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El valor de lo normal

Y lo dijo así. Como le salió del alma. De esa garganta cansada de explicar cornadas y porrazos. De esa voz pausada y apagada por los meneos de la vida. Con su cara triste. Con la tristeza que le acompaña desde que hace muchos años la vida le dijo que esto no iba a ser fácil y que le iba a gastar muchas putadas. Porque Paco Ureña es un tipo triste. Un tipo triste porque la vida le ha golpeado duro y sin piedad. La última broma de su cruel destino ha sido que un toro le haya arrancado un ojo de la cara.

Y lo dijo así. Como le salió del alma. Con el capote de paseo ya liado justo antes de trenzar el primer paseíllo de su nueva vida. A un micrófono impertinente y fuera de lugar que preguntaba lo que todo el mundo ya sabía. Cuando la gente ya estaba calentando las manos para rompérselas a aplaudir minutos después. Porque minutos después lo único que se escuchó en todo Valencia fue la atronadora ovación que un público emocionado le dedicaba a un torero que más que un torero en ese momento era un héroe. Un héroe de los de verdad. De los de carne y hueso. De carnes abiertas por las cornadas y más de un hueso roto por las palizas de los toros.

«Hay que darle normalidad a estas cosas porque estas cosas pasan en la vida y lo importante es superarlas». Y lo dijo así. Como le salió del alma. Con ese calambrazo encima que recorre todo el cuerpo cuando suenan clarines y timbales. Cuando todo en el patio de caballos son caras largas. Cuando ya uno sólo quiere ponerse delante de un toro en medio de un público entregado que ha acudido a la plaza para agradecerte que hayas vuelto a la vida dando una lección de superación y vergüenza torera.

Poco importa lo que ocurrió después. Las muchas o pocas orejas que se cortaron. La maldita espada que siempre falla cuando más se necesita. Poco importa lo que ocurrió después, Paco. La mejor faena de tu vida la habías hecho ya saliendo de la habitación hacia la plaza vestido de luces y la mejor estocada la acababas de pegar diciendo eso que te salió del alma cuando el capote de paseo estaba ya ceñido a tu maltrecho cuerpo. Qué importa lo que poco importa cuando lo que realmente importa ya se ha hecho.

Aquello no era normal para nadie excepto para ti. Por eso tú y los que son como tú estáis ahí en esa orilla del río y el resto de los mortales estamos en la otra.

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El valor de lo normal

Y lo dijo así. Como le salió del alma. De esa garganta cansada de explicar cornadas y porrazos. De esa voz pausada y apagada por los meneos de la vida. Con su cara triste. Con la tristeza que le acompaña desde que hace muchos años la vida le dijo que esto no iba a ser fácil y que le iba a gastar muchas putadas. Porque Paco Ureña es un tipo triste. Un tipo triste porque la vida le ha golpeado duro y sin piedad. La última broma de su cruel destino ha sido que un toro le haya arrancado un ojo de la cara.

Y lo dijo así. Como le salió del alma. Con el capote de paseo ya liado justo antes de trenzar el primer paseíllo de su nueva vida. A un micrófono impertinente y fuera de lugar que preguntaba lo que todo el mundo ya sabía. Cuando la gente ya estaba calentando las manos para rompérselas a aplaudir minutos después. Porque minutos después lo único que se escuchó en todo Valencia fue la atronadora ovación que un público emocionado le dedicaba a un torero que más que un torero en ese momento era un héroe. Un héroe de los de verdad. De los de carne y hueso. De carnes abiertas por las cornadas y más de un hueso roto por las palizas de los toros.

«Hay que darle normalidad a estas cosas porque estas cosas pasan en la vida y lo importante es superarlas». Y lo dijo así. Como le salió del alma. Con ese calambrazo encima que recorre todo el cuerpo cuando suenan clarines y timbales. Cuando todo en el patio de caballos son caras largas. Cuando ya uno sólo quiere ponerse delante de un toro en medio de un público entregado que ha acudido a la plaza para agradecerte que hayas vuelto a la vida dando una lección de superación y vergüenza torera.

Poco importa lo que ocurrió después. Las muchas o pocas orejas que se cortaron. La maldita espada que siempre falla cuando más se necesita. Poco importa lo que ocurrió después, Paco. La mejor faena de tu vida la habías hecho ya saliendo de la habitación hacia la plaza vestido de luces y la mejor estocada la acababas de pegar diciendo eso que te salió del alma cuando el capote de paseo estaba ya ceñido a tu maltrecho cuerpo. Qué importa lo que poco importa cuando lo que realmente importa ya se ha hecho.

Aquello no era normal para nadie excepto para ti. Por eso tú y los que son como tú estáis ahí en esa orilla del río y el resto de los mortales estamos en la otra.

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