamos acostumbrados a tragar la mayoría de las tardes. Un rito ancestral que parte de la conexión entre la vida y la muerte. Carácter virginal de la pureza, la inteligencia y la estética, ante un océano de fiereza y bravura. Pero eso era antes. La actualidad hace ver algo muy diferente. Vacadas mermadas de verdadera sangre brava que profanan el catecismo de lo que significa la Fiesta. La auténtica Fiesta. Esa que mana del único protagonista que es el toro y de la emoción que desprende su bravura al embestir y la técnica torera que es capaz de lidiar tales pasajes.

Cuando no se da toda esa serie de circunstancias, sólo queda consolarse con el pensar que San Isidro es una feria larga y algo acabará ocurriendo. O no. Ese es el problema, la incertidumbre que te genera a posteriori el venir a los toros en días como hoy, donde es verdaderamente lamentable pensar que hay profesionales (llamados así porque cobran) de este corte. El momento en el que la sinvergüencería hace acto de presencia y mancha ilegítimamente la raíz de esta liturgia. Pero claro, el muro de las lamentaciones acabará cayendo y el despoblamiento de las plazas será testigo de ello. Y si no, al tiempo.

Parece que no hay términos medios para hablar de David Mora en esta plaza. Del infierno al cielo y viceversa. Una gran cornada hace tres años que le retiró de los ruedos para volver el pasado año a cortar dos orejas a Malagueño de Alcurrucén. El toro que le volvería a poner en el camino de las contrataciones y de las contradicciones cuando ocurre lo aconteció en el 5º de la tarde. Un toro con 611 kilos de peso, que pecaba de andarín en los primeros tercios y que llegó con soltura a la muleta. Con él, el madrileño estaba siendo destapado, puesto que el tranco de Huracán era alegre y transmitía. Se le estaba dejando ir. Un toro que no le sobraba la fuerza pero exigía distancias y cómo no, lo más difícil que era templarlo. «De eso ya no me queda. Si quiere usted otra cosa...». Nada, déjelo. Por otra parte, hay que decir que David sigue muy mermado de facultades, habiendo sido demostrada esta afirmación al querer doblarse por abajo en el inicio de faena y no poder.

El pitón contrario, el izquierdo, no quiso ni un puñado de palomitas de las que se están vendiendo en los prolegómenos de las tardes. No, no era una sala de cine, aunque bien podía haberlo sido para dar paso a una película de terror con el matador como protagonista: escuchar tres avisos. No es de hoy que si una espada no ha hecho el daño suficiente para hacer caer a un toro, se vuelva a ejecutar la suerte y no dejarte la muñeca descabellando continuamente. Así fue, a los 15 minutos, el presidente mostró el pañuelo y salieron los cabestros para nada. Desde un burladero, un subalterno tomándose el reglamento a la torera, lo apuntilló cayendo en el acto.

Con el 2º nada pudo hacer. Le tocó en suerte un toro muy manso que sólo buscaba huir por cualquier sitio, tanto es así, que por el callejón lo intentó hasta en tres ocasiones. En la muleta no se dejó, yéndose de la suerte despavorido y sin un claro destello de clase. El único protagonista de la tarde sería Ángel Otero. El torero de plata dejaría dos pares de banderillas de gran calado, siendo el último llamado a ser uno de los mejores de la feria y a su vez, antológico.

Abría el cartel el riojano Diego Urdiales. Un torero que parece mentira que no conozca aún los terrenos de la plaza de Madrid y que siga estando acartelado con tres tardes en un serial de esta importancia y categoría. No nacimos ayer para conocer los terrenos donde el aire molesta menos, donde cuando las condiciones de la lidia te piden llevarte el toro a otro lado, uno con tablas lo sepa ver. Con el que abría plaza se gustó en un quite por verónicas muy asentadas pero llevadas a cabo desde Torrelodones. Un manso colorado justito de fuerzas, que perdería las manos a la salida de la primera vara y se haría dueño y señor del tercio. La muy mala lidia de El Víctor, engrandecería su abanico de defectos. En la muleta se dejó las dos primeras tandas en las que el vendaval amainó. Sin embargo, todo se truncó. Volvía Eolo y con él, la necesidad de cambiar de mano a ver si por ahí era. No, por ahí no transmitía y aparte le costaba repetir. Con la espada tampoco tendría su mejor tarde, llegando a escuchar hasta un aviso, ya que la faena no mue nada larga. El 4º se vino abajo muy pronto. No por el escaso fondo que tenía sino que la prontitud, el repetir, salir a los medios y meterlo en la muleta, sería una utopía.

Por último, el cartel lo cerraba el joven José Garrido. Con el 3º que salió por chiqueros no pudo hacer nada destacable en la faena. En el capote, se pudo paladear el gusto que tiene el toreo de capa del extremeño, doblándose con el toro para abajo y evocando a una tauromaquia antigua. Sin embargo, el varilarguero encargado de llevar a cabo el tercio, Curro Sanlúcar, lo destrozó. Dos varas muy caídas y traseras que hicieron que todo lo que tenía el toro se quedara en el peto. Ya con la franela, se pudo ver que con la enorme carencia de fuerzas que llevaba ayudaría a que la faena no tuviera nada que contar. Jacobero se echó y se acabó. Cerraría la tarde con un sexto y último que pudo valer, de haberle hecho las cosas despacio y con una mejor colocación. No es que fuera una hermanita de la caridad pero Garrido cuando quería citarlo por el lado derecho para dejarlo en la muleta, se quedaba fuera y tenía que rectificar constantemente ante los silbidos de atención del 7. El pitón contrario era desagradecido y no le pidió nada al torero, así que por tanto y ante el desencanto del público, acudió a por la de verdad.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 3ª de la Feria de San Isidro. Algo más de 3/4 de entrada (19.538 espectadores) en tarde nublada y ventosa. Se lidiaron seis toros de El Pilar, de correcta presentación. Muy mansos 1º y 2º; apagado el 3º; descastado el 4º; con teclas y recorrido el 5º; y soso el 6º.
  • Diego Urdiales (azul marino y oro): silencio tras aviso y silencio.
  • David Mora (rosa y oro): silencio y bronca tras tres avisos.
  • José Garrido (obispo y oro): silencio en ambos.

 

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