Probablemente la tarde que daba por finalizado el ciclo taurino salmantino era la de mayor expectación del serial, pero todo quedó emborronado tristemente por la falta de casta y bravura de un encierro de García Jiménez que resultó inválido al completo. Poca suerte tuvieron los tres espadas que más allá que disposición, actitud y entrega no pudieron demostrar a un público que lleno a rebosar los tendidos de La Glorieta.
Una vez más, colgó el cartel de ‘No hay billetes’ Morante de la Puebla en Salamanca, en su segunda presencia en esta temporada, y con todo el público expectante y ansioso por volver a disfrutar del magisterio del número uno del toreo. Ante «Derribado - 618», un toro estrecho y fino de García Jiménez, vistiendo un precioso terno catafalco en pedrería blanca, no pudo lucirse con la capa al no entregarse ni romper en los trastos del sevillano. Se cambió el tercio de picar cuando le recetó un segundo puyazo fuera de tiempo que habrá que investigar. Con las telas conjugó el de la Puebla un trasteo intermitente por ambos pitones en donde tan sólo pudo dejar pequeñas pinceladas y detalles de su clásico toreo ante la embestida sosa y deslucida del de El Cabaco. Se encajó por momentos y le faltó ajuste en otros tantos en una faena en la que no hubo apenas emoción por la condición del astado. Enterró un acero caído al segundo intento saludando a una cariñosa ovación.
Los primeros tercios de «Esaborío - 60» fueron muy discretos y terminó como sus anteriores hermanos acusando la fuerza y sin emoción alguna. Sin embargo, se puso el cigarrero con disposición e interés en intentar deleitar a los salmantinos con pasajes sueltos al natural de bello trazo, enganchando por delante con toques fuertes en la muleta y enroscandose la embestida hasta rematar detrás de la cadera. No pudo hacer mucho más Morante con la materia prima que tuvo enfrente firmando detalles templados intermitentes que dejaron con la miel en los labios a todos los presentes. La estocada en lo alto le permitió cortar una merecida oreja.
Como uno de los máximos triunfadores del pasado serial salmantino y con alicientes más que contrastados regresaba Ismael Martín a su tierra. Empezó a espolear la tarde iniciando su primer acto enfrente de la puerta de toriles para recibir a «Endiablado - 19», un astado de García Jiménez que se dejó todo lo que llevaba antes de saltar al ruedo. Los primeros tercios fueron explosivos llegando a poner la plaza en pie tanto con el capote como con las banderillas, pero con la franela, poca historia tuvo una labor que basó en levantar al animal de la arena sin ninguna emoción ante el inválido astado charro. No fue por Ismael que dejó atisbos de máxima entrega y disposición en un saludo por verónicas y chicuelinas llenas de arrojo y tres pares de banderillas levantando al respetable de sus asientos demostrando una agilidad y solvencia como pocos. Le pidieron una oreja sin mucho sentido tras entrar a matar en dos ocasiones.
No cambió la tónica de la tarde con «Empedernido - 57», el quinto de la tarde, nuevamente pobre de presentación y que poco duró en las telas del salmantino. Tuvo fijeza y nobleza, pero la escasez de casta impidió un mayor lucimiento en la parte fundamental de la faena del de Cantalpino que lo intentó por varios medios, sin terminar de entenderse ni lucirse. Buscó recursos que le llevarán a tocar pelo echándose de rodillas a la arena salmantina y con bernardinas llenas de valor en un intento de meter al público en faena. El tercio de banderillas con cuatro palos de exigencia y valor fue en el único momento donde consiguió que la plaza entrará en ebullición. Erró con la espada y finiquitó con un golpe de verduguillo una tarde que seguro que cuando se anunció soñó con mejores resultados.
De novillero ya demostró su valía, pero de matador de toros, Julio Norte, se ha convertido en unas de las sensaciones de la temporada contando todas sus corridas de toros por triunfos. Ante sus paisanos y presentándose en su tierra con el burel de mayor peso de la tarde de nombre «Almendrigo - 15» y con una presencia vergonzosa sin trapío alguno. Demostró su variedad y facilidad en el manejo del capote en pasajes por verónicas, chicuelinas y un quite por saltilleras de mucha naturalidad y explosividad. El buen puyazo de Ángel Luís Sánchez fue de los más carteros de la feria. Con las telas cuajó un trasteo que pronto se vino a menos por la condición del de García Jiménez que duró exactamente la tanda en la que más poder y mando impuso el salmantino. Por derecho, con la mano baja y abriendo mucho el compás, ligó derechazos que pudo rematar atrás con inteligencia y firmeza. A partir de ahí, solo le quedo a Julio que acortar distancias y meterse en la terrenos del toro en alardes de valor y desplantes que cortaron la respiración de rodillas y pasándoselo por la espalda con mérito, pero alargando en exceso. No pudo lucirse más y la estocada excesivamente trasera le premió con una ovación.
«Boticario - 152» puso el broche final a un tarde para olvidar del ganadero que lució un encierro sin presencia ni emoción. A la porta gayola se fue el joven matador de toros salmantino para recibir a un incierto y distraído astado al que le saludó con un recibo variado en el que desplegó todo el catálogo de suertes de capote con relativa solvencia. Clavó ambas rodillas en la arena para comenzar el trasteo en redondo con la mano baja buscando someter en la franela al de El Cabaco con poder y mando. Se empezó a entregar en las telas del charro quien, con mayor o menor acierto, acortó pronto una distancia que ahogó al animal. Elaboró una faena intermitente en la que demostró madurez y en la que dejó muletazos sueltos por ambos pitones con largura y profundidad, destacando los naturales de mayor y mejor trazo. Estuvo firme y valiente, pero no fue suficiente para caldear a un público que se impacientó pronto. Nuevamente el acierto con la espada le permitió cortar su primera oreja como matador de toros en su tierra.
Ficha del festejo:
Plaza de toros de Salamanca. 6ª de abono de la Feria Virgen de la Vega. Corrida de toros. Lleno de ‘No hay billetes’ en una tarde calurosa y despejada. Se lidiaron toros de García Jiménez y Olga Jiménez; de pobre presentación e inválido juego en general.
Morante de la Puebla (de catafalco y pedrería blanca): ovación y oreja.
Ismael Martín (de azul celeste y oro con los remates en negro): ovación y ovación.
Julio Norte (de espuma de mar y oro): ovación tras aviso y oreja.