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Galería fotográfica del festejo.//Plaza 1
Y de Bosnia vino un barco
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Y de Bosnia vino un barco
Crónica Madrid. 8ª Feria de San Isidro

Y de Bosnia vino un barco

Darío Juárez

Un atropello múltiple en Time Square despertaba la tarde de este jueves. Diez heridos y un fallecido tintaban de negro el terminar del día de hoy. En Madrid, el termómetro caía diez grados con respecto a la tarde de ayer y un despotismo one more time regresaba a su abono venteño para ponerse el babero y deleitarse con una tarde de atletas: los Bolt´s de Juan Pedro, que dejaron mucho que desear por propia intuición del ganadero y dos suplentes de El Montecillo especialistas en obstáculos. El compañero, el del trombón de varas y el rubio de la grada del 6, salían de la plaza con un crespón negro y solicitando banderas a medias asta para lo que resta de feria. Esto sí era un atropello, una desconsideración a gran escala. Cabizbajos, desolados, suscritos a un pozo de lamentos por ver cómo se va confirmando la auténtica realidad, que no es otra que la desaparición de la afición de Madrid. El triunfalismo estaba de aniversario. Dos tandas a un sexto con celo y codicia y una estocada entera hacían sonar el réquiem del pasotismo para luto de la afición de mi abuelo. Son 32 tardes y al final el pañuelo coge polvo.

David Mora regresaba a la plaza de la noria. Esa que le ha subido al cielo y le ha bajado a los infiernos en repetidas ocasiones. Ni siendo un mal menor ni haciendo abuso de la crítica, la actuación del torero madrileño en la tarde de hoy no era una reconciliación con los tendidos de la monumental. Era otra tarde. Es cierto que los tres avisos duelen más que los descabellos que se llevó el de El Pilar pero desmontan teorías del por qué no medir en Madrid. Vale la pena luchar por lo que vale la pena tener. En cualquier caso, David no lo demostró. Remar a contracorriente no significa estar aseado en dos tandas a un toro que destapó el caviar en el capote donde colocaba la faz con soltura y mucha clase. La primera vara caería trasera y la segunda sería un trámite, antesala una vez más de un torero y magistral tercio de palos. Ángel Otero y sus maneras. Esas que hacen despertar a una plaza cuando se hace la suerte con verdad y dedicación.

Para Madrid no era toro. Muy seco de riñones. Se le notaba el vacío de los ijares cuando se arrancaba, pero cómo lo hacía... Tras ese inicio por bajo con mucha transmisión y ligazón, le sumó dos tandas por el pitón derecho donde Helénico repetía brioso. Un tenor del celo que humillaba con coraje. Madrid entregada y David inteligente. Pero cambió de mano. El zurdo era corto y poco pedigüeño. Le trazó una tanda de poco bagaje artístico y nada limpia. Se acabó el billete: cogió el acero, se perfiló y entró derecho a la cruz del toro. Éste cayó y la seda blanca volvía a ser barata. Entre pitos de protesta y de presión al palco para la concesión de un trofeo, aparecieron las mulillas. Veinte segundos después aparecía el inadecuado y David recogía la oreja.

Por el contrario, el tercero fue un comodín que en otra plaza pues lo mismo te vale para hacer algo… con hechuras de utrerito rematao. Al verlo de verde manzana, un deja vú rondaba mi sesera y me traía el trágico inicio malparado con Malagueño el pasado año. Pero era otro toro. Duró una tanda y media. Luego el querer decir poco le acompañaría hasta el final, donde cayó tras una estocada y saludó una ovación.

Segundo paseíllo para Iván Fandiño. El torero de Orduña sacaba de nuevo los fantasmas del pasado con un sorteo malo y sin un ápice de lógica para querer estar a la altura de ello o superarlo; como es el sello de su tauromaquia. El segundo sería el que reemplazaba a un inválido que sin fuerza, fue cambiado tras las salidas de los caballos. Corría turno un bóvido fino de agujas, rebrincado en los primeros compases de la lidia y con nobleza aburrida en la muleta. Sin palabra ni obra repetía sin emoción en el arenal del ruedo. El último de su lote, quinto de la lidia ordinaria, sería un sobrero de El Montecillo, descaradamente violento. Astifino y con un peligro sordo. Sin pelea de bravo, únicamente se defendía a cuchilladas con sus defensas. El tercio de rehiletes se hacía imposible y Jarocho sudaba a chorro. Faltaba un palo y el presidente ordenó que entrara de nuevo el tercero, Víctor Manuel Martínez. Aquel que le mediría la taleguilla a la altura de la rodilla, rasgándola y salvándose de algo peor. Lo tanteó en los medios y entró a matar ante la imposibilidad de remedios para salir ileso. Iván, a su llegada al burladero de matadores, argumentaba al público que le recriminó que el toro no veía.

Finalizaba su feria particular el veterano Curro Díaz. Madrid le esperaba después de haber tomado justicia con su última actuación. En este caso se encargaría de un dueto falto y reservón. Inició la tarde con Noctámbulo. Un animal sin ánimo de pelea en el caballo, con una obsolescencia aguda de casta, clase e intenciones. Justo de fuerzas y sin fondo alguno. No se le podía dar salida pese a la firmeza del de Linares. El burraco remendón de El Montecillo sería su último toro. Con intenciones de manso yéndose al jaco de la querencia, pudo componer la figura y torear con la cintura en la primera tanda. La bombilla que lucía le decía que el izquierdo era el bueno. A priori sí, pero no tenía término medio: si le bajaba la mano se salía de la suerte y si la llevaba a media altura le alzaba la pechera a modo de protesta. Como así lo haría parte de los tendidos 7 y 8 sugiriendo que abreviara.

No hace falta pedir carnés de aficionado. Lo que realmente se añora es ver la nula defensa de la idiosincrasia de la primera plaza del mundo.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 8ª de la Feria de San Isidro. Algo más de 3/4 de entrada (19.656 espectadores) en tarde templada y ventosa. Se lidiaron cuatro toros de Parladé y dos de El Montecillo (4º y 5º), de mala presentación los del hierro titular. Justo y descastado 1º, sin transmisión el 2º bis, liviano y rajado el 3º, despistado y sin fondo el 4º, violento y peligroso el 5º y entregado y con soltura el 6º.
  • Curro Díaz (rosa palo y oro): silencio en ambos.
  • Iván Fandiño (lila y oro): silencio en ambos.
  • David Mora (verde manzana y oro): ovación con saludos tras leve petición y oreja con división de opiniones.
  • Se desmonteró Ángel Otero tras parear al sexto de la tarde.

 

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