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Galería fotográfica del festejo.//Pagés
Moral (medio)aprovecha la decadencia de la leyenda
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Moral (medio)aprovecha la decadencia de la leyenda
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Moral (medio)aprovecha la decadencia de la leyenda
Crónica Sevilla. 13ª y última de la Feria de Abril

Moral (medio)aprovecha la decadencia de la leyenda

Leo Cortijo

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la leyenda de Miura está en plena decadencia. Leyenda ganada a pulso ataño por criar animales temibles, fruto de la casta y el poder que siempre ha caracterizado a esta santa casa ganadera. De eso, poco o nada queda a juzgar por los compromisos de la vacada de un tiempo a esta parte. Lejos quedan esos animales que daban sentido a la admirable leyenda del hierro. Mucho más cerca en el tiempo, animales pastueños, blandos y con el milagro de la casta bajo mínimos. Antes, coloquialmente, se decía que no tenían ni un pase… Ahora tienen mil y hasta sirven para ponerse bonito. Mira tú por dónde que igual sirven (y mucho) para esta Fiesta moderna de la toreabilidad y del sentirse a gusto. Ahora bien, el aficionado que quiere miuras quiere otra cosa bien distinta. Así todo, con lo más potable del discreto envío de Zahariche se las vio Pepe Moral, sobre todo con el cuarto, un bomboncito en la muleta con el que no terminó de cuajar una obra maciza como requería el toro. Ahí estuvo su debe, pues eso le privó de salir por la Puerta del Príncipe, algo que tuvo en su mano. El que no pudo hacer nada fue Escribano, que pechó con tres imposibles, aunque volvió a dar una lección de vergüenza torera.

Pepe Moral fue a por todas en su segundo y, decidido, recibió a Limonero a portagayola, un toro que abría más la cara que ninguno de sus hermanos, tampoco ofreció nada fuera de lo normal en varas. Un torero inicio para sacárselo a los medios fue el aperitivo perfecto a una labor a placer debido a la bondad y la pastueña embestida del ejemplar de Miura. Comenzó a derechas, enfrontilado, con el compás abierto y cargando la suerte. Y por ese lado siguió tras encontrar menos respuesta por el pitón izquierdo. Loable su actitud y su empeño por buscar siempre la colocación correcta y el trazo de muletazo más puro posible. Apostando por ese concepto dejó algunos derechazos de nota. Ahora bien, no terminó de ser un parlamento rotundo en su conjunto, y la verdad es que el toro lo hubiese permitido porque fue un bombón en la muleta. El no terminar de dar ese golpe sobre la mesa y rayar –por momentos– un escalón por debajo del burel le impidió cortar el doble trofeo. La presidenta Anabel lo bordó al respecto.

Antes, a su primero, el más justo del encierro, lo saludó con una larga de rodillas, para luego lancear a la verónica con gusto. El turno del varilarguero resultó insustancial, pues el animal se dejó pegar sin emplearse lo más mínimo. El animal blandeó en el quite de Escribano y lo volvió a hacer perdiendo las manos en la primera tanda con la muleta. Debido a la escasa condición de su oponente, que tuvo cierta calidad pero la fuerza muy medida, el de Los Palacios se vio obligado a muletear a media altura, sin poder exigirle nada para que éste no claudicara. Ahí surgió la pinturería sin peso de Moral con un animal que dio la sensación en todo momento de ir cogido con alfileres. El conjunto de la obra resultó carente de emoción, y es que a falta de toro Pepe tampoco dio un paso al frente decidido. No me pregunten por qué (quizá porque la estocada entró a la primera) se pidió la oreja y la presidenta entendió que era mayoritaria la petición. El sexto capítulo casi ni existió. Limosnero, para no dejar en mal lugar a sus hermanos, hizo la misma inútil pelea en varas que el resto. Para el recuerdo, el espectacular par de José Chacón. Mientras la lluvia arreciaba y la gente comenzaba a irse, Pepe se justificó sin convicción con un cierraplaza deslucido e inoperante que tuvo además un gran peligro sordo.

El largo, agalgado y huesudo Redondito que abrió la última del ciclo abrileño representó a la perfección la morfología prototípica del toro de Miura. El pupilo, que superó los 600 kilos en la báscula, no convenció en su pelea en varas. Manuel Escribano quiso lucirse con los rehiletes como carta de presentación, pero lo cierto es que la ejecución de los mismos no fue la más acertada posible. El amago de inicio muletero, con desarme incluido, fue muy desacertado, pues dispuso un cambiado por la espalda y un molinete antes de perder la muleta. No le hizo las cosas bien y eso condicionó el resto de la lidia. Probó distintas distancias para ver cuál era la adecuada, y en esos tanteos se perdió un tiempo de oro. Por fin entendió que la media distancia era la correcta, aunque ya era tarde, pues no terminó de confiarse en ningún momento con el exigente miura, que repuso y acortó el viaje. El naufragio fue total y al de Gerena no le quedó otra que mostrar la bandera blanca y pasaportar, con habilidad, eso sí, a su oponente.

A su segundo, Bigote, lo recibió a portagayola para después recetarle otras dos largas cambiadas de rodillas pegado a tablas. Galleando lo condujo a la jurisdicción del pica, que no pudo medir más el poco empleo del animal. A diferencia del toro anterior, con las avivadoras anduvo mas certero, y levantó al público de su asiento con un tercer par al quiebro y al violín. Ya no lo pondría más en pie en este capítulo, pues el trasteo fue un querer y no poder. El barco no llegó a buen puerto debido a la poca acometividad y la nula casta del miura, que terminó por venirse abajo y afligirse en la muleta del sevillano. De uno en uno y provocándole mucho, tuvo que tirar de él para no acabar de dibujar una obra consistente. El que iba a hacer quinto, Trianero, se fue para atrás tras una invalidez manifiesta y ni siquiera fue picado. En su lugar salió el playero Limeño, al que también recibió a portagayola. Con los palos volvió a poner a todos de acuerdo y es que ejecuta un tercio vistoso y alegre. Nada de vistosidad y alegría habría después en la faena de muleta. El animal, siempre por encima del estaquillador, derrotaba en lugar de embestir, y aunque el coleta insistió por ambos pitones resultó imposible sacar nada positivo. Nada que hacer ante un animal a la defensiva y de embestida descompuesta.

 

  • Sevilla. Real Maestranza de Caballería. 13ª y última de la Feria de Abril. Casi tres cuartos de plaza en tarde nublada y con intervalos de lluvia. Se lidiaron seis toros de Miura, uno de ellos como sobrero (5º bis), desiguales de presentación. Exigente y complicado el 1º; manejable, noblón y muy flojo el justo de presentación 2º; descastado, deslucido y soso el 3º; nobilísimo y un bombón en la muleta el pastueño 4º; a la defensiva y de embestida descompuesta el nulo 5º bis; deslucido el 6º.
  • Manuel Escribano (nazareno y oro): ovación con saludos, ovación con saludos y ovación con saludos.
  • Pepe Moral (negro y plata): oreja, oreja y silencio.
  • José Chacón saludó una ovación tras parear al 6º de la tarde. Antes de romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de José Rodríguez El Pío.

 

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