Por el piton derecho
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Galería fotográfica del festejo.//Plaza1
Y colorín colorado, Victorino ha defraudado
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Y colorín colorado, Victorino ha defraudado
Crónica Madrid. 34ª de la Feria de San Isidro

Y colorín colorado, Victorino ha defraudado

Darío Juárez

Parecía que las 34 tardes de San Isidro no terminaban... Pero sí. Se ha puesto el punto y final a más de un mes de toros, de matices y detalles de retina, desconsideraciones de palcos sin criterios definidos, triunfalismo de barra y una alta condescendencia a lo fácil. Cerramos una feria light, pasada por agua y muy rara hasta el punto de invertir la tardes de Miura y Victorino, siendo esta última la que cerró la feria con la tradicional Corrida de la Prensa. A ella acudió Su Majestad Felipe VI, que situado en la barrera del 9, vio cómo se cerraba el ciclo con el último «No hay billetes» de la isidrada. El resultado, un encierro de Victorino muy bien presentado, falto de casta y finales, destacando 2º y 3º y con una terna a medio gas que dejó ir ciertos toros de orejas claras. Ureña reapareció infiltrado y con un corsé que cubría su tronco tras el percance sufrido en el campo hace apenas 20 días. Emilio de Justo volvió a Madrid ocho años después, dejando una impronta de firmeza en su regreso, pese a escapársele el agua de las manos ante el encastado tercero. Escribano, sin decir absolutamente nada, sorteó el lote más deslucido y soso.

Poco tardó Madrid en mostrar su cariño a Paco Ureña cuando lo sacó a saludar tras romperse el paseíllo. Debía dar un golpe certero encima de la mesa, reivindicarse ante el recuerdo de Cuba II y despedir la feria de una manera notable. En segundo lugar sorteó un toro con mucha fijeza, buscando a los peones e invitándolos a que salieran de los burladeros. Quiso lucirlo de largo en las dos entradas al jaco, al que acudió con prestancia pero sin emplearse. La lidia, abultadísima de capotazos, hizo que el toro acusara su durabilidad a partir de la tercera serie. Antes, un Ureña distinto, vertical y muy profundo, dejó tres tandas ligadas en un palmo de terreno donde buscó la profundidad pese a que el cornúpeta llevara la cara a media altura. La siguiente por naturales fue despaciosa y tenue, pero también firme al aguantar los parones en mitad del trazo. Sin redondear su actuación, remató con muletazos por bajo antes de dejar una estocada desprendida que hizo guardia por los ijares, perdiendo la oreja.

Las tortillas, el jamón y la bota corrían tendido arriba como la pólvora. Entre tanto paladeo, salió el quinto. Un manso que se quedó dormido en el peto habiendo querido irse hasta en dos ocasiones tras ponerlo en suerte para el segundo encuentro. De nuevo la lidia fue paupérrima acusándolo en los finales, después de habernos puesto en cierto modo la miel en los labios cuando en la primera tanda quiso coger las telas por abajo. Un oasis que fue desapareciendo a medida que transcurría la faena, del que quiso beber Ureña y se quedó con sed. Mucho más deslucido sería por el izquierdo, flanco por el que evidenció su descaste una vez más, apostillado por una voz desafortunada –o no– que rezó algo como «ya no te queda ni el nombre, Victorino». Fin de feria para el de Lorca que seguirá soñando con la tarde del Puerto.

A las puertas del mundial, se nos viene a la cabeza una y otra vez el gol que nos hizo campeones. Parece que fue ayer pero ya han pasado ocho años desde ese momento mágico. Más largo se le hizo todo este tiempo a Emilio de Justo. Después de casi una década sin pisar Madrid, volvía para cerrar la feria con su ganadería fetiche que, junto con Francia, le volvió a poner en el camino. Se va a acordar seguro del animal que salió en tercer lugar y que fue el primero de su lote. Humillaba mucho por los dos pitones pero por el derecho era sublime. El único defecto que tuvo fue esa tendencia a levantar la cara al final del embroque, tanto en el capote como en la muleta. Gran tercio de rehiletes a cargo de la cuadrilla del extremeño, que dejaban en poder del matador un toro encastado, exigente, que no aceptó un error y con el que no pudo De Justo. Las tres primeras tandas eran de lío gordo. Pesonero repetía por abajo y haciendo el avión, pero el matador se dejaba tocar ese final de muletazo que venía ejecutado a ras de ruedo. La cuarta y quinta vinieron con la mano izquierda, dejando naturales más reunidos sin llegar a la limpieza plena. Con el sexto se le vio mejor. Mucha firmeza ante el descastado que cerró la feria y con el que estuvo muy aseado. José Luis Neiro, el tercero de Escribano, salvaba de una cornada a Ángel Gómez milagrosamente con su capote en la salida del primer par. Tardeaba el toro, pero Emilio quiso meterse en terrenos donde queman los pies para robarle muletazos entregados, y destacaron tres naturales a pies juntos. Por ello, saludó una ovación final de reconocimiento.

Por su parte, Manuel Escribano no tuvo ni su tarde… ni su feria. Quiso apostar desde el principio con una portagayola fracasada por la nula fijeza con la que apareció el primero. Lo sacó lidiado de una manera afable para dejarlo en el caballo de Curro Sanlúcar, que lo desvenó, dejando un boquete caído en mitad del lomo para llegar muy deslucido a la muleta. Por ahí anduvo Escribano sin pena ni gloria como anduvo ante el cuarto. Esta vez sí que aprovechó la portagayola, que fue arriesgada y apunto de tragedia si no llega a perder los traseros nada más salir del embroque. El victorino se empleó justamente en varas, saliendo a saltitos, con poca fuerza y clavando tres pares que volvieron a evidenciar el premio que desea darle Madrid al de Gerena el día que consiga clavar un par en la cara. En la muleta se vio a un coleta descentrado y que inició la faena con dos cambiados por la espalda que le vinieron de pena al toro, ya que debió marcarle los caminos por abajo y paliar la pizca de genio que tuvo. El resto fue un tedio de pases mudos, fuera de sitio y sin un destello a tener en cuenta.

 

  • Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. 34ª y última de la Feria de San Isidro. Tradicional Corrida de la Prensa. Cartel de «No hay billetes» (23.624 espectadores) en tarde soleada. Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, de muy buena presentación. Deslucido y a menos el 1º,  con transmisión y falto de recorrido el 2º, encastado el 3º, sin fuerza y sin transmisión el 4º, descastado y noble el 5º y manso y tardo el 6º.
  • Manuel Escribano (gris plomo y oro): silencio en ambos
  • Paco Ureña (verde oliva y oro): ovación con saludos tras aviso y silencio.
  • Emilio de Justo (rioja y oro): silencio tras aviso y ovación con saludos tras aviso.
  • Morenito de Arles y Pérez Valcarce se desmonteraron tras parear al 3º.

 

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