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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
La bipolaridad del palco aúpa a Castella
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
La bipolaridad del palco aúpa a Castella
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
La bipolaridad del palco aúpa a Castella
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
La bipolaridad del palco aúpa a Castella
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
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La bipolaridad del palco aúpa a Castella
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La bipolaridad del palco aúpa a Castella
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
La bipolaridad del palco aúpa a Castella
Crónica Albacete. 10ª Feria Virgen de los Llanos

La bipolaridad del palco aúpa a Castella

Leo Cortijo

Además del mal tiempo, del poco juego del ganado y de la falta de tardes rotundas, durante la feria taurina de este año, que ya es historia, se ha hablado largo y tendido del palco. Mucho. Casi sin parar… Y en concreto del muy notable papel desempeñado por Genoveva Armero, que mientras le tocó guiar las riendas del coso se movió por una máxima fundamental: devolver a esta plaza –punta de lanza del circuito de segunda categoría– el rigor y la exigencia que durante los últimos años había sido un importante talón de Aquiles. Genoveva había cumplido. Y el otro presidente, Joaquín Coy, más allá de algún desvarío, casi también. Aunque solo fuera por efecto dominó…

Pero tenía que llegar el cierre de la feria y rememorar los fantasmas pasados. Coy, tirando por tierra el buen trabajo de Genoveva, decidió aupar a Castella hasta lo más alto y abrirle de par en par la puerta grande. Que sí, que Castella ofreció una versión más entonada de lo que acostumbra, por templada y suave, de acuerdo. Pero… ¿dos orejas? Claro, ahora es normal preguntarse por qué Genoveva le negó a Rubén Pinar la segunda de su primer toro. O por qué hizo lo mismo con Álvaro Lorenzo y le impidió salir a hombros. Y una más: ¿tiene el mismo peso la faena de dos orejas de Emilio de Justo que la de Castella? En estos interrogantes está la madre del cordero. En la bipolaridad de un palco, que aunque haya estado camuflada durante casi toda la feria, al final, sobre la bocina, ha salido a relucir. La cabra siempre tira para el monte. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que el buen trabajo de una se ha ido al traste por el otro.

Poco pudo apuntar Sebastián Castella con el sobrero que abrió la desapacible tarde. El Salado titular salió al ruedo con una lesión que le hizo ver el verde y en su lugar apareció Rivero, que con 585 kilos fue el toro más pesador de la feria. El saludo capotero fue tan abundante como insípido ante la buena acometida inicial del montalvo, brindado a Ureña. Al francés le costó encontrar la comunión con este sosón y descastado, que no terminó de entregarse en ningún momento. La faena no pasó de lo correcto y Sebastián terminó por aburrir con tanto pase insustancial. Al toro que salvó a Montalvo del descalabro, Zapatillo, se le picó como a toda la corrida: muy poco y mal. Ya de inicio presentó una condición muy distinta con respecto a sus hermanos, al menos en cuanto a su boyantía. Y no solo en eso. También tuvo mucha más fijeza, recorrido y duración. Cualidades que supo ver un Castella más entonado que en muchas ocasiones. Bajo la lluvia, templó con gusto y suavidad la buena entrega del pupilo del hierro salmantino. Hubo remates por abajo y naturales a tener en cuenta. Además, el francés pisó por momentos terrenos comprometidos en una faena medida y que abrochó con naturales sueltos a pies juntos y dando el pecho, y con un ramillete de manoletinas. La estocada no fue perfecta, pero sí efectiva, y eso le valió para generar la petición. Con una hubiese bastado, y sería de peso. A pesar de ofrecer una de las versiones más entonadas que le recuerdo, las dos orejas fueron tremendamente excesivas. Dicho queda.

El regreso de Paco Ureña a Albacete fue con Tarambana, que brindó con emoción al equipo médico de la plaza. Inicio muleteril en el centro del platillo, sin apenas probaturas y con la máxima de pronto y en la mano. El problema es que el torero quería más que el toro, pues éste iba y venía desentendido y como si no fuera con él. Y en esas, el aseado muleteo del lorquino ante el descastado y deslucido dijo más bien poco. Todo a media altura, de corto viaje y sin exigir nada. Irreprochable, eso sí, la disposición y la voluntad de Paco, que tuvo un don nadie delante. El quinto, Profesor, impropio de esta plaza, escuchó las palmas de tango cuando apareció en el ruedo. Fueron premonitorias de lo que iba a llegar, y es que el animalejo no guardaba dentro ni la más mínima condición de bravo. Ureña lo probó y comprobó que, como una vaca lechera, se movió con la cara por las nubes y mirando al tendido. Lo de pelear no iba con él. Una pena, porque entre la primera que no se celebró y la segunda por incomparecencia del ganado, Ureña no se pudo desquitar de lo que ocurrió el año pasado.

Pablo Aguado se estiró con gusto a la verónica para recibir a Rapabarbas, en los lances más jaleados de la feria. A la postre, lo único bueno que pudo apuntar. A Ureña brindó una faena que no alcanzó grandes cotas por la bajísima condición del burel, que se movió sin fuste y carente de casta y fortaleza. Pablo necesita un toro que le deje expresarse, pero sin llegar a lo mortecino de este montalvo, que estaba cogido con alfileres y que protestó todo lo que se le hizo. Más allá de componer con muchísimo gusto y de dejar algunas muestras de su preciado concepto, poco que rescatar del sevillano. Tres cuartos de lo mismo o peor con el que cerró festejo, plaza y feria, Fígaro, al que se le dio de lo lindo y de muy mala manera en el caballo. Mario Benítez convirtió al animal en un colador. Siguiendo la tónica dominante, otro imposible en la muleta. Un animal descompuesto y lanzando hachazos con la cara por encima del estaquillador. Aguado ni lo vio, abrevió y su debut como matador en Albacete quedó en nada.

 

  • Plaza de toros de Albacete. 10ª y última de la Feria de la Virgen de los Llanos. Más de tres cuartos de entrada en tarde lluviosa y muy desapacible. Se lidiaron seis toros de Montalvo, uno de ellos como sobrero, muy justos de presentación, con algunos ejemplares impropios de Albacete, como el 5º. Descastados, mansos, deslucidos y desentendidos 1º bis, 2º y 3º; de buena condición en la muleta el 4º; mansurrones imposibles, con la cara por las nubes y descompuestos 5º y 6º.
  • Sebastián Castella (lila y oro): ovación con saludos y dos orejas.
  • Paco Ureña (grana y oro): ovación con saludos y ovación.
  • Pablo Aguado (ciruela y oro): silencio tras aviso y silencio.

 

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