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«No hay cornada más grave que el hecho de no ser feliz»

«No hay cornada más grave que el hecho de no ser feliz»

Un adiós insospechado en el mes de agosto ponía punto final a la joven y prometedora carrera del novillero Borja Collado. 72 días sin tuitear. Algo, cuanto menos, controvertido para cualquier joven si se lo prohibieran con 18 años. A las puertas de los 19, las grandes ya se tomó la molestia de abrirlas en Granada, en la pasada Feria del Corpus, y en su Valencia natal por partida doble, con y sin caballos. El eco de su nombre empezó a resonar desde que saliera lanzado del coso de la calle Xátiva en el mes de mayo, mostrando que su juventud no está reñida con hacer el toreo de toda la vida: el clásico, el bueno, el más difícil y el que es capaz de poner de acuerdo a todo el mundo. Se estaba forjando un buen torero, pero eso no valió para enterrar su fragilidad emocional. Creía que no era lo suficientemente fuerte para seguir delante del toro. Reconoce los miedos, guarda distancias y tiene claro que regresa con todas las consecuencias. Viene de un enero cárdeno de entrenamiento entre La Quinta y Saltillo, y más recientemente en Montealto. Sin embargo, la temporada ha comenzado y Collado no figura en los carteles de Fallas ni en los de la temporada de Sevilla...
Darío Juárez

- ¿De Valencia te lo esperabas?

- Esto es un poco complicado de explicar, pero sí me esperaba quedarme fuera. Quizá porque anunciamos un poquito tarde el hecho de que volviera a torear y ya estaban confeccionados los carteles o por otros motivos que desconozco completamente. Antes de dormir pienso en dos plazas y una de ellas es Valencia, por ser mi tierra. La que me ha visto entrenar y torear desde pequeño, como también triunfar la mayoría de las tardes en las que he estado en ella. Su gente me vio caer un tanto derrotado y es una pena que no puedan ver cómo me he levantado. Lo que tengo claro es que del número 28 de la calle Xátiva no se va a ir y me estará esperando.

- Pero, ¿ha sonado el teléfono?

- No, la verdad es que no. Valencia no me ha llamado.

- ¿Lo ves como un paso atrás o te sobra juventud y paciencia?

- Creo que estoy en una época de mi vida, la adolescencia, que es la etapa de la esperanza; la que yo nunca he perdido, ni en volver a torear ni en diferentes cosas de la vida que la mantienen intacta. No lo considero un paso para atrás, sino todo lo contrario. Es un proceso de maduración que será para bien. Una frase que me llevo repitiendo últimamente. Porque las cosas siempre pasan por algo y lo que no pasa, también es por algo. Si Valencia no ha llamado, seguro que es porque no tenía que ser en este momento y porque el destino me tiene preparado algo bonito más adelante.

- ¿Cómo se vuelve convencido a la cara del utrero después de recomponerte de ese delicado trance que te hizo asumir que lo dejabas?

- Muy fácil y muy complejo a la vez. No hay cogida más grave o cornada más profunda que el hecho de no ser feliz y no encontrarte a gusto. Todo eso se convierte en una monotonía que no deja que las cosas fluyan. Lo más complicado a la hora de recuperarte es saber encontrar la felicidad en las cosas pequeñas, quitando todas las alharacas y los accesorios de más de nuestro día a día, que le dan una versión de farándula, cuando dando un paseo con tu mamá se pueden arreglar muchas cosas. La única manera de asumir y recuperarse de una derrota es no pensar en el qué dirán. Muchas decisiones se han de tomar con la cabeza para que después al corazón no le duelan tanto.

- ¿Te pesó la presión de que la afición hubiera puesto el ojo en ti, definitivamente, tras los triunfos rotundos de Valencia y Granada?

- Para nada, pero porque era lo que estaba buscando. Quería que todos los ojos me mirasen. Igual fue lo que me afectó; ya no el hecho de estar a la altura, sino que todo el mundo se fijase en mí. Eso, entre otras cosas, quizá fue lo que pudo anular mi personalidad por momentos. Querer acaparar toda la atención y olvidarme de lo que realmente me hace feliz, que es tomarme el toreo como un ejercicio espiritual, fue un punto negativo que al final me salió caro. Pero presión no, apenas llevaba medio segundo en esto. Soy un chaval de 18 años que no tiene una familia que alimentar, que no tiene que levantarse a las 5 de la mañana para dar de comer a nadie. Quiero decir que lo que hacía y hago no es por presión, sino por gusto y felicidad. Y si eso es presión, bienvenida sea. Que la espero con los brazos abiertos.

- Sabes y buscas fusionar el toreo asentado y de pellizco, con el de valor. Eso es como tener una llave maestra...

- ¿Lo busco? Sinceramente no lo sé. Soy un torero y una persona impulsiva, que tengo la necesidad de hacer lo que me sale en ese momento. Eso es lo que me ha llevado a tener muchos tropezones también: tengo 18 años pero alguna hostia me he pegado. Dentro de la plaza lo materializaba sin dejar de ser consciente que el animal te puede echar mano y hacerte daño. Entonces yo trataba de hacer todo lo que sintiese en ese momento. Creo que es la mejor manera de ser uno mismo y no engañar a nadie, y mucho menos al toro. Pero nunca tratar de imitar un personaje.

- Decidiste dejarlo en agosto y en septiembre se celebran los certámenes de novilladas más importantes, en los que se ratificaron nombres como el de Francisco Montero, Diego San Román o Tomás Rufo en la Feria de Otoño. Por condiciones no, pero ¿crees que estás pagando la ausencia de estos meses al ver a estos toreros con preferencia para las empresas?

- Creo que no. Antes creía y me hacían ver que esto era una guerra contra todos y, sin embargo, la guerra es con uno mismo. Que no vengan a decirme que Francisco Montero o Tomás Rufo vienen a quitarme del medio a mí, porque estoy seguro que ellos también han pasado sus calvarios y los calvarios están para caminarlos. Ellos simplemente están donde se han ganado estar y, por favor, que de ahí no les quite nadie. Yo, en su día me lo gané y considero que si lo he logrado una vez, lo puedo hacer dos veces.

- Quieres torear y necesitas torear. A la vista está que no se regalan novilladas y el hambre no es sólo tener vacío el estómago...

- En absoluto. Considero que el hambre no es sólo tener vacío el estómago y eso me ha pasado factura estos meses, sobre todo cuando me quité. Probablemente tenía ese vacío, pero también me faltaba el hambre. Sólo quería estar bien. Conforme me fui poniendo un poquito mejor, me nutría el poder acompañar a compañeros a algunas novilladas que toreaban, después el entrenar con ellos y poco a poco volví a retomar el cauce del toreo poniéndome delante de alguna becerra. A partir de ahí, me di cuenta de que tenía unas ganas insaciables de estar delante del animal, mirarle a los ojos y poder decirle tantas cosas que guardo dentro. Quizá, ese discurso que puedo dar, en plazas como Valencia esté preparado para que sea más adelante.

- Madrid y su larga temporada podría suponer tu presentación en Las Ventas y tu reenganche al circuito...

- Por supuesto que sí. Madrid es una plaza de la que me hablabas el año pasado y me asustaba un poco. Ahora la veo y es uno de los mayores síntomas de motivación. Te comentaba antes que hay dos plazas en las que pienso todos los días: una es Valencia y la otra es Madrid, por lo que significa esa plaza para el toreo pero sobre todo para mí. He tenido la oportunidad de ver muchas tardes allí y me llama especialmente la atención. Esa afición y el toro que sale, con la verdad que allí quieren que se hagan las cosas. Mi verdad quizá no es la que pueda encajar allí, porque se tienen que reunir muchos factores. Entre otros, que el toro es un animal bravo y puede descomponer en cualquier momento la voluntad del hombre. Ojalá pueda entrar en esa plaza de lleno, ya no porque sea la única vía que pueda pensar mucha gente que me queda, sino por el compromiso conmigo mismo y mi satisfacción personal de quedarme tranquilo porque no me he dejado nada dentro.

- Si miras al horizonte de la temporada, ¿qué ves?

- A día de hoy no tengo nada, sólo un carretón y un compañero que me embiste todos los días. Y los tentaderos que van saliendo. Pero veo una temporada que ilusiona. Soy una persona a la que le gustan mucho los retos y cuando las cosas se ponen difíciles, para saber que puedo darle la vuelta a la tortilla. Me pasa en las películas de aventuras, cuando me meto en la piel del protagonista.

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