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La sensibilidad pamplonica y el petardo de Gallardo
La corrida de Fuente Ymbro fue una procesión de toros paupérrimos.//Emilio Méndez/Cultoro
Crónica Pamplona. 6ª de la Feria de San Fermín

La sensibilidad pamplonica y el petardo de Gallardo

Leo Cortijo

Que si la plaza no está en buenas condiciones, que si los animales acusan demasiado el encierro, que si el célebre pienso, que si patatín o que si patatán. Ricardo Gallardo seguro que encuentra alguna razón que explique el paupérrimo nivel de sus pupilos. Ya no es la bravura, la casta y el poder, pues ese es un escalón que quedó lejísimo. Es que ni siquiera la fuerza suficiente como para aguantar dos puyacitos y llegar sin caerse a la muleta. Una pena, vamos. Una procesión de seis animales imponentes de fachada, pero muertos por dentro. Con semejante material, bastante hicieron los que se pusieron delante. Lo mejor lo firmó Perera, que a base de inteligencia a punto estuvo de pasear una oreja si no hubiera fallado con la espada. Si la paseó, pero con otro registro de inteligencia, López Simón. Una voltereta y su posterior teatralización y un espadazo efectivo le valieron al madrileño. Como también a Castella, que la cortó por ponerse pesado y por matar a la primera. Porque sí, esa fue la diferencia entre Perera y los otros dos. En Pamplona basta con matar a la primera de forma rápida y de la manera que sea. Como si se les fuese la vida en ahorrar sufrimiento al toro. Qué sentimientos tan especiales tiene Pamplona, ¿verdad?

El imponente y montado Hechizo que abrió festejo buscó en un par de ocasiones la salida antes de dejar una discreta imagen en varas. Los de tanteo sirvieron para que el animal perdiera las manos en dos ocasiones y para que Sebastián Castella comprobase que el mansito no iba sobrado. Y por ello, el muleteo del francés fue de toques suaves y viaje a media altura, sin exigir al débil oponente. Con esos condicionantes y con la ausencia de un golpe en la mesa del matador, que se puso pesado para mal, la faena resultó lineal y aburrida. La guinda fue un espadazo traserísimo y algo caído. Su segundo tampoco levantó el ánimo de los apesadumbrados tendidos, y es que Libertador no dio buenas sensaciones ni de salida ni en varas ni en banderillas. Al hilo del olivo y por alto inició el francés su parlamento, sabedor de que no iba a sacar nada en claro. Entre la inoperancia del animal y el toreo monocorde de Castella, el capítulo fue insufrible. Alargó y alargó en busca del premio banal… y cayó. La oreja, solo por matar a la primera, fue un chiste de los que no hacen gracia.

La abanta salida de Pijotero hizo que Miguel Ángel Perera no pudiera lucir con el capote antes de que el fuenteymbro fuera picado primero en la querencia y después en la contra, manseando en ambas varas. El aquerenciado no quiso nada, y todo lo que hizo fue moverse lanzando gañafones, a la defensiva. El ofuscamiento lo pagó en el último tercio, pues la espada se le fue al sótano. Su segundo, el astifino y ofensivo Pasajero, se mostró remiso para acudir al peto de la contraquerencia. En banderillas, sin que brillase la lidia, se movió de allá y para acá causando el caos. En la muleta, un espejismo. Un inteligente Perera no le dejó pensar, le tapó la salida y enlazó muletazos dejándosela siempre en la cara, para así conseguir lo único potable de toda la tarde: tres tandas efímeras y con ese particular concepto. Poco premio, pero viendo lo que había delante… más de lo que cabía esperar.

Con dos velas mirando al cielo apareció en el ruedo pamplonica Escogeperra, que evidenció algún problema de visión y así lo hizo saber López Simón. El pupilo de Gallardo demostró en los primeros tercios que lo suyo iba a ser moverse en el alambre. O ni eso, pues su fortaleza era paupérrima. Incomprensiblemente no vio el pañuelo verde, llegó a la faena de muleta y allí no hizo más que claudicar y dar más pena que otra cosa. Abrevió el de Barajas y esperó mejor suerte en el sexto, Tejedor, pero su gozo cayó en un pozo. El animal se dañó la mano izquierda y eso lo empezó a acusar hasta que el guión dio un giro radical cuando el madrileño sufrió una voltereta sin consecuencias. Eso, un arrimón pegado a tablas y un espadazo efectivo, le valieron para ganarse el cariño del público, aunque no pegase ni un muletazo para recordar. Muy listo Alberto, que hizo a la perfección lo que gusta en Pamplona. Se pidieron con fuerza las dos orejas, pero la presidenta, muy correctamente, aguantó y solo concedió una. Menos mal.

 

  • Plaza de toros de Pamplona. 6ª de la Feria de San Fermín. Casi lleno en tarde soleada y calurosa. Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro, bien presentados, serios y ofensivos de testa en líneas generales. Con la fuerza muy medida el imponente y montado 1º, mansurrón a la defensiva y de embestida descompuesta el 2º, inválido el 3º, muy blando y afligido el paupérrimo 4º, se movió con genio el temperamental 5º y, lesionado, embistió de forma descompuesta el 6º.
  • Sebastián Castella (grana y oro): silencio tras aviso y oreja tras aviso con algunas protestas.
  • Miguel Ángel Perera (azul soraya y oro): silencio y ovación con saludos tras aviso.
  • López Simón (azul rey y oro): silencio y oreja con petición de la segunda.

 

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