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Galería fotográfica del festejo.//Alberto Simón
'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
Galería fotográfica del festejo.//Alberto Simón
'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
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'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
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'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
Galería fotográfica del festejo.//Alberto Simón
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'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
Galería fotográfica del festejo.//Alberto Simón
'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
Galería fotográfica del festejo.//Alberto Simón
'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería
Crónica Illescas. 1ª de la Feria del Milagro

'Sureño' trajo la alegría y Pepín la torería

Leo Cortijo

Toda la tarde giraba en torno a él. El León de Cehegín volvía a los ruedos después de una década de ausencia. Diez años pesan mucho a la hora de volver a ponerse el chispeante, ese que desnuda todo y evidencia lo que los valientes llevan dentro (o no llevan). Pepín lo tiene y su tarde no fue como muchas de aquellos otros que reaparecen y pasan de puntillas. Con un gran enemigo en el buen Sureño, que puso la alegría a una gris tarde ganadera, disfrutó toreando e hizo disfrutar. Por momentos se abandonó y emanó torería, pureza y clase por todos los poros de su piel. El Juli se las vio con un lote mentiroso. En manos de cualquier otro se hubieran ido al desolladero más pronto que tarde. Es cierto que su segundo fue a más y acabó sirviendo, pero cabe preguntarse cuánta parte de responsabilidad tuvo en ello el torero de Velilla. Eso sí, su concepto del toreo es el que es, y es la misma historia de siempre: tantos detractores como seguidores. Cada uno que ocupe su bando… El que no tuvo nada entre las manos fue Manzanares, que se las vio con un lote inválido que dejó su actuación en testimonial.

A juzgar por el soberbio saludo capotero –con larga cambiada de rodillas incluida–que abrió la tarde, parecía que por Pepín Liria no habían pasado los años. Así recibió a Mosquetero, uno de los de Montalvo que remendaron el encierro de José Vázquez. El animal demostró tener calidad, pero la fuerza iba cogida con alfileres, algo que se evidenció en el caballo. Tras brindar al cielo, comenzó con cambiados por la espalda en el centro del platillo. Cuando comenzaba a entregarse con ese toreo tan suyo, sufrió un pequeño susto, pero lo solventó. No fue eso lo que frenó en seco la buena progresión que emprendía el trasteo, sino la baja condición del animal, blandito y deslucido, que hizo que la faena del murciano no fuera limpia ni lucida ni tampoco llegara a conectar arriba. Faltó comunión entre ambos.

Lo mejor de su reaparición, y de la tarde, llegó en el cuarto capítulo. El saludo a Sureño, como presagio de lo que iba a ocurrir, ya fue notable. Dos verónicas soberbias y un par de cordobinas bellísimas antes de la buena media. Tras brindar a su mujer, llegó el mejor toreo, por profundo, templado y clásico. El murcianico se abandonó toreando. Tres series por el derecho de entrega total y así los olés atronaron en la cubierta. Torería de quilates y pases de pecho mirando al tendido. Al natural tampoco bajó la intensidad de la labor, a la que correspondió el buen toro de José Vázquez, un dechado de calidad, ritmo, profundidad y clase. Un animal con el que disfrutar y gustarse. Con el que sueña cualquier torero. Y así pasó. Pepín se vino arriba y cerró genuflexo para terminar de poner la plaza patas arriba. Hubo amago de indulto, pero al final reinó la cordura y el torero dignificó su obra con la estocada de defectuosa ejecución pero efectivo resultado.

El recibo de El Juli al segundo le sentó como una patada en los atributos y tras irse una vez al suelo acabó descoordinado. En su lugar salió un sobrero de Montalvo. Menos eléctrico y más torero fue este segundo saludo. Las chicuelinas de manos bajas en el quite, lo más jaleado. El capote de Pepín le ahorró un disgusto mayor a Fernando Pérez. El inicio por doblones y alguna trincherilla fue lo mejor del trasteo del madrileño, pues a partir de ahí se sucedió una faena lineal y sin demasiado brillo, ya no tanto por él, que puso todo para comunicar con la parroquia, sino por el animal charro, al que le faltó una buena dosis de casta. Con esa raza que le caracteriza y a pesar de su particular concepto, llamó a la puerta y le abrieron... Una oreja. Otra más cortó en su segundo, Adivino, que no apretó en varas y sí hacia los adentros en banderillas, volviendo a poner en apuros al sufrido Fernando. El blandito burel acabó siendo bueno en las manos de Julián, que terminó sacando faena. Gustará más o menos, pero es innegable su capacidad de obrar milagros y sacar agua de pozos semi secos. Por que sí, este Adivino fue manejable y se dejó, pero mejoró gracias al Juli. Le dio tiempo y lo llevó sin apretarle. Además, en las postrimerías, hubo un par de muletazos de gran ejecución, con rectitud. La labor acabó yendo a más hasta el punto de acabar metiendo en el bolsillo a la parroquia, que a pesar del metisaca inicial quiso premiarle.

José María Manzanares se estrelló contra dos muros. El Galguito de José Vázquez se empleó entre poco y nada en el percal del levantino. En el primer muletazo de la faena, que era de tanteo, el toro se fue al suelo y tras ello ya nada fue igual. Quedó inválido para la lidia al descoordinarse. No le quedó otra que abreviar. Con Diligente, éste de Montalvo, se estiró con gusto a la verónica. El toro blandeó desde el minuto cero dejando en imposible cualquier opción de triunfo. Alargó más de lo debido su parlamento y todo resultó insustancial y anodino.

 

  • Plaza de toros de Illescas (Toledo). 1ª de la Feria del Milagro. Con tres cuartos muy largos de entrada, se lidiaron tres toros de José Vázquez (3º, 4º y 5º) y otros tres de Montalvo, uno de ellos como sobrero (1º, 2º bis y 6º). Parejos y bien presentados en líneas generales, más que acorde para una plaza de tercera categoría. Blando y a la defensiva el deslucido 1º; Descastado y soso el 2º bis; inválido para la lidia el 3º; gran toro el 4º, Sureño, por ritmo, profundidad, clase y fondo, fue premiado con la vuelta al ruedo; manejable y a más el 5º; y flojo y descastado el imposible 6º.
  • Pepín Liria (sangre de toro y oro), que reaparecía: ovación con saludos y dos orejas.
  • El Juli (tabaco y oro): oreja y oreja.
  • José María Manzanares (azul marino y oro): silencio y silencio.
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