Se llama Paco Ureña y hoy, día de Santa Rosa, ha firmado en Bilbao la tarde de su vida, cima de una grandiosa temporada que ha sido la más bonita reencarnación del Ave Fénix que ha vivido el toreo. Lo vivido gracias a Ureña ha sido bellísimo, una sublimación de toreo, porque el triunfo, rotundísimo no ha tenido más ingredientes que ese, el toreo en su más pura y limpia expresión. Precisamente por eso, Paco Ureña ha puesto a todo el mundo de acuerdo.
Ya había cuajado al primero, bravo en el caballo, frente al que comenzó por estatuarios al hilo de tablas encadenados a una primera, breve y ajustada tanta al natural. De ahí lo sacó para fuera y cambió de mano, cincelando un trasteo que no paró de subir enteros, y eso que el animal no repetía sus nobles embestidas. Firme como si tuviera los pies atornillados a la arena, Paco giraba un cuarto de vuelta y daba un tiempecito entre muletazos antes de buscarle el siguiente, confiándolo todo a la colocación y al giro de sus muñecas de seda. Siempre rezumando torería, arma para hacer crecer aquello pese a esa falta de repetición del astado, y sublimando el torero al natural, porque esta vez no se despatarró, bueno, sólo una vez, así que lo que se vio fue el mejor toreo de Ureña, ese de compás más cerrado donde acaricia las embestidas para llevarlas hasta el final. Acabó doblándose rodilla en tierra con usía y quiso matar recibiendo, pero el cuatreño no se le arrancó ni en la suerte natural ni en la contraria, así que atacó él y cobró un estoconazo a costa de ser cogido sin consecuencias. Aquello era de orejón con muchísima fuerza, pero Matías le dio las dos y, honradamente pienso que si dio las dos por esta faena ayer debió dárselas también al mediano de los Adame, aunque aquel trasteo discurriera por otro palo distinto.
En el sexto Matías sacó los dos pañuelos a la vez, y no era para menos. El toro tuvo buena clase, pero el motor muy medido, así que hay que ser muy, muy, muy buen torero para conseguir el triunfo logrado por Ureña. Anduvo perfecto desde el segundo uno, administrando a la perfección al animal, no prolongando las tandas más allá del cuarto muletazo y rematándolas con dobles pases de pecho que subían la intensidad. Así, hasta que se puso al natural y cinceló auténticos monumentos al arte de torear, preñados de temple y con un mérito añadido y extraño en estos días, pasándoselo muy cerca. Y, además, con inteligencia, porque se había guardado una última tanda por el derecho, pitón por donde el animal tenía más fuelle. Ahí, en ese epílogo, le apretó para ligárselos y dejó aquello en todo lo alto. Otro estoconazo partió en dos al de Vegahermosa y Paco Ureña se consagró como el nuevo ídolo del Bocho.
Ese trono era de Diego Urdiales, cuyo lote se asemejaba a ponerle dos velas negras, aunque el primero fuera castaño. Con decir que lo más relajado que pudo bosquejar hoy fue un quite por chicuelinas al segundo toro de Cayetano está todo hablado. El que abrió plaza fue una prenda que lo tuvo marcado desde primera hora y embistió a la defensiva. Intentó Diego alargarle el recorrido y el pago del toro fue venírsele por arriba al pecho en cuanto quiso darle una oportunidad. El cuarto fue agrio y le hizo sudar la gota gorda, porque nunca fue metido en los trastos y siempre quiso remontársele, sin regalar ni media embestida, defectos que acrecentaba por su imposible pitón izquierdo. Diego lo pasó con oficio, después se dobló con él y lo mandó pronto al desolladero.
Menos mal que ese lote de Urdiales no le cupo en desgracia a Cayetano, porque si llega a catar alguno de esos dos animalitos Curro Vázquez no le vuelve a enseñar un Jandilla ni por WhatsApp. Y es el menor de los Rivera, por ejemplo, sigue manejando el capote con el mismo oficio que un novillero a pesar de la cantidad de animales que lleva ya entre pecho y espalda. Por suerte para él sus dos toros no apretaron nada y, de hecho, el primero iba con la lengua fuera antes de llegar al caballo. Lo más intenso de la lidia fue el pique en quites, que también llegó en el quinto, entre él y Paco Ureña. Tuvo luego el toro buena condición, y hasta un momento por el pitón derecho en que Cayetano debió poner mayor intensidad. Pero fue ponerse un instante al natural y desfondarse el cuatreño, al que despenó de una estocada que fue lo de más fundamento de su labor. No tuvo historia alguna lo hecho ante el quinto, que no tuvo poder alguno. Pese a ello se marcó una salida al tercio más protestada de lo que él pensaba vistas las muestras de cariño que una parte del público a lo visto incondicional suyo le había venido dedicando durante toda la tarde.
Ureña revienta Bilbao. Primera Puerta Grande de la feria para Paco Ureña tras dos faenas llenas de verdad. Esfuerzo y compromiso de Urdiales con un lote complicado. Entregado Cayetano, luciendo su toreo de capa en una corrida de Jandilla desigual en su juego.#AsteNagusiaenToros pic.twitter.com/qsZ8bmCNZr
— Toros (@toros) August 23, 2019
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