Un año más, este que escribe tornaba a La Condomina, esta vez sin el encargo de cubrir la peor feria que se recuerda en décadas, pero con uno de mayor calado a mis espaldas: presentar Murcia, su gente y su plaza a mi familia. Lunes pre-romería, era la primera y única posibilidad de ver a Su Santidad en la región este año. Se preveía un lleno hasta la bandera, un grato ambiente de toros, como siempre. Sin embargo, sepan ustedes que acudir en dicha fecha a semejante birria de cartel, en dicho emplazamiento y con el martes de romería a la vista no es cuestión baladí. Se precisa de un arduo entrenamiento físico previo, dada la estrechez de las tablas y la aridez del terreno, acompañado de la cuestión psicológica, en virtud de aquellos cantos de sirena triunfalistas y, cómo no, de la necesidad médica de un par de inyecciones antiofídicas, dada la naturaleza de sus especies nativas.
En definitiva, con el bagaje de haber visto dos novilladas domingueras en Canal Sur, echamos la pata pa'lante y nos plantamos en las selváticas maderas del Alto del Sol murciano, allí donde se confunde andada con grada y casi se llega a las manos; allí donde la comodidad del sillón de prensa o del mismo callejón no opaca las carencias de una de las ferias con más posibilidades de nuestro país. Morante de la Puebla, Manzanares y Talavante mataban la de Juan Pedro y, como hubo poco de toros, intentaré transmitir las vivencias de la tarde que, esta vez, aquello del albero se comprende lidiando en las maderas.
Abrió plaza don José Antonio, el cual volvía a Murcia con el beneplácito de aquellos almohadillazos eternos que ahora, por gracia divina, parecían haber comprendido la dimensión de su tauromaquia. Lastimosamente, se quedaron sin vídeo para Instagram. Lote paupérrimo para el cigarrero: dos rapuchas de Juan Pedro, sin casta y celo alguno, que se caían en cuanto intentaba componer y ligar al hilo. “Zonzorrón” sufrió la enjundia trianera ante la desazón de su casta. Puso toda la gracia Morante, sin llegar a conectar con el tendido. Fue por el izquierdo, intentando acoplar el flamenqueo con el de pecho. No pudo ser más. Tímida petición de oreja a la que el presidente accedió. El segundo de su lote descubriría a los allí presentes: “Morante viene con pájaros”, decía la rubia de atrás, cubata en mano, cuyo novio pegaba cabezadas, recayendo en el espinazo de mi señora. “Le queda uno, a ver si quiere”, sentenció el cabecilla de un grupete de sombreros de paja que accedieron al tendido con el toro en el ruedo. Yo pensaba: temen por su reputación, han pagado un boleto, ansían su dosis diaria de dopamina. Chorizo al canto, bota de vino en lo alto, par de estornudos como advertencia; el de las cabezadas despertó, merendó y observó. No había más balas: Morante debía cumplir o sería ajusticiado como corresponde en la plaza del gran pueblo. Y, como no podía ser de otra manera, el toro murió en la capa del cigarrero. No hubo nada, solo querencias, desganas del novillito y falta de compromiso. “Vaya mierda de ganadería tienes”, dijo Morante a Juan Pedro en Castellón la temporada pasada. Abrevió, haciéndonos un favor. Descabello y división de opiniones en el tendido.
Por otra parte, no hubo toreo ni parece quedar en Manzanares. Devuelto su primero por un agarrotamiento en las manos, escupió todo, no se cruzó y evitó los terrenos del animal. Pico del suyo, estocada trasera y una oreja ante un noblón con celo de Juan Pedro. Igual con el buen jabonero que salió en quinto lugar, mejor toro de la tarde en hechuras y condición: cuajado, airoso, pronto y con un cadencioso y enclasado pitón derecho. No se puso José María. Silencio.
Entretuvo y retuvo al público Alejandro Talavante, que vería la oportunidad de ganarse al respetable con dos faenas de mismo desarrollo, fundamentadas en la movilidad del animal. “¡Yo sí os doy vuestro vídeo!”, dijo. Toro entero en el caballo y lo demás no sorprendió a nadie. Pases cambiados por la espalda, rodilla en tierra, circulares, circulares invertidos y un desplante final que levantaría los tendidos. Dos orejas en su primer toro tras dos estocadas, una en el restante previo aviso.
No será por falta de condición. Alejandro goza de una excelente izquierda, ha toreado y sabe hacerlo bien. Díganme ustedes qué es lo que ocurre. ¿Acomodamiento o la peste gabacha?
Un saludo al buen aficionado con el que compartí madera y combatimos a la fauna y flora murciana. Papá, te llevé a ver a Morante de la Jungla.
Murcia, pese a todo, me gustas.
Te esperaré.