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«Preocupa la desconexión del toro con la sociedad»

«Preocupa la desconexión del toro con la sociedad»

Creí que el don de la sevillanía terminaría con Morante. Una idea que se me atragantó durante mucho tiempo. De las escuelas salían casos de toreros con el reflejo tardo y el tobillo flojo, aún con la dádiva carismática del arte. El corte clásico sevillano, jondo de necesidad, barroco de hondura, natural por excelencia (...), lloraba hasta hace poco su peligro de extinción. Desde lejos se podían atisbar maneras, destellos de esa ortodoxa tauromaquia en nuevos toreros que han visto la luz de cinco años para acá, pero no una confirmación real del relevo generacional que lleva buscando Sevilla durante tanto tiempo. Tras el maremoto del Guadalquivir que provocó Pablo Aguado el pasado año, Juan Ortega se ha puesto en el candelero y en el punto de mira de la afición. Habla pausado, pensando lo que dice y viceversa. Hace seis años tomaba la alternativa en Pozoblanco. 2019 lo destapó definitivamente como un torero que lleva cosidas pureza y naturalidad a partes iguales. Y en Linares lo volvió a confirmar frente a un sobrero de Parladé, un día después del 73 aniversario de la muerte de Manolete en ese mismo ruedo.
Darío Juárez // Foto: Joserra Lozano

- Juan, una tarde para soñar el toreo…

- Pues mira, de las tardes con las que uno ha soñado muchas veces pero, muy poquitas, muy poquitas salen...

- En Linares y de fondo sonando ‘Manolete'...

- Fíjate lo que son las cosas, en una temporada normal hubiese sido una corrida más. Y está hasta feo que lo diga pero, gracias a estas circunstancias que estamos viviendo, he tenido la oportunidad de entrar en una feria como Linares, que estuviese la televisión y que sin haber toros prácticamente en ningún sitio, haya tenido la suerte de que todas las miradas se concentrasen en esa tarde. Quizá luego lo buscas o lo intentas preparar y no te sale igual. Pues hay tardes que se conjugan de esa manera, estaba ese día para mí y así fue.

- Tanto usted como Pablo Aguado han confirmado el futuro de la escuela sevillana por excelencia, que durante un tiempo se vio amenazado.

- Hombre, lo primero es un halago que me metas dentro de ese corte de toreros, porque yo he tenido la fortuna de haberlo mamao desde que era un niño con mi padre y por tener la gran suerte de cruzarme en mi vida con el maestro Pepe Luis Vargas. Fue el que me terminó de abrir los ojos con este toreo y esta manera de interpretarlo. Son cosas que en realidad te tienen que salir, que las tienes que sentir... En fin, sentir es la palabra, pero si no tienes un maestro, alguien de quien puedas beber, las cosas se van perdiendo. Pero es la propia sociedad la que te obliga a la prisa, a la regularidad... Al final son cosas que van un poco en contrapunto de lo que debe ser la maduración de un torero. Las cosas tienen que ir despacio; el toreo cuanto más puro, más difícil es y más trabajo cuesta meterlo en la cabeza. Todo eso lleva su tiempo. El toreo es algo que tienes que soñar y los sueños llevan su tiempo. Como te he dicho al principio, es una satisfacción que me metas dentro de ese saco de toreros de ese corte.

- ¿Es necesaria la búsqueda de la perfección continua o cree que hay cortes que vienen dados por gracia divina?

- Al final el toreo es un arte y para poder desarrollar esa pureza necesitas aprender a torear. A saber manejar el capote, la muleta... Son cosas que se aprenden. Como el pintor debe aprender a coger el pincel, a acostumbrar a su mente a moverse en los espacios. Pero al final, para que aquello de verdad se pueda considerar una obra, los artistas tienen que nacer; tienen que llegar a su interior y decir: «así entiendo el arte». El arte no es más que la vía o el camino que tienes para expresar algo. Lo que llevas en tu interior. Algo bello, algo grande.

- Entonces sí cree que existan los llamados 'elegidos'

- Al final todo depende del interior de cada uno. Y al final hay personas más... Bueno, pues como todo en la vida: hay un hermano más práctico, más sota, caballo y rey, que es más directo y no le da tantas vueltas a la cabeza, y hay otro hermano más profundo que le gusta pensar las cosas, le duelen ciertos comentarios, sufre más (...). Y eso al final va con cada uno.

- ¿A quién se quería parecer cuando dejaba desnudo el toallero de su madre, para pegar cuatro verónicas y una media en el salón de casa?

- Mira, yo recuerdo de estar de niño en casa con mi abuelo y con mi padre, que han sido grandes aficionados, y oír hablar mucho del maestro Ordóñez y del maestro Camino. Hasta tal punto que pensaba que los inventores del toreo habían sido ellos. Como si creyera que la tauromaquia había nacido a partir de ahí. Todos esos que tú vas viendo y mamando desde niño, son los que al final se convierten en tus ídolos. Aquello a lo que tu aspiras ser, aquello que tu anhelas.

- ¿Juan Ortega es más de números o de momentos?

- Priorizo los momentos; un momento bueno no lo cambio por nada. Pero sí es verdad que me preocupo por los números también. Parece que es fácil decir que como este torero siente las cosas así, le da igual haber cortado una oreja, tres o ninguna. Sufro cuando he pinchado un toro y no he podido cortar dos orejas. O cuando yo no he cortado nada y un compañero se ha llevado tres. Sufres, y te maldices, y muchas cosas. Pero si tuviera que priorizar algo, sin duda serían los momentos. Se vive de los números, pero se siente con los momentos.

- ¿Cree que existe ya una solidez fehaciente para renovar los puestos nobles del escalafón con toreros nuevos?

- Sí es verdad que estamos en un buen momento. Estamos viviendo una época en la que ha aparecido ahí una baraja de toreros con un concepto muy bueno, queriendo hacer el toreo, queriendo hacer las cosas despacio, queriendo hacer las cosas bien (...). Y ha ilusionado a la gente. Al final la renovación del escalafón llega cuando van apareciendo toreros con algo que expresar; toreros que tengan algo en su interior y que emocionen al público. Y que sea el público quien a la hora de elegir diga, pues me voy a decantar por este torero o por este otro. Por eso creo que ahora se están dando las circunstancias de que hay un ramillete de toreros con esas características. Creo que es un momento de cambio en la Fiesta.

- ¿Qué necesita Juan Ortega para tocar la felicidad?

- Eso son palabras mayores. La felicidad es tan difícil y tan... Pero fíjate, hay momentos en los que uno toca la felicidad. Momentos en la vida con la gente a la que quieres; momentos delante del toro en los que sí eres capaz de rozar la felicidad. Pero es complicado, porque va y viene y... Es difícil.

- Es muy joven pero lamentablemente el futuro no pinta precisamente de colores...

- Al final, de las grandes crisis se producen los grandes cambios. O a lo mejor pequeños cambios, pero ya son cambios. Fíjate la situación tan dramática que estamos viviendo en el mundo del toro y en el mundo en general. Pues está sirviendo y tiene que servir más todavía para cambiar determinadas cosas: la mentalidad de los aficionados, la de los empresarios y, por supuesto, la de los propios toreros. Y ya están cambiando. Yo lo noto, lo siento. Y si están cambiando es porque estamos viviendo la situación que estamos atravesando. Creo que yo soy el mejor ejemplo que te puedo poner ahora mismo; en un año normal y corriente, no hubiera entrado en la Feria de Linares, ni se hubiese televisado la corrida, ni el mundo taurino hubiera estado pendiente.

- ¿En qué ve que cojea la Fiesta?

- Si fuese una cosa en concreto, ni te la diría porque entonces estaría solucionado. La Fiesta tiene muchas cositas en las que se fallan, pero lo que más me preocupa del todo es la desconexión del mundo del toro con el resto de la sociedad. Que el toreo se normalice: que haya gente que le guste y haya gente a la que no. Qué aburrido si todos pensáramos igual, ¿no? Pero que sea algo normal, que no sea algo clandestino y creo que en eso tienen mucha culpa los medios de comunicación. O sea, el toreo ha desaparecido de los medios de comunicación. No hay un bombardeo de información como lo hay para el fútbol o como lo puede haber de tenis, de motociclismo, de cine o de otra cosa. Y con la infinidad de vida que tiene el mundo del toro, ¡¿por qué no está en el día a día?! Nos quieren joder porque saben que los toros les hacen mucho daño.

- Lo más curioso es eso: ver el rechazo a la información taurina en los medios, cuando es la mayor industria cultural a nivel de ingresos del país.

- Sí, al final todo es un poco relativo, porque hay partidos que apoyan un poco más la Fiesta, otros partidos que la quieren prohibir... Pero es curioso que los que ahora la quieren prohibir, hace 50 años la defendían a muerte. Entonces, al final la política no incide sólo en los toros, es así con todo. Nuestra obligación es que el toreo sea un espectáculo que interese, que se normalice, que esté en el día a día de la sociedad. Aunque luego la gente no vaya a verlos, pero que sea algo normal.

- ¿Ve a la tauromaquia despolitizada algún día?

- No, nunca. Y no creo que haya que despolitizarla. Siempre habrá partidos más a favor y otros más en contra, pero al final la tauromaquia está ligada a la sociedad y la sociedad a la política, pues hasta cierto punto siempre va a estar influenciado. Como ocurre en el fútbol. Yo entiendo que la tauromaquia siempre estará politizada porque la sociedad lo está. Estamos divididos; es una pena pero es así. Estando normalizada la tauromaquia, los partidos la normalizarán también y la verán como algo normal. Porque al final la política se deja llevar por lo que le interesa.

- La nueva normalidad parece basarse en el indulto casi por decreto y en tener en contra a los que decían defender y estar a favor de los toros... ¿Qué opina?

- Los toros se indultan en días en los que previamente ocurre algo especial, en los que la gente está más sensible... Sale el primero embistiendo, sale el segundo embistiendo, sale el tercero embistiendo y ya aquello es la revolución. Y se acaba indultando. Por regla general, un indulto siempre suele venir precedido por algo extraordinario y hay que tener en cuenta que cada tarde que estamos viviendo ahora mismo, se está viviendo como algo especial. Prácticamente no hemos tenido la oportunidad de ir a los toros. Y te ves allí, con ese metro y medio de distancia, con esas limitaciones de aforo, con esos ataques que está sufriendo la tauromaquia, con ese esfuerzo de un empresario por montar una corrida de toros, con esos toreros que se siguen preparando para matar una sola corrida a lo largo del año... Son cosas que cuando las encuentras el sentido, tienes algo ahí en el estómago y dices: «me cago en la leche; esto lo tengo que sacar yo por algún lado». Yo creo que es por eso por lo que la gente está perdiendo un poco los papeles con el indulto.

- Su nombre suena con fuerza para el cartel sevillano que prepara Garzón en Córdoba para el Día de la Hispanidad…

- Ahora mismo está todo en el aire. Nos llamó Garzón simplemente para preguntar si teníamos la fecha libre y que le gustaría contar con nosotros. Hasta ahí, nada más.

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