Por el piton derecho
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
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Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Un triunfo a ‘La Revoltosa’
Crónica Albacete. 5ª Feria Virgen de los Llanos

Un triunfo a ‘La Revoltosa’

Leo Cortijo

Mi abuela Laura regentó durante casi 40 años una pastelería. Se llamaba ‘La Perla’ y hacía las delicias de los husmos, que diría ella. En una de las vitrinas más importantes de la coqueta tienda, guardaba unas botellas como oro en paño. Yo, que empezaba a hacer mis pinitos en la lectura, leía en su etiqueta: «Para gaseosa, gaseosa… ‘La Revoltosa’». Recuerdo que me partía de risa con aquel eslogan. Mi abuela siempre me decía que aquellas botellas eran un pequeño tesoro porque tenían muchísimos años, y que no se me ocurriera tocarlas porque si no me la iba a cagar. Un día, desoyendo su advertencia, me lancé y abrí una. La burbujeante mezcla de agua mineral y ácido carbónico comenzó a manar. Aquello fue como una explosión. Para que mi abuela no me pillara, la escondí. Mi sorpresa llegó cuando al poco tiempo, ese efecto gaseoso se había esfumado por completo y todo quedó en un líquido incoloro y poco atrayente, la verdad.

¿Por qué les cuento esto? Porque en el ecuador de la feria un novillero abrió la primera puerta grande de una forma que me recordó a mi historia con ‘La Revoltosa’. José Fernando Molina, que sorteó tres buenos novillos, entró de lleno en la tarde, burbujeante, entregándose por completo y ofreciendo un concepto macizo. Al primero le cortó una oreja de peso. Pero las burbujas se empezaron a apagar en el segundo. Pinceladas en un trasteo repleto de altibajos y sin redondear. Cortó otra pero de menor calibre. Y en el tercero ya se le había ido la fuerza a la gaseosa… Marró en el planteamiento, ahogó al novillo y dejó una labor mediocre. Triunfo, sí, pero a ‘La Revoltosa’.

El novillero local acudía a la cita como triunfador el año pasado. Y a por todas salió. Como carta de presentación a Mimoso dejó un quite por gaoneras en el centro del platillo con toda la verdad del mundo. Comprometido con la tarde, brindó a ‘su’ público una labor en la que de inicio tuvo que pelear con el aire, pero que empezó a coger temperatura pronto en dos primeras a derechas notables y de gran conexión, templando con gusto y ligazón la buena embestida del pupilo de Caballero, que sacó un fondo interesante. A izquierdas dejó algunos retazos extraordinarios con la verticalidad completa y buscando la colocación más ortodoxa. Entregado por completo y sin condición alguna, cobró además una fea voltereta merced a la exposición que siempre ofreció. Apuesta por la verdad. Así, sí. Oreja de peso, pese a que el espadazo no fue el mejor.

Comenzó a cambiar la cosa en el segundo de su lote, Indomable, que se quedó sin picar. Tras brindar al Pimpi, inició por abajo para sacárselo a los medios y comenzar a correr la mano sin mayor miramiento en las primeras dos series por el flanco derecho, en las que el novillo correspondió con fijeza, repetición y recorrido. Al natural, con muchos tiempos muertos para dar aire al animal, embarcó con el pico y tiró líneas. Mal por ese lado, sin llegar arriba. Solo hubo una serie por ese lado en la que de verdad toreó con toda la pureza, y fue cuando se enfrontiló y sus zapatillas miraron a los pitones. Entonces dejó un par de naturales que valieron su peso en oro. Con todo, no anduvo como en su primero y el parlamento estuvo marcado por demasiados altibajos. El buen novillo ofreció mayor botín que las pinceladas que se vieron y la oreja que paseó pesó un kilo y medio menos que la anterior.

Romero, que cerró festejo, lució una cara impropia para Albacete, con un pitón izquierdo que miraba al suelo. En el inicio pudo apuntar algún trincherazo de notable condición, pero ya. La faena, ante el frío de los tendidos, se fue fraguando a fuego lento. Demasiado lento. Lentísimo. Y por eso el guiso quedó sin cocinar, y es que Molina tenía que haber tirado la moneda al aire. Planteó de forma incorrecta el trasteo, acortando espacios, ahogando al novillo y dando tiempos muertos en exceso. Faltó dar ese paso al frente con un animal que tuvo más para enseñar. Solo apuntó (y muy pocos) detalles sueltos en lo que debería haber sido una faena de mayor graduación.

La tarde de Diego San Román, con un lote mucho peor que el del novillero albacetense, estuvo marcada por la ambición, la firmeza y el valor desmedido del que quiere llegar y va en serio. Por eso, y por un lunar negro muy gordo, y es que escuchó los tres avisos en el sobrero que hizo quinto. El titular se partió un pitón y en su lugar salió Talaverano, que se quedó crudo en varas. Craso error. Con cambiados por la espalda empezó a instrumentar una faena que no terminó de llegar al puerto deseado debido a la descastada condición del burel, que se dejó de mala manera sin humillar nada y con todavía menos transmisión. El azteca tiró del mismo palo que en sus dos capítulos anteriores, acortando distancias hasta el mínimo y exponiendo mucho. O, mejor dicho, todo. Entre tanto toreo insustancial, dejó un cambio de mano increíble. Ese meterse entre los pitones ante el imposible le hubiera granjeado la segunda oreja y, por tanto, la puerta grande, si no hubiera marrado con la espada y el descabello. Pasó de eso a escuchar los tres avisos y ensombrecer una tarde muy firme. Por cierto, la imagen posterior todavía fue más triste, cuando el puntillero de la plaza formó una escabechina en el pobre animal. Para terminar de redondear el colmo, Diego salió a saludar una ovación que recogió entre protestas. Por vergüenza torera, mejor quedarse dentro.

Había cortado una oreja antes, a su segundo, Tornillero. Con él, el de Querétaro expuso una barbaridad y cobró una voltereta sin consecuencias mientras dibujaba una serie notable por el pitón derecho. A izquierdas apuntó otras dos ofreciendo el pecho y templando con gusto. Retomó la diestra para seguir embarcando a un buen novillo en la muleta que por entonces ya había dado lo mejor. Fue entonces cuando Diego acortó (todavía más) las distancias, pegándose con los pitones. Quizá eso fue en su debe porque ese atosigamiento al novillo no le vino nada bien, y así su obra no terminó de ser redonda. De hecho, la línea que siguió fue descendente. El espadazo le valió la petición y la oreja. Con el que abrió tarde resultó imposible. El viento quiso ser protagonista y por eso San Román buscó el refugio de las tablas para huir de Eolo. Con todo, su instrumentación no llegó a ganar en intensidad debido a la deslucida condición del novillo, remiso y muy corto de recorrido. El de Criado se movió a la defensiva y sin entrega ninguna. Terminó con un arrimón dejando claro que disposición y voluntad no faltaron por su parte.

 

  • Plaza de toros de Albacete. 5ª de la Feria de la Virgen de los Llanos. Poco más de un tercio de entrada en tarde parcialmente nublada, fría y ventosa. Se lidiaron tres novillos de Encinagrande (2º, 3º y 5º bis) y otros tres de Juan Manuel Criado (1º, 4º y 6º), justos de presentación y de muy cómodas caras. Reservón, descastado, deslucido y de medio viaje el 1º; de buena condición y con un fondo interesante el 2º; dejándose pero a menos el 3º; de muy buena condición en la muleta el 4º; se movió sin transmitir ni humillar el descastado y soso 5º bis; y manejable el suavón y noblón 6º, que presentó una cara impropia para Albacete.
  • Diego San Román (gris perla y oro): ovación con saludos tras aviso, oreja y ovación con saludos con protestas y tras tres avisos.
  • José Fernando Molina (caña y oro): oreja, oreja tras aviso y silencio tras aviso.

 

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