Por el piton derecho
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Una zurda que vale Palacios
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Una zurda que vale Palacios
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Una zurda que vale Palacios
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Una zurda que vale Palacios
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Una zurda que vale Palacios
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Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Una zurda que vale Palacios
Galería fotográfica del festejo.//Javier Guijarro
Una zurda que vale Palacios
Crónica Albacete. 9ª Feria Virgen de los Llanos

Una zurda que vale Palacios

Leo Cortijo

Con permiso de Rubén Pinar, que consiguió su sexta puerta grande consecutiva en Albacete –algo que se dice pronto y que no por ello debemos obviar la importancia que tiene para un torero como él–, así como de la interesante corrida de La Quinta para el último tercio, quiero destacar a Andrés Palacios. Primero, porque seguramente muchos titulares se centrarán en el triunfo y en lo numérico de las orejas e, incluso, en el gran Jilguerito de la vacada santacolomeña que valió su peso en oro para soñar el toreo, pero creo que el albaceteño merece un hueco. Se lo ha ganado a pulso. Y ahí viene la segunda razón, y es que Andrés tiene una mano izquierda que vale Palacios. Al menos en otra época los valdría. Otrora, a estas horas los apoderados se estarían pegando por él para llevar su carrera y los empresarios para anunciarlo en sus plazas. Hoy, tristemente, no es así, y es muy probable que su clásico, puro y ortodoxo concepto caiga en saco roto para la gran masa. Una pena.

Ese concepto le lleva a bordar el toreo. El que teorizó Domingo Ortega con aquello de parar, templar y mandar. A lo que muchos añaden lo de cargar. Palacios lo reúne todo cuando se coloca enfrente del animal y sus dos zapatillas miran a los pitones. Cuando compone con la figura erguida y encajada. Y cuando dibuja un muletazo curvilíneo, ajustado a su cintura y cargando la suerte. Ya lo demostró el año pasado cuando dejó los mejores naturales de la feria. Este año, aunque haya tenido que ser por la vía de la sustitución, también lo ha hecho. Repito por si no ha quedado claro: los mejores. Más que los de Pepe Moral a los miuras. He dicho.

El Ibarreño que abrió cartel era una pintura y por ello recibió palmas en su salida al ruedo justo antes de generar un momento de apuro al varilarguero. Andrés Palacios comenzó a diestras una labor que fue un querer y no poder por la baja condición del oponente, demasiado blando y con el bidón de casta bajo mínimos. El primero de esos dos condicionantes le hizo besar la arena en cuanto el torero bajó la mano, y por ello el trasteo tuvo que ser suave, con muchísimos tiempos muertos y a media altura. Aún con todo, dejó algunos naturales de nota altísima por la pureza de su trazo. Catador, más ofensivo de cara, salió blandeando de la jurisdicción del picador, que dejó dos puyazos al precio de uno. Poco a poco, el albacetense lo fue haciendo a su imagen y semejanza hasta acabar de meterlo en el canasto. A diferencia de su primero, este quinta tuvo más movilidad y boyantía y, además, tomó el engaño con calidad por ambos pitones, pero sobre todo por el izquierdo, ya que por el derecho se lo pensó más y la entrega no fue la misma. De nuevo, como en su primero, volvió a dejar muestra de cómo de bien maneja la zurda, y más en un par de series a pies juntos, enfrontilado y con la planta desmayada. Los trincherazos y demás detalles toreros por abajo también fueron canela en rama. Todo lo bueno que apuntó y la oreja que a buen seguro tenía cortada, se le esfumó al ofuscarse con la espada. Más allá de los trofeos, las sensaciones quedan. Para quien las quiera coger…

Tras dejarse pegar en varas, Jilguerito fue quitado por chicuelinas notables a cámara lenta no, lo siguiente, aprovechando la despaciosa embestida del toro de La Quinta. En banderillas casi le echa mano a Víctor Manuel Martínez, que se escapó de milagro. Sin probaturas que valgan, Rubén Pinar comenzó a cimentar una obra tremenda desde el primer instante, a base de técnica, composición, temple y dejársela siempre puesta en la cara. El toro de Conradi no pudo embestir con más calidad, pues lo hizo haciendo surcos en la arena, con despaciosidad y con un ritmo espectacular. Una condición noblona y suavona que el de Tobarra aprovechó por ambos lados firmando una obra de contante ebullición y medida a la perfección. La estocada, recibiendo, se le fue abajo y tuvo un efecto fulminante. Una oreja de peso y otra que se llevó puesta el ovacionado en el arrastre Jilguerito porque la presidenta Genoveva se puso firme. Recordando otros tiempos y otras lidias, sujetó de salida a su segundo, Feligreso, andando hacia detrás. El santacoloma dejó una cumplidora pelea en varas. Tras dos pares soberbios de Ángel Otero, Pinar brindó a su público en busca de la sexta puerta grande. El toro, gazapón de inicio, no iba sobrado de fuerza ni tampoco fue un dechado de casta, por lo que la empresa se antojaba complicada. Sin embargo, el oficio del tobarreño le hace ver medianamente claro lo que parece oscuro y así, porfiando en la media altura y poniendo mucho de su parte, logró un trasteo que no fue el más lucido del mundo, pero sí solvente para el material que tuvo delante.

Los lances rodilla en tierra de José Garrido al Jabonero tercero fueron toda una pintura. El animal se pegó una voltereta tremenda tras hundir los pitones en la arena después de que se le pegara duro en el peto. Comenzó en los medios y de rodillas, para una vez recuperada la verticalidad darse cuenta de que le iba a resultar complicado tomarle el pulso a la prontitud y la entrega del buen toro de La Quinta. Por ello le tuvo que perder pasos y tuvo que corregir la posición en repetidas ocasiones. Tardó en acoplarse a él y cuando lo hizo ya fue tarde, pues el metraje del trasteo ya estaba en su recta final. Faltó dar un golpe en la mesa mucho antes y hacer un toreo más rotundo. El cierraplaza, Almaviva, también fue aplaudido de salida como todos sus hermanos, confirmando la seria y muy bien presentada corrida de La Quinta. A éste lo recibió con media docena de verónicas de bella ejecución culminadas con una media de cartel. La faena muleteril del extremeño se perdía entre la nada hasta que un aficionado le gritó «¡crúzate!», él se cruzó y miró al tendido respondiendo: «¿así?». Más allá de eso y de buscar la colocación correcta a partir de ese momento, el parlamento de Garrido no llegó al puerto deseado con el manejable animal. Su tarde, como poco, hay que calificarla de gris.

 

  • Plaza de toros de Albacete. 9ª de la Feria de la Virgen de los Llanos. Algo más de media entrada en tarde despejada, soleada y calurosa. Se lidiaron seis toros de La Quinta, de excepcional presentación. Blando y descastado el manejable sin emoción 1º; extraordinario en la muleta el noblón y suavón 2º; manejable por ambos pitones el noblón 3º; con calidad en la muleta el buen 4º; y se dejaron sin entregarse los descastados y blandos 5º y 6º.
  • Andrés Palacios (verde botella y oro): ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso.
  • Rubén Pinar (azul rey y oro): oreja con fuerte petición de la segunda y oreja.
  • José Garrido (verde hoja y oro): palmas y ovación con saludos.
  • Ángel Otero y Víctor Manuel Martínez se desmonteraron tras parear al quinto de la tarde.

 

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