Por el piton derecho
Vicente Carrillo Cabecera
Volver
'Víctor Hernández: figura del toreo. Y Belmonte tenía razón'
Foto: PPD
Crónica Vera

'Víctor Hernández: figura del toreo. Y Belmonte tenía razón'

José Alcaraz | VERA (ALMERÍA)

Lo vivido la pasada tarde en el pequeño pueblecito almeriense de Vera,no resulta extraño. En un panorama taurino infestado por una cartelería arcaica, inerte, desfasada y amparada por un sistema jerarquizado de subordinaciones, la organización taurina veratense despunta por la valentía plasmada en la composición de sus ferias: el totanero Jorge Martínez, Samuel Navalón, David Galván o Borja Jiménez, el cual rechazó, en un acto de reconocimiento y agradecimiento, una sustitución en Madrid la temporada 2024. Pues coincidía en fecha y hora con el festejo ya apalabrado en Vera, fueron incluidos en dicha programación de forma inmediata y correlativa a sus recientes actuaciones en la temporada. Es decir, Vera suele reconocer la meritocracia al presentar, normalmente, los carteles más actuales de la temporada, con precios más que modélicos, en una plaza afable y acogedora, con un ganado acorde a su situación, consolidándose a buen ritmo como punto de encuentro para el aficionado del sureste peninsular. Dicho esto, tampoco extraña la presencia de Canal Sur.

Pese a ello, este domingo 31 de mayo no consiguieron escapar de aquella “degeneración” de la que habla Belmonte en la biblia taurina de Chaves Nogales. Aquella que emplea para referirse al ascenso como gobernador civil de Huelva de su banderillero Joaquín Miranda: “Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero a gobernador tan rápido?” le preguntaron. Y el genio nacido en la calle Feria, con su conocido tartamudeo, respondió: “¿Po... po... po cómo va a ser? De... de... degenerando, de... de... degenerando”. Degenerar, aquella que permite al jefe de filas hacer bajar de su preciado caballo a su picador en la primera plaza del mundo; aquella que invita impunemente a Olga Casado al precoz e inmerecido privilegio de acartelarse con las figuras del toreo. Digo yo: estando Calasparra y Villaseca de la Sagra, ¿qué pinta esta chiquilla en estas corridas mixtas? Los novilleros deben ansiar todo y a todos, y competir con los de su escalafón.

De esta forma, degenerando llegó a Vera y degenerando se marchó: recibió al primer utrero allá por el dos, unas verónicas que evidencian la óptima y noble condición del animal, que se vería mermada por una amalgama de quites con la brega que ejecutaría de forma descompuesta y poco lúcida, provocando que perdiera las manos en varias ocasiones y vislumbrando el devenir de la faena. Tras poner al novillo al relance en el caballo -lo haría con ambos- no varió su lidia: rodilla en tierra, molinetes, luquesinas, circulares invertidos y un arrimón final; todas ellas, suertes ejecutadas con la premura que lleva implícita el querer triunfar y realizarlas sin prever o armar faena según la condición del animal. Desplantes varios al buen novillo y al público, que quedarían en vano para el aficionado al comprobar la distancia y colocación con la que hizo frente a sus novillos, fuera de la cara del animal y necesitada de perder pasos para hilar el segundo muletazo que siempre escupió. Sin embargo, y pese a sonarle un aviso, ejecutó la suerte suprema de buena manera en su primer toro y, tras no fallar con el descabello, le cortó las dos orejas al boyante y pronto novillo. Más aún le gustó a este que escribe el segundo de Julio de la Puerta: pronto, encastado, con fuerza y temperamento, demostró calidad y profundidad por ambos pitones, lo que puso en un aprieto a una Olga Casado que proseguiría con su premeditada coreografía, que le propició no estar a la altura, nuevamente, del bravo animal. Fue tal el asunto de la colocación que fue prendida sin consecuencias mayores, más que el ponerse un vaquero, al citar, heterodoxamente, al genuflexo para un circular invertido. Le sonó otro aviso y, tras matar al segundo intento, le concedieron un trofeo.

De Huelva, como el banderillero de Belmonte, es David de Miranda, pero este no es político, es torero y de los buenos. El triunfador de Sevilla, acudió a Vera con el compromiso ineludible de aquel que está en figura. Sin embargo, se llevaría la peor parte del gran encierro de Julio de la Puerta con un primer toro falto de fuerzas, ritmo y carente de compromiso en la embestida. Lo acusó en mayor medida por el pitón izquierdo, donde se quedó corto en varias ocasiones. Lo intentó David con la diestra, consiguiendo sacar lo poco que tenía el animal, adentrándose en los terrenos del toro mediante circulares invertidos y un final por manoletinas. Una oreja como premio al compromiso y la ejecución con la espada. Misma suerte tuvo con el segundo, animal de embestida descompuesta, nula clase y protestón al final del muletazo. En su insistencia por hacerle faena fue revolcado de forma muy indiscreta; por suerte, pudo continuar sin consecuencias aparentes. Únicamente, pudo David aprovechar el celo que mostraba ante el trapo para plasmar un medido, templado y acompasado inicio de faena al genuflexo hacia los medios. Tras un aviso previo y un pinchazo, le cortó las dos orejas.

Se haría indudablemente cargo de la tarde el madrileño Víctor Hernández. ¡Qué lujo de torero! Recibió al comprometido primero con una larga cambiada que fue acompasada por un par de verónicas marca de la casa; con el mentón donde ya saben. De gran condición el animal, lo dejó entero el madrileño para propiciar, tras la comentada tarde en Madrid, una respuesta de quites con David de Miranda. Comenzó Víctor en los mismos medios por gaoneras, a lo que David respondió con unas ajustadas tafalleras que hicieron sacar lo mejor del madrileño: nuevamente, gaoneras, a escasos centímetros del pitón del toro, hieráticas, inertes, totalmente abandonado a la suerte del astado, como los estatuarios al inicio de faena en los mismos medios, aquellos que fulminaría el yerto mármol de su propia composición mediante un pase del desdén que caló como un cincel; recordó ya saben a quién. Rendido cayó el animal, no aguantó la exigencia y mando de la figura, que resultó voltereteado por aquello que denominan vergüenza torera al no ceder ni un paso. Obtuvo el trofeo tras matar al segundo intento, el cual paseó junto a un gallo que le fue aventado desde el tendido por un joven que no se alertó de que aún restaba un toro y, no cualquiera. «Cantador», de Julio de la Puerta, fue indultado por un Víctor Hernández, que quiso y estuvo, en una faena que no conoció fin. El quinto de la tarde, dejó entrever su compromiso en la embestida con el quite por chicuelinas a la salida del caballo, donde no resultó nada destacado; tampoco en las banderillas, donde acudió meramente con prontitud, prestándose al engaño. Sin embargo, la importancia que le imprimió Víctor Hernández a esta lidia elevó de gran manera el reconocimiento al animal. Supo exprimir la prontitud del noble Cantador, al cual le faltó la espontaneidad y pureza de ser “Cantaor”, citando en largo con la diestra para así aprovechar las inercias y educar la embestida de un animal que repetía sin excusas con el morro a ras de albero, pero resultaba carente de calidad en el embroque por una plana embestida que culminaba con los dos pitones por delante. El lío se lo formó por el izquierdo, por el mismo que empujó en el caballo, donde pudo educar la embestida templando y mandando con la insultante supremacía con la que torea el madrileño. Fueron decenas: templado, hondo, abandonado, encajado, sin alharacas ni jaleos, acabando la embestida donde se debe acabar, ahí atrás. No le perdió un paso al encastado animal que, cada vez más, se entregaba con ahínco y temple a la seda de Víctor. Fue tal el lío que salieron disparados un par de sombreros cordobeses del callejón. Pertenecían a los ganaderos que, acompañados de proclamas y vítores varios; “Al campo con él, Víctor”, “No lo mates, los pañuelos ya pa' fuera, ¡los pañuelos!”, alentaban el indulto. Es comprensible la alegría, pero se deben mantener las formas en todo momento más con un indulto en una plaza de esta categoría y ante las cámaras de Canal Sur. En plena epidemia de indultitis, la cuestión es: ¿se debe perdonar la vida en plazas de tercera y segunda categoría?

Comparte y comenta esta noticia: