Por el piton derecho
Vicente Carrillo Cabecera
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El idilio del fénix entre veteranos de Vietnam
CRÓNICA BILBAO. 8ª de las Corridas Generales

El idilio del fénix entre veteranos de Vietnam

Darío Juárez

Qué manera de sufrir tiene la realidad cuando no encuentra un apotema que divida al convencimiento pleno. No le valen coletillas malsonantes y destructivas que intercedan por ella, cuando el ahora es ahora y donde cualquier parecido con sí misma es pura coincidencia. Urdiales sabía que había que hacerlo real. ¿El qué? El toreo, sin más. Por naturales conquistó a Bilbao. Por naturales engrandeció la tauromaquia que lleva cosida al alma. Por naturales se cubrió de cadencia, espacio y reposo, en una faena de retina y memoria. Esa naturalidad quedó impregnada y rebosante sobre las almas que se acomodaban en Vista Alegre y que asistieron a la mayor manifestación del más puro toreo clásico visto en esta plaza en los últimos tiempos. Pese a estar fuera de la mayoría de las ferias, el fénix tiene un idilio con Bilbao. Sus cenizas nunca se apagaron para estos aficionados, y su regreso se vierte siempre sobre esta feria como fragancia de anhelo. Todo, en un encierro desigual de Alcurrucén y huidizo de los petos, que sólo salvó el lote del riojano.

No es un torero de temporada, como la fruta. Es el fruto que no amarga cuando se viste de torero. En menos de un mes se cumplirá un año desde que a Diego Urdiales no se le ve en una feria de importancia, cuando toree de nuevo en Logroño. Un dique que nunca se secó pese a todo y todos los que quisieron que así fuera. Pero hoy estaba en Bilbao, hoy estaba en casa. Su plaza talismán. El hombre del norte con esencia del sur. El pulso, la batuta que dirige tras la orden, un camino a la embestida para que ésta se abra entre pétalos de rosas que crecen de sus naturales. Cuatro fueron las series al sexto, donde el temple de esa muñeca zurda acariciaba  un tranco en fa sostenido que se despedía de una melódica conjunción. Los tendidos suspiraban. No había podido gustarse con el capote, por tanto el caviar era escaso y había que saciarse. Lo rubricó una estocada entera de acción fulminante, que tras previo pinchazo sirvió para que Matías –con el precedente de ayer– le concediera las dos orejas. En el tercero ya se pudo ver tintes de este betún. Brindó a Juan Echanove la faena de este toro que tuvo transmisión en los primeros compases, donde Diego tuvo que poderle y al que le faltó rotundidad. Los finales fueron agradecidos por paladares selectos del sabor añejo, que con la estocada hacían sumar la primera oreja para el esportón de su tarde.

Parecía que El Juli venía de la guerra cuando dio muerte al quinto tris de Alcurrucén. Esa belleza inusual encarnada en el cuerpo de un toro serio y con un trapío desbordante le habían dejado de segundo sobrero por eso mismo. No sé si por el karma o no, pero Lancero salió al ruedo tras la devolución del titular por partirse el pitón derecho en el peto y el bis por invalidez. Jamás se vio a un Juli sudar tanto, pero ojo, qué manera de meterle mano... Reponía y soltaba mucho la cara por el izquierdo mientras que por el derecho venía más tapadito. El madrileño, firme, no se amedrentó y tiró de galones para poder sonsacarle muletazos logrados y bien llevados por abajo. Bilbao, al igual que todos, se lo agradeció. Con el segundo nada pudo hacer. Un animal muerto en vida, cubierto de descaste y sosería hasta la saciedad, aburriéndose mutuamente entre ambos.

Enrique Ponce, por su parte, no quería ser menos en esta guerra y quiso enseñar sus cicatrices. Con el primero no pudo ser por su acentuada mansedumbre. Todo ello vino en el cuarto, que tampoco colaboró en demasía, pero al que el de Chiva le supo meter en su canasto. Es decir, en el del pico, las lejanías y el utilizar un mantel familiar como muleta. En cuanto a sabiduría y tecnicismos, le sacó todo y de todo lo que le permitió. La tarde con los aceros no fue la más acertada para el valenciano.

 

  • Bilbao. Plaza de toros de Vista Alegre. 8ª de las Corridas Generales. Dos tercios de entrada en tarde agradable y algo ventosa. Se lidiaron seis toros de Alcurrucén, uno de ellos como segundo sobrero, de desigual presentación. Manso el 1°, descastado y parado el 2°, con transmisión el 3°, muy venido a menos el 4°, complicado el 5° tris y con transmisión y clase el 6°.
  • Enrique Ponce (burdeos y oro): silencio y ovación con saludos tras aviso.
  • El Juli (azul marino y oro): silencio y ovación con división de opiniones tras aviso.
  • Diego Urdiales (verde hoja y oro): oreja y dos orejas tras aviso.

 

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