Misión: hasta que suene el aviso. Da igual si la finalidad consta de aburrir por norma o requiere una dosis de destoreo impostado y vendido como un capítulo homeriano; hay que cumplir con la misión.
Veinte minutos antes del inicio del festejo -ya lo había hecho horas antes-, la misión del cielo era caerse sobre Madrid y más concretamente sobre el ruedo sin lona de Las Ventas, dejando una serie de charcos visibles que no impidieron que se diera el festejo. Que anunciaba la estampa cárdena de la corrida de La Quinta y estampada se fue arrastrada por las mulas. Un atronador vacío de casta y bravura, que no salvó ese 6º, y a siete días de volver a lidiar en Madrid. No sé si los Conradi habrán dejado los buenos en el campo, pero la deriva de casta de la ganadería en los últimos años, sobre todo en los que la han tocado las llamadas figuras, ya se puede confirmar.
Pero vayamos a la misión:
1º y 4° se habían comido literalmente a Perera en el recibo capotero, teniendo que tomar el olivo y siendo auxiliado por Fini primero y por Duarte después, que lidiándolo lo sacó más allá de la segunda raya. El lote fatiguitas, como le estaría llamando pa' dentro cariñosamente el extremeño, siempre desentendido, sin casta, a su aire antes y después del paso por el caballo donde ambos se defendieron, no ayudó a que Perera decidiera embestir si no lo hacían sus pares; él tenía otra misión, la misión: aburrir. Liarse a dar pases y pases sin confianza alguna y sin ideas para no decir nada. Y en este caso no oyó el aviso, principalmente porque lo de Cagancho en Almagro a su lado estaba siendo de jugón, le dio vergüencita y se fue a por la espada para seguir emborronando la tarde con ella.
Luque es un torero tan técnico que en el abuso de su virtud encuentra el sinsentido de su quehacer, cuando delante no hay materia prima. Ese manso 2º con el que se abrió levemente a la verónica, y que salió despedido tres veces del peto de Jabato junior hasta que a la cuarta lo sostuvo tapándole la salida, hizo ver a un torero que sabe no mojarse bajo un chaparrón; se impuso al toro haciéndole pasar pero no dijo absolutamente nada.
Y con el 5º, que era para mostrárselo al público una vez por cada pitón e irse a por la de verdad, se empeñó en cumplir la misión. El aviso cayó y ya son siete en dos tardes.
Como los otros dos que escuchó 'el torero del sol' en tercer y sexto lugar. Y no es que sea moreno pese a la manera en la que Lorenzo atiza en Toledo, pero Tomás Rufo ama irse al sol. O a los tendidos de sol, independientemente de la condición del toro. Por lo que sea (que tenga que ser regalado). Tiene suerte en los sorteos pero, sobre todo, bien sabe él que su mayor suerte es que siga en las ferias. Y a plaza llena, a él le gusta ir a buscar al público de aplauso fácil donde todo le debe saber más a épica al salir de cada serie, mientras realmente se le está yendo un toro encastado que pide otro trato de principio a fin de cada muletazo, y no sólo en "el cite posturita". De ahí en adelante todo es insulso menos para el que le ríe los aspavientos con palmas como si estuviera frente al José Tomás de 2008. No entró la espada, pero de haberlo hecho, su sol le hubiera pedido las orejas. Sí, sí, en plural. Que ya nos conocemos.
Ficha del festejo:
Monumental de Las Ventas. 2ª de la Feria de San Isidro. Lleno. Se lidiaron 6 toros de La Quinta, correctos de presentación en su conjunto, aunque bajaba el 1º; descastados, mansos y sosos, a excepción del encastado 6º.
Perera, de turquesa y oro con cabos negros: pitos en ambos.
Daniel Luque, de celeste y oro: silencio y silencio tras aviso.
Tomás Rufo, de rioja y oro: silencio tras aviso en ambos.
* Se desmonteró Juan Contreras tras parear al 5º y Sergio Blasco y Fernando Sánchez tras los pares del 6º.