Por el piton derecho
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Román tuvo la Oportunidad en la mano
Román firmó lo mejor en el festejo de Teruel, pero falló con los aceros.//PD
Teruel. Crónica 2ª de la Feria del Ángel

Román tuvo la Oportunidad en la mano

Leo Cortijo

La empresa de Teruel –con mucho acierto, por cierto– la vendió como la Corrida de la Oportunidad por anunciar a seis toreros jóvenes que gozan de muy poquitas oportunidades. En definitiva, una forma de reivindicarse de cara a lo que resta de temporada, y quién sabe si para el futuro que está por venir. Así las cosas, el festejo evidenció más carencias que certidumbres por parte de los coletas, pero eso entra dentro de la más absoluta lógica. Entre todos no suman ni la tercera parte de festejos que a estas alturas ya acumula cualquiera de las figuras del escalafón. Así que las exigencias desmedidas, mejor a otros. Dicho todo esto, el que tuvo la oportunidad en su mano fue Román, que firmó el mejor trasteo ante, seguramente, el toro más incierto, pero el valenciano tiró el premio por la borda por el mal uso de los aceros. Sí paseó una oreja Imanol Sánchez, que tiró de coraje, corazón y arrebato. Los otros cuatro actuantes, con menor o mayor acierto, cumplieron con dignidad, sin más.

Abrió fuego Abel Valls, que se fue a la puerta de toriles para recibir a Platero, el primero de Daniel Ramos que alzó el telón de la Oportunidad. Y no lo recibió sin susto incluido, pues le pasó por encima sin mayores consecuencias. Eso sí, de la voltereta debió salir algo conmocionado, pues no anduvo entonado con el percal. Al blandito animal, cuya fuerza iba cogida con alfileres, le sentó como un tiro el tremendo costalazo que se pegó al dar una voltereta, de la que salió renqueante. El castellonense no consiguió remontar en la faena muleteril, sobre todo por lo afligido y venido a menos de su oponente, al que tuvo que llevar sin demasiado brillo entre algodones, muleteando a media altura, pues claudicaba a las primeras de cambio. Así, su obra no dijo casi nada al respetable turolense, que contempló este primer acto sin entregarse hasta el efectivo espadazo, que hizo aflorar algunos pañuelos que no fueron atendidos por el presidente.

Con una larga cambiada recibió Sergio Cerezos al algo más serio de cuerna Otoñado, que no terminó de encelarse en el capote del turolense. Éste le puso ímpetu y corazón, apostando por la variedad, aunque sus lances resultaron más heterodoxos que otra cosa. El burel, que salió de najas tras dejarse pegar en varas, avivó su comportamiento en banderillas. El trasteo del torero de Teruel, iniciado con cambiados por la espalda, no alcanzó cotas interesantes en ningún momento, en tanto y cuanto no se acopló a la deslucida embestida del mansito animal, que de mala forma se fue tragando los pases –así hay que llamarlos– que su matador le fue dando, evidenciando las carencias del que tiene pocas oportunidades. Lógico y normal por otra parte.

El tercero de la tarde, Notario, fue el más imponente de cara, sobre todo por su ofensivo pitón derecho que miraba al cielo. Tocó en suerte a Imanol Sánchez, que tras el testimonial lanceo con la capa, también tomó los rehiletes para dejar cuatro pares –algunos de bella impronta, otros no tanto– y algún que otro apuro en las carreras a lo Usain Bolt delante del toro. Muletazos de castigo en los prolegómenos de una labor cimentada casi en exclusiva en la mano diestra y basada en la vertiente más corajuda del torero aragonés. Toques muy fuertes y mando para bregar –nunca mejor dicho– con la poca entrega del toro de Daniel Ramos, al que le faltó ese fondo encastado para corresponder lo dispuesto por el coleta. Ahí quedó todo, en la disposición y entrega de Imanol, que apenas dibujó toreo fundamental.

El cuarto de la tarde, Tunecino, fue mal picado y muy mal lidiado antes de que Román entrase al quite por tafalleras. Correspondió su lidia y muerte a Jesús Duque, que entró en el cartel sustituyendo al convaleciente Juan Ortega. Con la pañosa no hubo comunión entre el toro de Borriol y el torero de Requena, pues el animal se puso gazapón y además solo tomó el engaño a arreones fruto del genio –que no casta– que atesoraba. El valenciano tampoco vio muy claro el papel que tenía que jugar en esa contienda, y su trasteo, aunque es cierto que fue de menos a más, se perdió en lo anodino e insustancial por ambos pitones, con muchas reservas por su parte y aliviándose más de lo debido.

A por todas salió Román para lancear de forma notable al cornipaso Pachuco, otro toro de Daniel Ramos con las palas por delante, que manseó de forma clara en la jurisdicción del varilarguero. En banderillas se formó un lío considerable al ponerse difícil de parear, lanzando varios derrotes a la cara del banderillero en el momento del embroque. Firmeza absoluta la del torero valenciano en una primera tanda que puso los pelos de punta con varias coladas del toro que a punto estuvieron de causar un estropicio. Voluntad y tesón de Román en un más que digno muleteo por el pitón izquierdo, que el burel se fue tragando al tiempo que evidenció una merma física en su mano zurda, y que en ocasiones le hizo perder el equilibrio y en otras tantas descoordinar sus movimientos. A esa circunstancia adversa también se sobrepuso el de Valencia por el pitón derecho, apostando entonces por la quietud y por tragarle muchísimo al animal, y más sabiendo lo incierto que éste fue. Se acabó comiendo, casi literalmente, al toro, aunque anduvo muy desacertado con los aceros. Eso le impidió no solo pasear unos trofeos que a buen seguro tenía ganados, sino también ensombrecer su paso por Teruel.

Vistoso saludo capotero de Antonio Puerta a Preclaro, que porfió en varas más y mejor que todos sus hermanos juntos, eso sí, sin ser nada del otro mundo. Salvador Lobato pasó un trago al tomar el olivo tras banderillear, y es que el toro casi le echó mano al gemelo. El murciano firmó de inicio una faena despaciosa y templada por ambos pitones, destacando por la suavidad en los toques y en el trazo del muletazo. Su antagonista correspondió con nobleza y con más calidad que sus cinco antecesores, aunque también es cierto que se vino a negro de forma clamorosa antes de tiempo. Y con el rajado animal, la labor del torero de Cehegín, que con todo, estuvo por encima.

 

  • Plaza de toros de Teruel. 2ª de la Feria del Ángel. Corrida de la Oportunidad. Con dos tercios del aforo cubierto, se lidiaron seis toros de Daniel Ramos, bien presentados en su conjunto, destacando por serios y muy ofensivos 3º y 5º. Flojo el 1º; mansito y deslucido el 2º; descastado el 3º; geniudo y a menos el 4º; lesionado, descoordinado en sus movimientos el 5º; y rajado el 6º.
  • Abel Valls (blanco y oro): vuelta al ruedo tras petición.
  • Sergio Cerezos (rosa y oro): ovación con saludos.
  • Imanol Sánchez (azul marino e hilo blanco): oreja.
  • Jesús Duque (azul marino y oro): silencio.
  • Román (sangre de toro y oro): ovación con saludos tras dos avisos.
  • Antonio Puerta (azul rey y oro): ovación con saludos tras aviso.
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