Por el piton derecho
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'Triunfalismo, mansedumbre y una plaza sin categoría'
Foto: BMF
Feria de salamanca

'Triunfalismo, mansedumbre y una plaza sin categoría'

Noelia Crespo | SALAMANCA

Garcigrande volvía tras el indulto de Buenasuerte del año pasado y varios festejos memorables que quedaron pronto en un espejismo ante la mansedumbre general de todos sus astados en el día de hoy que sumió en un sopor eterno una tarde de tres horas. El triunfalismo barato invadió hace años La Glorieta desvirtuando una de las tierras taurinas por excelencia del mapa peninsular adoptando un nulo criterio y categoría en sus tendidos. Quien lea que Roca Rey y Marco Pérez han salido a hombros con tres orejas en sus esportones pensará que ha sido una tarde de absoluta excelencia y, sin embargo, ha sido una tarde cualquiera más de la que mañana nadie se acordará.

Con la suerte de cara en sus últimas actuaciones en Salamanca hacía las funciones de director de lidia Alejandro Talavante ante «Peluso - 103», un toro alto y hondo que se mostró sin fijación ni celo en la capa del pacense. El largo puyazo de Manuel Izquierdo y un desvirtuado tercio de banderillas fueron el preludio a una extensa faena del diestro extremeño que buscó un lucimiento más de cara a la galería que el entendimiento con el astado. El de Justo siguió mostrando su mansedumbre en las telas del matador, pero con un punto de clase por el pitón derecho que no se llegó a exprimir. Por momentos, logró con suavidad algún muletazo suelto de un astado que no se comía a nadie y que pronto quedó en el olvido de un público que se empezó a impacientar. Enterró el estoque en el segundo intento siendo silenciado en su labor.

Comenzó el cuarto toro tras hora y cuarenta minutos de un festejo eterno con «Tanguillo - 92» al que buscó abrirle los caminos con la capa a la verónica. Estuvo con mayor disposición ante otro manso y noble de Garcigrande en un trasteo en el que tan solo dejó algun muletazo reseñable al natural cuando lo llevó toreado con los vuelos y la panza de la muleta y no expulsandolo hacia afuera. Faena inacabable y sin nada que reseñar con una multitud de muletazos de los que nadie tristemente se acuerda ya a estas horas. Estocada y oreja como premio barato.

Andrés Roca Rey regresó, un año más, al coso de La Glorieta tras la espeluznante paliza que recibió en la tarde de ayer en Arles haciendo un buen esfuerzo por pisar la arena charra. Anovillado de presencia saltó al ruedo el segundo de Garcigrande de nombre «Cantinelo - 50» que manseó durante toda la lidia. El buen hacer en banderillas hizo desmonterarse a Agustín de Espartinas y Paco Algaba que suplieron el puyazo paletillero de Quintas. Ante el astado de Alaraz cuajó un trasteo ‘made in Roca Rey’ con multitud de tandas por ambos pitones en las que predominó el arrojo y exposición del final de faena. Por derecho logró tandas llenas de ligazón aprovechando el viaje de la embestida para torearlo en redondo con ventajas, mientras que al natural pecó de abusar del pico y echarlo para fuera en muletazos sin mucha historia. Hirvió La Glorieta cuando, entre circulares y bernardinas, se metió en los terrenos del toro en un toreo más efectista buscando el premio. El peruano elaboró una típica faena que se hizo larga y que se le premió, sorprendentemente, con tan solo una oreja tras enfado del público festivo.

Poco duró la seriedad del palco presidencial cuando afloraron con rapidez los dos pañuelos en compensación de su anterior faena. Que pena das, Salamanca. Ante «Postinero - 60» hilvanó un trasteo lleno de trampas, fuera de sitio y con una eternidad de muletazos sin ningún interés. El inicio de rodillas en los medios con pasajes por la espalda fue lo más reseñable por valor y mando junto a la estocada con la que mató por derecho a su oponente. El de Alaraz tuvo algo más de movilidad, pero sin celo que puso en apuros a la cuadrilla en banderillas. Viruta puso la plaza en pie con dos pares llenos de exposición haciendo honor al nombre de “torero de plata”. El brindis de Roca Rey por su labor fue de lo más honrado del festejo.

Ante sus paisanos y con el aliciente del triunfo asegurado en sus tres corridas de toros en su tierra, hizo presencia Marco Pérez con disposición hacia la puerta de toriles para recibir a «Arenisco - 34» sin mucho lucimiento. Aguanto con valor el varilarguero Alberto Sandoval acabando casi en los medios en una pelea irregular. El pupilo de Justo Hernández complicó en exceso la labor a la cuadrilla del salmantino que comenzó su faena de hinojos en pasajes por alto en los bajos del tendido 1. El burel, al igual que sus hermanos, volvió a demostrar una mansedumbre pesada que convirtió la labor en una eternidad. El toro pasó y pasó sin celo en tandas labradas a base de toques fuertes y de un toreo en redondo girando sobre los talones de feria de pueblo. Buscó el arrimón en las postrimerías de la faena entre pitones con el fin de lograr captar el cariño de su gente. El volapié al segundo intento lo enterró hasta la bola cayendo rodado el astado siendo premiado con una ridícula oreja de paisanaje.

El sexto, de nombre «Vanidoso - 67», tuvo mayor movilidad que el resto del encierro, mostrando recorrido y nobleza, pero sin escaparnos de su mansa condición. Se fue de nuevo, en un alarde de actitud, a la puerta de toriles para recibir con solvencia y lucimiento por chicuelinas al burel. Siguió caldeando el ambiente con la capa Marco en un quite variado y tanto Elías Martín como Pablo García remataron el tercio por todo lo alto con mucha disposición con los palos. Inició de rodillas un trasteo venido a menos en el que no se acopló ni encontró el sitio el joven salmantino, tirando cada vez con mayor descaro de recursos ventajosos ante su oponente para exponer lo mínimo. La media certera le otorgó dos orejas de un público cada vez menos creíble.

Ficha del festejo:

Plaza de toros de Salamanca. 3ª de abono de la Feria Virgen de la Vega. Lleno de “No hay billetes” en una tarde calurosa y despejada. Se lidiaron toros de Garcigrande; de desigual presentación, mansos y sosos en líneas generales.

Alejandro Talavante (de blanco y azabache): silencio tras aviso y oreja tras aviso.

Andrés Roca Rey (de grana y oro): oreja y dos orejas.

Marco Pérez (de blanco y oro): oreja tras aviso y dos orejas.

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