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«Lo Bravo se adentra en los personas»

«Lo Bravo se adentra en los personas»

Desde el sofá de su casa parece que la vida le da un respiro. Esa mala costumbre de descansar que no termina por normalizar del todo. Carmelo López es un torbellino de la comunicación audiovisual. No para. La información taurina en la tele y la radio autonómicas (Telemadrid y Onda Madrid) ocupa la mayor parte de ese valioso tiempo que no le deja echarse una viciada a la consola con los colegas si no le pilla descansando. Aunque sus 37 años no hacen justicia a su apariencia neo treintañera, este albaceteño ya ha conquistado el corazón de pequeños, medianos y mayores, aficionados y no aficionados, con Lo Bravo; una serie documental que cuenta con siete capítulos hasta la fecha y que ha trascendido las lindes de lo taurino, en la que se recogen planos y testimonios verdaderamente emocionantes sobre la vida, la muerte, el toro, el torero y la Monumental de Las Ventas: "La intención siempre fue generar una interacción humana".
Darío Juárez

- La que has liado, Carmelo?

- Nuestra idea era transmitir los milagros de los que somos testigos habitualmente. Cualquiera que no sea cercano a la información taurina puede percibir a primera vista que está delante de personas que no se parecen a las demás, incluso dentro del mundo del arte. Creo que las historias, contadas desde otro prisma, es más fácil que la gente se identifique con ellas.

- ¿Cómo nace Lo Bravo?

- Sobre todo porque estábamos produciendo un documental, que era el de Víctor Barrio, y se nos quedó bastante claro su mensaje de que la tauromaquia más que defenderla había que enseñarla. Habíamos trabajado ya algunas facetas del audiovisual taurino, como el campo bravo, pero yo siempre pensé que Lo Bravo tendría cabida porque intenta ir mucho más allá del campo, más allá de la plaza para adentrarse en las personas, en los protagonistas, y cómo su presencia en Lo Bravo ha cambiado su vida para siempre. Es decir, intentamos generar una interacción humana con los personajes porque en estos últimos tiempos hemos visto cómo la figura del torero se degradaba socialmente, sin que ellos hubieran cambiado su forma de ser o sus costumbres. Es muy habitual leer o escuchar con insultante normalidad cómo hay personas que llaman asesino a un torero; es muy fuerte y se están consolidando en el lenguaje por un apreciación equivocada en prejuicios, más que en desconocimiento.

Hemos intentado que el español medio se interese por Lo Bravo, porque no queríamos hacer un programa de toros, queríamos hacer un programa de televisión. Queríamos intentar que el aficionado pudiera invitar a verlo a una persona que fuera totalmente contraria a los toros, o que no defendiera ni comprendiera la fiesta de los toros, pero también que el español medio, que ni le van ni le vienen, se pudiera interesar para ir a la plaza. Hemos querido que cada capítulo presentase a cada personaje de una forma totalmente distinta, para que la conclusión también fuera distinta. Me quedo con el humilde triunfo de Alberto Lamelas; con ese viaje de Gonzalo Caballero, que todos vimos desde fuera pero que impresiona mucho más desde dentro; con en ese retorno de las tinieblas de Javier Cortés, que se ha agarrado a la vida con un optimismo que puede extrañar a personas que no formen parte de esto; el estoicismo de Fortes y su forma de comprender la vida; el hilo de cuatro historias y casas ganaderas distintas como son Montealto, Flor de Jara, Aurelio Hernando y Victoriano del Río; el capítulo de Las Ventas que nos ha enseñado la importancia del monumento y de que siempre hay que trabajar para él. Siempre hay personas que, por muy importante que haya sido lo que han hecho ahí dentro, al final van pasando y lo que queda es la Meca del toreo. Y, cómo no, el capítulo de Víctor Barrio, que ha sido muy especial para nosotros. Llevábamos trabajando mucho tiempo para que pudiera salir adelante y creo que será de lo más especial que hagamos nunca por la carga emocional que tuvo ese rodaje.

- Hay testimonios verdaderamente escalofriantes y que trascienden del todo lo taurino, como el de Esther -madre de Víctor Barrio- en el trayecto en coche a Teruel, preguntándose y preocupándose sólo por cómo estarían sus seres queridos que en ese momento lloraban a su hijo en su lecho de muerte, ya que por él ya no podía hacer nada.

Son palabras, como decías, que solamente recordarlas te hacen sentir un escalofrío. Son conversaciones que nosotros mismos evitamos tener con las personas que tenemos más cerca; recuerdos que se pueden encapsular y que al liberarlos pueden tener un efecto muy costoso. Esther nos ha dado una lección de crecerse en el castigo y de intentar ser pragmática en momentos como ese que comentabas, cuando a su hijo le acaba de matar un toro y va hacia Teruel preocupada por si a la abuela le había subido el azúcar por el disgusto. Es un sentimiento que podemos tener todos, pero que cuando se manifiesta en esa dimensión, emociona.

 - Yo seguro que no lo hubiera tenido.

Yo tampoco, también te lo confirmo. Recuerdo sentir un escalofrío literal cuando lo estaba contando en la entrevista, y pensar en cómo habría reaccionado yo. Pero vamos, tengo la certeza de que habría sido absolutamente incapaz de tener esa calma y esa generosidad exacta con cada uno, como sí la tuvo Esther con su familia minutos después de que su hijo perdiera la vida entre las astas de un toro. Creo que hay pocas personas que puedan tener una reacción como la que tuvo ella. Sin duda, con su testimonio, nos ha ayudado a comprender mejor la figura de su hijo.

- ¿Qué buscabas en Lo Bravo para hacer este tipo de televisión?

Lo primero que busqué fue un buen equipo. Sin ellos, aunque suene a tópico, no hubiera sido posible, pero es que es así. ¿Qué busqué? Que la tauromaquia se viera o se vea de otra forma; comunicarla de dentro a fuera. ¿Que con el trabajo de algunos años, se pueda hablar de un sello? Pues oye, yo no puedo hacer otra cosa que sentirme orgulloso, porque intentamos hacer cosas mejores, distintas, pero siempre con el hilo conductor de que sorprenda audiovisualmente. Ejemplo de ellos son muchos planos del capítulo de Alberto Lamelas navegando por Madrid con su taxi en busca de clientes, o en el de Javier Cortés paseando de noche por la Gran Vía, que pocas veces se ven en el género documental.

- ¿Y qué has encontrado?

Me he encontrado personas y testimonios francamente trascendentales, ya que todo parte de la generosidad de los entrevistados, porque sin esa forma de hablar con el corazón en la mano sería muy difícil llegar a ese voltaje emocional tan alto.

- ¿Qué ha cambiado de aquella primeriza idea original de Paisaje Herrado hasta hoy?

Ahora puedo hacer muchas cosas que antes no podía, pero sobre todo el estímulo de tener un programa que no se limite a un sólo ámbito, sino que pueda contar cualquier tipo de historia. Sin duda, es lo que más me motiva de todo: poder enseñar la tauromaquia desde cualquier ángulo. No se necesita ser matador de toros para ser protagonista de Lo Bravo; con que Lo Bravo haya cambiado tu vida, es suficiente.

- Porque Paisaje Herrado fue?

Una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Me dio la oportunidad de conocer personas maravillosas que de otra forma habría sido imposible, y es algo con lo que ojalá pueda volver a encontrarme en un futuro.

- ¿Cuándo se empieza a cimentar esa creatividad que hoy pare un programa como Lo Bravo?

Realmente, es mi abuelo el que me lleva a los toros. Tenía una marisquería al lado de la plaza de Albacete, y siempre he ido con él a los toros y siguiendo un poco a Dámaso. Es muy buen aficionado, entonces de alguna forma siempre he tenido contacto con el mundo de los toros gracias a él, y siempre me ha parecido que era un entorno donde la creatividad era casi su razón de ser. Visualmente siempre me ha maravillado, pero desde ver un tiro de mulillas. Para mí era suficiente para sonreír. Al final es un contacto de casi toda una vida. También es una suerte que Lo Bravo se dé en abierto, para que esas personas mayores que no pueden ir a la plaza, tengan un contenido a mano que no sea de pago.

- ¿En qué momento te das cuenta de la necesidad de mover el avispero del periodismo taurino audiovisual?

El avispero, ya que lo hemos querido llamar así, siempre ha estado en los contenidos de la televisión privada. Sí que es cierto que con contenidos de ese nivel en la televisión pública, seguramente, se hubieran hecho más aficionados. Posiblemente, las grandes tardes que hemos visto en los últimos tiempos, si las hubiéramos podido ver cinco millones de españoles a través de La 1, pues estaríamos en otras. Creo que el avispero del audiovisual taurino, en realidad, siempre ha tenido productos de mucha calidad. Lo que pasa es que a veces no han llegado al público que deberían de llegar, que es el que nunca ha ido a una plaza de toros.

- Sólo acepto un sí: ¿Habrá segunda temporada de Lo Bravo?

Buena pregunta. Ahora mismo no te podría dar una respuesta positiva ni negativa. El tiempo lo dirá. Nosotros estamos preparados y veremos qué sucede. Ojalá, desde luego, porque así nos consta que el programa ha tenido buena acogida y nos encantaría que siguieran confiando en nosotros.

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