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Galería fotográfica del festejo.//Plaza1
Toreros de Madrid
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Toreros de Madrid
Crónica Madrid. 4ª de la Feria de Otoño

Toreros de Madrid

Luis Miguel Parrado

Hoy se despedía un torero de Madrid. Que se dice pronto. Un título que alcanzaron muchas figuras y que otros muchos que encabezaron escalafones hubieran envidiado ostentar. No es fácil caer de pie en Las Ventas, pero mucho más difícil es mantener ese estatus de ‘consentido’ de la afición más exigente del mundo.

Hace muchos años un sevillano llegó tieso como una regla a la capital del foro para intentar ser torero. Combinó trabajo y entrenamientos hasta que llegó la primera oportunidad, que no fue fácil, porque no hay que olvidar que Manuel Jesús Cid Sala, de Salteras (Sevilla), ha sido quizá el último torero que ha llegado a ser figura en el circuito de esas ganaderías llamadas comerciales tras haberse forjado con las duras. Pues bien, aquella tierra hostil que era el Madrid de finales de los noventa acabó haciéndose su plaza y su casa a lo largo de una carrera donde sólo la puñetera espada le ha impedido tener un número de puertas grandes al alcance sólo de los privilegiados.

Esta tarde, la verdad, todos pensábamos que la iba a abrir. ¿No se iba a equivocar uno de Fuente Ymbro veinte veces por el izquierdo?. Pues no, porque el que pudo no quiso... y el que quiso no pudo. Por delante, uno bastote, con el que de salida ya se palpó que Manuel quería ser El Cid de siempre. Gustaron los lances de recibo al delantal, y también el empezar la faena con esa zurda que siempre majó oro al natural. Pero al toro, noble, le faltó raza y además fue mirón, así que algunos toques hubieron de ser fijadores de más. De todas formas, una tanda a mitad de faena pareció que iba a levantar el vuelo del conjunto, pero al animal perdía celo y humillación en cuanto se sentía apretado, así que no pudo ser. El cuarto tenía casi la misma hechura y expresión de aquel Libertino-18 que sirvió a Fernando Domecq como semental en los primeros años de Zalduendo. Pero este, dentro de su noble condición, careció de poder para dar verdadera importancia a lo que se le hacía y encima cuando embestía, o se abría de más o claudicaba. Y eso que Manuel Jesús fue por momentos aquel Cid que conquistó Madrid, y lo fue por colocación, por actitud, por distancias y por temple en las muñecas, lástima que el toro no embistiera por el palo de aquel Verbenero de Victoriano del Río, porque estoy convencido de que habríamos visto cante grande de verdad.

Un torero de Madrid que se va... y otro que viene para serlo. Porque hay que ver qué pedazo de torero es Emilio de Justo. Cierro ahora mismo los ojos y recuerdo un puñado de pases de pecho que merecerían una escultura cada uno. Sobre todos, el que abrochó la primera tanda al sobrero de Manuel Blázquez, un animal noble, de escaso fondo, por encima del cual estuvo siempre Emilio, que preñó de torería, temple y prestancia del primer al último muletazo. Aquello era de oreja, pero estuvo hecho un gracioso con la espada. Tampoco fue un prodigio su forma de acabar con el quinto, un toro basto, grandón y feúco con más que torear de lo que parecía. Le aguantó Emilio el venir dormido y marcándolo, así que pocos se dieron cuenta de que en cada muletazo tres o cuatro toques hacían que no tuviera otra que tomarla, aunque sin romper nunca, menos aún por el izquierdo, sobre el que sus defectos se acrecentaban de aquella manera. El caso es que no hubo triunfo, pero Madrid está deseando volverlo a ver... que es otra forma de triunfar.

Ginés Marín tuvo en su mano ser torero favorito de Las Ventas, porque hay que ver cómo estuvo hace dos temporadas. Después entró en una especie de letargo del que despierta a ratos. En esta su última presencia del año en Madrid sorteó por delante al peor de un mal encierro. Tuvo genio inicial el astado antes de empezar a aburrirse y defenderse, no pasando el matador de solvente con tan deslucido ejemplar. El sexto apuntó pero no disparó, y tras querer colocar con buen estilo la cara en sus primeras arrancadas se afligió. Y ya se sabe que con toros así es imposible que la gente se meta en faena, lo que sí hizo en cuanto, nada más finalizar la corrida, la afición de Madrid (Rosco incluido) comenzó a saltar para sacar en hombros a uno de los matadores que mayores satisfacciones le ha dado en los últimos tiempos. La única puñeta es que, con esto de encorsetar los sentimientos, se lo llevaran en esta tarde postrera por la puerta de cuadrillas y no por esa tan grande que mira a la calle de Alcalá.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 4ª de la Feria de Otoño. Más de tres cuartos de entrada (19.535 espectadores según la empresa) en tarde espléndida. Se lidiaron cinco toros de Fuente Ymbro y uno (2º bis) de Manuel Blázquez, sustituto de un titular que se lesionó. Corrida de poco juego por su falta de raza y fuerza, en la que algunos ejemplares, como cuarto y sexto, apuntaron una buena condición que luego no pudieron desarrollar. Pesos: 543, 520 (devuelto), 530, 584, 524, 647 y 597 kilos.
  • Manuel Jesús ‘El Cid’ (lila y oro): silencio y vuelta al ruedo.
  • Emilio de Justo (tabaco y oro): palmas tras aviso y saludos.
  • Ginés Marín (grosella y oro): silencio en ambos.
  • El Cid, que se despedía de Las Ventas, hubo de salir a saludar dos veces tras el paseíllo, y al finalizar la corrida salió a hombros por la puerta de cuadrillas.

 

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