Hay que tener hambre para llegar a ser alguien en esto, pero también saber comer despacio, masticar cada paso y esperar el momento oportuno. Detrás de la novillada que cerró feria hay años de madrugones, trabajo silente, sacrificios, sinsabores y estrecheces económicas. Años de apostar por un hierro cuando casi todo invitaba a lo contrario, con una pandemia de por medio y muchas jornadas de sembrar sin saber cuándo llegaría la cosecha. Pedro Miota, en su debut en un festejo mayor, pudo recoger parte de aquello que durante tanto tiempo ha ido labrando cual sueño, una novillada con interés y varios animales que dieron argumentos para creer. Enhorabuena, ganadero. La lucha tiene premio.
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