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El Juli y la medida perdida
CRÓNICA SEVILLA | DOMINGO DE RESURRECIÓN

El Juli y la medida perdida

Ignacio Muruve | Sevilla

La belleza siempre aguarda el momento justo para hacer presencia. Puede ser que incluso esté incrustada en días, en fechas en las que irremediablemente tiene que aparecer. En esta ciudad todo tiene un sentido justo y medido, anclado a su idiosincrasia. Mientras Sevilla se desperezaba entre oro, caoba e incienso, en Adriano ya olía a toro. Ese olor trae felicidad y la que después brota al entrar y sentarse en su piedra aniquila cualquier pena que traiga el fin de los días del gozo cofrade. Es Domingo de Resurrección y tres colosos del toreo le iban a quitar el polvo a la memoria. Núñez del Cuvillo hizo lo contrario: echó más. En el palco se sigue sin encontrar la medida perdida. 

El saludo a la verónica del Juli al quinto fue portentoso, con las manos por debajo de la cadera y templando desde que lo enganchaba. Pulseó siempre y lo llevó toreado en todo momento. Gavilán era una pintura y lucía unas hechuras maravillosas y esto a Roca también le gustó, que hizo un quite que puso aquello a respirar de nuevo. Julián lo vio claro y en los gestos se veía que tenía prisa por echarle mano al negro. La faena fluyó en el segundo tramo más que en el primero y la profundidad nunca se fue del escenario. Aprovechó el buen viaje que tenía el oponente y con inteligencia, jugó las cartas correctas: toques y distancias. Ambas manos fueron un látigo constante en una versión poderosa del madrileño. Tras la estocada casi entera le fueron concedidas dos orejas entre el clamor general pero ahora bien, ¿seremos malos aficionados los que veamos exceso en el premio? Lo dudo. Otros no tanto. Volvemos a la senda que dejó la pasada Feria de Abril. No hay medida. 

A Julián López le duró el segundo un muletazo con la verdad de su toreo. El poder no lo negocia un torero así y para ello necesita materia prima, cosa que no tenía delante. El termómetro de la paciencia en Sevilla hace tiempo que estalló y entre protestas y una labor de cirujano sin recompensa, el segundo capítulo también pasó en blanco. 

Al toro que abría temporada en la Maestranza y también la de Morante se le notaban y además, le pesaban los quinientos noventa kilos que dio en báscula. Atacado de salida, el de Cuvillo entró en el capote de Morante descompuesto. Lo despachó rápido el de La Puebla viendo que aquello no prendía. Más rápido aún se quitó de en medio al sobrero que relevó a un cuarto que se partió la mano izquierda. Entre un escándalo generalizado puso un orden que muy pocos entendimos: el animal no pasaba y no gusta perder el tiempo. 

Roca Rey traía el poso que proporciona la madurez. Se vio en dos detalles de la lidia del bellísimo jabonero que hizo tercero: la paciencia y el tiempo que le dio entre los dos puyazos -o picotazos- y en cómo mandó a Antonio Chacón a cruzar el ruedo en el segundo par con tal de ahorrarle un capotazo al animal. Viruta y Paco Algaba saludaron en un tercio en el que la lidia de Chacón fue para ponerla en las escuelas. Qué manera de enganchar, templar y vaciar abajo la embestida. Se cruzo siempre Andrés pero de nuevo, el fondito del animal venía bajo mínimos. Tercer episodio en blanco mientras corría la noticia de que al parecer, MundotoroTV había solucionado sus problemas a esas alturas del festejo y con infinidad de usuarios habiendo abonado la cantidad que correspondiera. Para el sexto quedaron los detalles de un Roca Rey que se colocó muy bien durante toda la tarde. 

Ficha del festejo:

Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla Domingo de Resurrección. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Núñez del Cuvillo: inválidos y sin fondo salvo el buen 5°.

Morante de La Puebla: Silencio en su lote.

El Juli: Silencio y dos orejas.

Roca Rey: Silencio en su lote.

Saludaron en el 3º Viruta y Paco Algaba.

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