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«La verdad de la Fiesta nace y muere con el toro»

«La verdad de la Fiesta nace y muere con el toro»

Javier Arizmendi se ha paseado por los campos de España como lo hacía un torero modesto cuando descerrajaba la puerta de Madrid por San Isidro. Este exjugador de primera división ha hecho paseíllos de Coruña a Mallorca, pasando por Valencia, Zaragoza, Getafe o el rojiblanco coso del Paseo de los Melancólicos, entre otros. Tras unos años retirado de los terrenos de juego decidió entrometerse en el mundo de las finanzas sin dejar de lado sus dos grandes pasiones: el fútbol, por supuesto, y los toros. Hablar de Javier es hablar de un buen aficionado, de Madrid, en el que su criterio radica en la objetividad más crítica, constructiva y exigente de la Fiesta. Arizmendi siempre ha visto los toros como un rito artístico, fundamentado en el cuidado, la mística y la búsqueda de la verdad a partir de la emoción que debe transmitir el animal y, por ende, la persona que se ponga delante.
Darío Juárez

- ¿Alguna vez pensó en ser torero?

- No, sí pero no. Sí porque me gusta mucho pero no tendría las cualidades. Con lo cual, sería una utopía.

- Supongo que siempre tuvo claro que un balón tiene menos peligro que dos pitones...

- Sí, mucho menos... [ríe].

- ¿De dónde o de quién le nace la afición?

- Bueno, forma parte de mi cultura. Lo he mamado desde pequeñito en el pueblo de mis padres en Guadalajara. Desde que tengo uso de razón siempre ha habido toros en las fiestas. Y vaquillas (…). Mi abuelo también era muy buen aficionado y recuerdo ir con él por la Comunidad de Madrid. A los encierros de Arganda, por ejemplo, a las novilladas de allí, pero sobre todo a la plaza de Madrid.

- ¿En qué se debe y no se debe comparar el fútbol con los toros?

- Hombre, fíjate que yo he dedicado mi vida al fútbol, pero los toros es una expresión cultural. Eso nunca se podrá decir de un deporte como el fútbol. Del fútbol y de ningún deporte. Creo que esto tiene mucha más historia y un arraigo cultural que es muy fuerte en nuestro país. Por tanto creo que como arte es incomparable con cualquier deporte. ¿Similitudes? Bueno, quizá las había antes más. La distancia se ha agrandado. Ha ido creciendo la afición al fútbol y se ha perdido en gran medida la de los toros.

- ¿Cree que cuando eso ocurre es porque siempre hay una parte interesada, aunque le gusten a uno ambas cosas?

- Puede ser que sea así, pero vamos, no es una cosa que me haya planteado con seriedad nunca, porque uno puede tener aficiones que sean compatibles pero a su vez nada excluyentes.

- Otra cosa es el fanatismo, que es malo en los dos casos…

- Es malo en todo. En toros, en fútbol, en política y en todo. Los extremos está claro que nunca en la historia y en ninguna situación han aportado nada bueno. 

- Parece que ser taurino es uno de los fenómenos punk del siglo XXI. Como antisistemas de esta sociedad...

- Claro. Otra cosa es que se nos identifique como fanáticos, como bárbaros, cuando el toro es una expresión cultural que gente de toda ideología ha respetado y promovido; intelectuales de todo pensamiento. Creo que esto de estigmatizarnos como viene sucediendo últimamente, pues no lo veo lógico. Hay que plantarse y decir que no.

- Hay que reconocer que los toros no han estado tan de moda desde que se paralizaba España para ver a El Cordobés. De moda por el rechazo directo del Gobierno y la marginalidad hacia los profesionales, que han tenido que ponerse en pie de guerra para que les escucharan. ¿Lo entiende como una mera cuestión ideológica, más allá del ‘toros sí o toros no’?

- No nos puede sorprender que haya una cuestión ideológica con los toros, cuando la hay para jugarse la salud de los 47 millones de personas que vivimos en España. Si al fin y al cabo se han antepuesto intereses políticos a la salud de todas las personas, cómo no se van a anteponer a las necesidades de un grupo reducido de profesionales del sector del toro, que se merecen el mismo respeto que cualquier otro. Así nos luce el pelo.

- Ayuso tampoco ha permitido ver toros en Madrid aún con medidas restrictivas cuando, por poner un ejemplo, el Metro sigue estando de bote en bote a diario. Como aficionado de Madrid, ¿cree que además de ser algo incongruente por parte de la Comunidad, ha sido un ‘favor' para la empresa, en el sentido de que un verano sin un San Isidro previo no se traduce en otra cosa que no sean pérdidas?

- Sinceramente, yo ahí me pierdo un poco. En términos económicos, en lo referente al mundo del toro, se me escapa un poco. Lo que está claro es que con el canon que se paga por esta plaza es inviable el hecho de poder haber dado algo sin salir en pérdidas para cualquier empresa. Con todo y con eso, incongruencias las está habiendo de todo tipo, ya sea desde gobiernos regionales o desde el Gobierno central, en el mundo del toro y del no toro.

- Desde el punto de vista profesional dentro de su parcela, ¿qué cree que le falta a la tauromaquia para dejar de ser un sector prácticamente obsoleto y deficitario como lo es a día de hoy?

- Vamos a ver. Creo que es totalmente cierto. La tauromaquia es un sector que ha quedado totalmente obsoleto y que no se ha modernizado con los tiempos. Yo entiendo y defiendo que se han de respetar ciertos cánones, como no me gustan modernidades que muchas veces se ven en las plazas... Pero al final, y más en la sociedad en la que vivimos, en la que todo va tan rápido, esto se trata de evolucionar o morir. Entre bambalinas creo que sí se puede evolucionar teniendo una visión menos cortoplacista y menos interesada, para dejar un legado y que las generaciones futuras puedan disfrutar de algo precioso, que forma parte de nuestra cultura desde tiempos inmemoriales, y que sería una pena que se perdiera.

- ¿Invertiría en el mundo del toro?

- Lo desconozco y no invertiría en nada que no conociera. Me has preguntado antes si alguna vez pensé en ser torero y te he dicho que no, pero oye, tener una ganadería y ponerte en la piel del ganadero… qué quieres que te diga, eso sí que es un sueño. Y eso, a lo mejor, no es una inversión. Porque por lo que lees y te vas informando, es muy difícil ganar dinero en ese ámbito. Y como sería una mera afición, no sería el típico ganadero que sólo me preocupara el dinero, sino todo lo contrario. Que al fin y al cabo son los que más éxito tienen. Sería entonces como una rama romántica que no tomaría como una inversión.

- El pasado domingo en Úbeda, en la final del Certamen de Novilladas de Andalucía, el palco devolvió un novillo por complicado y peligroso, pese a que la razón del asesor veterinario fuera que tenía un problema en la vista, cosa que debió ser observada en el reconocimiento matutino. ¿Se imagina que un árbitro suspendiera una final en el descanso porque un equipo está goleando?

- Es totalmente ilógico. Ya vimos en Madrid devolverse un toro de Las Ramblas hace dos años sin haber entrado al caballo. Son cosas que no se conciben. Los reglamentos están hechos para algo y todos los toros tienen su lidia. No he tenido la oportunidad de ver el novillo que comentas, pero sí vi ese toro en Madrid, en Madrid –repite–, en San Isidro, al que no se le intentó ni siquiera por meterle en los capotes y se le devolvió antes de que salieran los picadores. Entonces, bueno, a todas luces, estos ejemplos no deberían permitirse.

- ¿Dónde nace y muere la verdad de la Fiesta para Javier Arizmendi?

- En el toro, es que no hay otra cosa. El toro, como animal totémico y mitológico, impone su fiereza, su respeto y al que hay que dar una lidia acorde a sus características. Ahí es donde creo que debe nacer el germen de la afición. Si no, ¿por qué en los festejos populares de la Comunidad Valenciana se vuelca tanto la gente? «No, porque es gratis». No, porque es gratis no, sino porque eso que sale de ese cajón con miradas vivas impone respeto y seriedad. Y es lo que a mi juicio debería levantar la afición de los jóvenes aficionados; el identificarse con ese animal, con esa fuerza, con ese temperamento... Y bueno, con lo que estamos viendo a diario, se te cae el alma a los pies. Pero luego nos rasgamos las vestiduras cuando una niña, que no es nadie, sale en un programa de televisión diciendo que qué malos los de los toros... Vamos a ser sensatos y consecuentes y ofendámonos por lo que realmente nos debe de ofender. Pero si desde dentro del propio mundo hay más antitaurinos que fuera, lo tenemos complicado.

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