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Qué nivel, Maribel
Francisco de Manuel desorejó a su segundo novillo y salió por la puerta grande.//Emilio Méndez/Cultoro
Crónica Pamplona. 1ª de la Feria de San Fermín

Qué nivel, Maribel

Leo Cortijo

Arrancó San Fermín y lo hizo con la tradicional novillada. El pistoletazo de salida a la Feria del Toro fue una escalera de novillos descastados, mansos y blandos que propiciaron bostezos a diestro y siniestro. En el cartel se anunciaban dos de los novilleros punteros del escalafón. Punteros por el número de compromisos, porque Cadaval y Toñete, hijos del Moranco y del hotelero, respectivamente, no faltan en casi ninguna feria que se precie. Y qué quieren que les diga: si es por el nivel que demuestran el ruedo… ¡Qué nivel, Maribel! Si estos dos son los que tienen que tirar del carro, apañados estamos. ¿Qué pensarán los que intentan buscarse un hueco y están fuera del sistema porque no son ni morancos ni hoteleros? Ambos mostraron una versión que genera más dudas que cualquier otra cosa. Pero en fin, así está esto montado. El único halo de esperanza lo puso Francisco de Manuel, al que sí se le adivinan maneras y un toreo de mayor peso que el de sus dos compañeros de cartel. El problema es que se las vio con un lote infumable y apenas pudo apuntar nada de altos vuelos.

La geniuda salida del Rascatripas que abrió los sanfermines incomodó a Alfonso Cadaval en su saludo capotero antes de templarse en varas sin ninguna entrega. La mismas dudas mostró de inicio el novillero al cambiar el percal por la pañosa, tardando en encontrar –si es que encontró algo– los terrenos, las distancias y las alturas más propicias para el suavón oponente que sorteó como primero. Toreando con el mando a distancia, sin ningún ceñimiento y con todavía menos compromiso, hilvanó de forma insustancial y ventajista muletazos por ambos lados. ¡Qué manera de desaprovechar la docilidad del novillo de Pincha! La confianza que le faltó en la cara del animal, le sobró a la hora de dar una chistosa vuelta al ruedo por su cuenta. Su segundo, Hebillero, a punto estuvo de arrollarlo en el inicio muletero de rodillas en los medios. Tras el susto, las precauciones fueron las mismas que en el anterior capítulo. Sin convencimiento ni arrestos, trasteó de allá para acá sin decir apenas nada con el novillo, que se dejó sin transmisión. La oreja, mejor ni comentarla. De chiste.

Toñete condujo galleando a su primero, el vareado Soñador, a la jurisdicción del varilarguero, donde se dejó picar. Ya en faena, el manejable novillo se encontró la mayoría de los defectos del toreo moderno representados en la figura de Catalán: retorcimiento; toreo lineal, desajustado y hacia fuera; falta de colocación y acople… En definitiva, un pegapasismo que, carente de emoción, no terminó de conectar con el público. No obstante, el eficaz espadazo al segundo encuentro le granjeó la petición y la oreja. Tras el paupérrimo paso por varas, su segundo, de nombre Hortelano, acometió de forma deslucida, a media altura y sin emplearse en la muleta que le presentó Toñete. Lo poco o nada que tuvo el desordenado novillo tampoco fue capaz de sacarlo el joven coleta, con otro parlamento repleto de altibajos y sin mando ni toreo de peso. Se eternizó con el descabello y eso terminó de enfriarlo todo todavía un poco más.

Se estiró a la verónica Francisco de Manuel con Fundidor, que salió de najas tras las dos varas que se le suministraron. La misma querencia de manso la cantó con las avivadoras que, sin demasiado brillo, le colocó el propio novillero. Inició en los medios y con las dos rodillas en tierra un trasteo que resultó imposible por la condición huidiza del pincha. Rajado desde el primer instante, fue un querer y no poder. Afeó su disposición con el mal empleo del acero. Como sus hermanos, la pelea en el peto de Oportunisto dejó más sombras que luces. Las mismas sombras que mostró, parado y midiendo una barbaridad, en banderillas. El marmolillo no sorprendió a nadie y en el último tercio volvió a abanderar el descaste, la sosería y la falta de acometividad y boyantía. Otro querer y no poder. Dicho todo esto, su irreprochable disposición y su buena estocada se hacen insuficientes para pasear las dos orejas que paseó. Demasiado y triunfalista premio. Con una hubiese bastado… y debería haber sido la única de la tarde.

 

  • Plaza de toros de Pamplona. 1ª de la Feria de San Fermín. Casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde agradable. Se lidiaron seis novillos de Pincha, disparejos y justos de presentación, con varios ejemplares por debajo de lo que debe marcar Pamplona. Descastado, blando y suavón el 1º; se dejó sin transmitir el vareado 2º; mansurrón el 3º; se dejó el descastado y blando 4º; deslucido y sin clase el descastado 5º y descastado y soso el marmolillo 6º.
  • Alfonso Cadaval (gris plomo y oro): Vuelta al ruedo por su cuenta y oreja.
  • Toñete (verde y oro): oreja y silencio tras aviso.
  • Francisco de Manuel (grosella y oro): ovación con saludos y dos orejas.

 

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