Al amparo de la Virgen de las Huertas, patrona de Lorca, y con la venia de la Señora de la Esperanza, Ulises llegó a Ítaca. Quinta de la Feria del Arroz. Los de Rehuelga para el cartel de la feria: Osornio, El Mene y Álvaro Serrano. Media plaza ante ellos.
Fue en primer lugar Emiliano Osornio con Sombrero, un novillo que, desde toriles, se mostró ubicado, distante, sin compromiso ni apego por el trapo. No permitió recibo alguno. Esperó la afición el tercio de varas para comprobar el desarrollo del animal, sin más éxito que en el recibo: dos malos puyazos y apagón en el peto. Con la muleta, más de lo mismo; incertidumbre que pareció no convencer a Osornio, que siempre le perdió pasos sin llegar a componer. Estocada trasera y tendida, descabello y silencio. Se dispuso con el segundo de su lote, un soso cárdeno que apeaba a tirones, sinónimo de la poca casta y fuerza que aunaba. De embestida incierta y cambiante, supo regularizarla, tener los tiempos y embarcarlo con la cadencia y verticalidad de la casa en dos buenas tandas por el izquierdo. Lo entendió y, por si había dudas, dejó un estoconazo que bien valió la oreja concedida.
Volvía Iker Fernández a Calasparra, por fin, sin aquel personajillo como apoderado que le acompañó el año pasado, que armó un auténtico esperpento con la presidencia y que, notablemente, incitaba al novillero a cambiar su concepto por aquellas orejas envueltas en papel moneda. No ha toreado nada tras ello. Bendito banquillo.
Fue desde el principio, desde los andares; sin pensarlo, paró al toro, dio el pecho, le iba la vida en ello. Dos amplias y embaucadoras verónicas, mentón en el sitio, pierna delante, cerámicas muñecas, ampulosas, que evidenciaron un preciosísimo pitón derecho. Un pinchazo para cuidar al toro y lo demás fue un acto revolucionario, reivindicativo, claro, desde la ambigüedad moral que te aporta un tabaco y oro. Empezó en tablas, abriéndole los caminos, dándole los tiempos y los espacios, lidiando y toreando como pocas figuras lo hacen. Fueron decenas, templado, formándose, hierático, encajado y con las fracturas barrocas de la rabia del olvido. Un molinete, dos afarolados y un desdén que resulta pagano al estar en fiestas patronales. Por el izquierdo, un final de frente, como lo hace todo, y a pies juntos. La estocada de la feria. Dos orejas y vuelta al ruedo para un gran toro de Rehuelga, que no debió de darla. ¡Ay, cuando les da por andar a los del Conde! ¿Qué hizo con el quinto? Lo mismo. La egoísta trincherilla, un despreciable desdén y el de pecho, con todo el cuerpo, que sentencia de costero a costero. Poderoso, estético, con capacidad de lidia, sin abusar del toreo en redondo y con aquella hospitalidad homérica que pocos gozan: invitar, mimar y degollar, con otro estoconazo. Opacó la cualidad del animal, que nuevamente no debió de dar la vuelta al ruedo. Dos orejas más. El Mene, jamás se fue.
Junto a él tornaba a los ruedos del arroz el madrileño Álvaro Serrano, tras el percance sufrido en Dax el pasado 15 de agosto. Frente a una encerrona en el coso venteño en el horizonte, no deja al aficionado murciano una imagen de torero cuajado, con capacidad artística y lidiadora para trenzar en solitario el paseíllo en Madrid. Fue el primero un toro manso, con la querencia marcada de salida, que no dispuso en el caballo, aún menos al trasteo. Unos delantales de recibo lo único que permitiría. Escarbó y lo intentó Serrano; solo hallaría dos por aquel pitón que dicen que da las fincas. Tras ello, cantó la gallina, precediendo a un sainete con la espada que acabó con el madrileño correteando junto al descabello por toda la plaza para alcanzar al novillo “runner”. Le sonaron dos avisos. Resultó el sexto de menores hechuras y, en la primera carrerita, se topó con un calambre en los cuartos traseros que impidió continuar a la raspita de Rehuelga. Y salió un machote de Prieto, un veragua que te quita el sentido, ovacionado, cinqueño si me preguntan, limpio jabonero, altivo de salida, que bien supo templar y parar tras echarse el toro encima de él. No hubo nada más: un burocrático puyazo y un toro que desfondó, quedándose corto por el izquierdo y obligando a Serrano a entrar a matar. Tomó la gente las bocanas, creyendo que “el de Madrid” era aquel de Tabaco y Oro.
FICHA DEL FESTEJO:
Plaza de toros de Calasparra, Murcia. Quinta novillada de la Feria del Arroz 2026. Media plaza. Novillos de Rehuelga (bien presentados menos el sexto), segundo y quinto premiados indecentemente con la vuelta al ruedo en el arrastre. El sexto, un sobrero de Prieto de la Cal.
• EMILIANO OSORNIO, silencio y oreja.
• EL MENE, dos orejas y dos orejas.
• ÁLVARO SERRANO, silencio (dos avisos) y silencio.
Incidencias: Saludaron por banderillas José Barrero y Raúl Montero en el quinto.