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Galería fotográfica del festejo.//Plaza1
Ocho avisos, una cornada y una oreja 'in extremis'
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Ocho avisos, una cornada y una oreja 'in extremis'
Galería fotográfica del festejo.//Plaza1
Ocho avisos, una cornada y una oreja 'in extremis'
Crónica Madrid. 28ª de la Feria de San Isidro

Ocho avisos, una cornada y una oreja 'in extremis'

Luis Miguel Parrado

La tarde se despeñaba cuando salió el sexto, que cerraba lo que llevaba camino de ser una gayumbada importante con el hierro de El Ventorrillo. Encima, Ritter cayó herido después de trompicarlo el quinto a la salida de una chicuelina del quite que estaba haciendo. Por si fuera poco, algunas faenas se hicieron eternas y, la verdad, al abrirse la puerta de chiqueros para que saliera el último lo que estábamos deseando muchos es que aquello fuera breve.

No recuerdo bien ahora qué ganadero acuñó el término de el ‘paracaídas’, que define a ese toro que sale al final y medio arregla una tarde de petardo. Esta vez, por suerte, apareció. Castaño oscuro, estaba enchiquerado como segundo del lote de Ritter, pero por la cornada se hizo cargo de él Eugenio de Mora, que hasta ese momento no llevaba una tarde precisamente afortunada. El primero, bruto como él solo, no humilló ni una sola vez, y por dos ocasiones le arrancó la muleta de las manos al finalizar los arreones que pegaba. Anduvo entre altibajos con el cuarto, que metía la cara en el embroque pero luego no iba para delante, y que hubiera necesitado un matador decidido a apostar. Por suerte para Eugenio salió ese sexto, sin duda el mejor del encierro, con el que hizo el esfuerzo para que no se le fuera la tarde en blanco. Así que le dejó el engaño ahí para ligar tandas no demasiado largas que abrochaba bien con el de pecho y, aunque sin mayores apreturas, no dejando que el animal tocase el engaño, buen trato que le hizo acrecentar virtudes. También al natural, por donde se desarrolló el tronco central de la faena antes de volver al derecho para epilogar apretándole más y buscando la ligazón. La espada cayó en lo alto y el toro tardó en caer hasta el punto de sonar dos avisos. Pero la oreja también llegó a las manos de Eugenio dándole una inyección de la ilusión que le había faltado en los dos primeros.

Esa virtud de jóvenes, ilusión, la puso por delante Francisco José Espada en sus dos toros. Pero a veces eso no es suficiente. El que abrió su lote fue complicado por pegajoso, ya que nunca se iba de los vuelos más allá de donde lo dejaba la muleta, así que había que perderle pasos. Pero como Espada pretendía gustarse se quedaba ahí, y a veces se vio apurado. De todas formas hubo muletazos de buen trazo, sobre todo cuando el matador se atemperaba olvidándose de las prisas por triunfar, porque entonces surgía el temple. Comenzó por estatuarios frente al que cerraba su lote, un animal que en el caballo cobró lo suyo y la extraordinaria, para en la muleta no sacar clase y potenció el defecto de soltar la cara al final del muletazo. Claro, que a eso también ayudó la cantidad de veces que enganchó los trastos del voluntarioso matador, porque el cinqueño fue uno cuando le cogían la velocidad y otra cuando aquello surgía afanoso sin más. Encima se atascó con la espada y poco quedó en el recuerdo.

Queda dicho que Ritter se dejó dentro al mejor toro de la corrida por un quite que no le iba a dar nada. Careció de clase el único que pudo estoquear, algo que se acrecentó por la cantidad de enganchones que llegaron durante la primera parte del trasteo. Y es que el sudamericano tardó mucho en cogerle el aire hasta que por fin consiguió acoplarse y, al natural, templarse con el astado, que con buen trato, o sea, llevándolo tapado en su altura sin dejar que la tocase, pacificaba su deslucida condición. Estuvo Ritter mucho tiempo en la cara, demasiado, y pese al fallo con el descabello lo sacaron al tercio para recibir una ovación que hubiera sido mucha mayor renta de haber podido ponerse delante del que cerraba su lote.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 28ª de la Feria de San Isidro. Menos de media plaza (11.559 espectadores según la empresa) en tarde soleada. Se lidiaron seis toros de El Ventorrillo, todos cinqueños, bastos, de feas hechuras y muy pobre juego a excepción del sexto.  Pesos: 561, 537, 577, 607, 564 y 597 kilos.
  • Eugenio de Mora (añil y oro): Pitos tras dos avisos, silencio y oreja tras dos avisos.
  • Ritter (añil y oro): Saludos tras aviso en el único que mató.
  • Francisco José Espada (perla y plata): Silencio tras dos avisos y silencio tras aviso.

Parte médico de Ritter: Heridas por asta de toro en cara interna del tercio medio de la pierna derecha con una trayectoria hacia arriba y hacia cara externa de 20 centímetros que lesiona vena safena interna, produce destrozos en músculos gemelos y contusiona arteria y nervio tibiales posteriores. Herida superficial en pliegue inguinal derecho. Es intervenido bajo anestesia general y se traslada a la Clínica de la Fraternidad. Pronóstico: grave. Fdo. Dr. García Leirado.

 

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