Por el piton derecho
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Galería fotográfica de la 9ª de la Feria de Albacete.//PD
Apología del pegapasismo
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ALBACETE. 9ª de la FERIA DE LA VIRGEN DE LOS LLANOS

Apología del pegapasismo

Alejandro Martínez

Insufrible. Infumable. Interminable. Elijan el adjetivo que les plazca. Así fue la penúltima corrida del abono albaceteño. Con la plaza llena, las “figuras” y sus toritos volvieron a hacer de las suyas. «Vaya tarde…» le decía un señor a otro a la salida del festejo. Y ese otro, tras tres horas de maltrato psicológico, le respondía: «menos mal que mañana termina la feria». Este intercambio de impresiones resume lo que dio de sí la novena de la feria de Albacete.

Todo empezó por la mañana. Llegaron las figuritas y comenzaron los problemas en los corrales. De los diez toros que Moisés Fraile se trajo del campo, tan sólo se aprobaron cuatro. Enhorabuena ganadero. Y para remendar, alguien –suponemos que la empresa–, preparó otros cuatro astados de Torrealta. De esos cuatro, al final, dos quedaron como titulares, y otros dos como sobreros. Y aquí llega lo asombroso y surrealista: los toros de Torrealta que la autoridad aprobó para sustituir a los rechazados del hierro titular estaban peor presentados que los anteriores. Increíble, pero cierto. ¿Esto cómo se come? Y así, uno tras otro, por chiqueros fueron apareciendo los animalillos de ambas divisas. En total, y debido a que uno se rompió una mano en el tercio de banderillas, al ruedo saltaron siete toros. Y de ellos, tan sólo dos se salvaron de la quema. Ese par, cuarto y sexto, de El Pilar, sí tenían trapío. El resto, no. Anovillados, lavados de cara, sin remate… un desastre para cabrear al personal. Eso en cuanto a presentación. Lo que llevaron dentro fue otro cantar. La mayoría, nobles, sirvieron y mucho. Una corrida para hartarse de torear que fue desperdiciada a base de mantazos. Qué horror.

El que se llevó la palma fue Sebastián Castella. El francés, en su segunda y última tarde, dejó escapar un lote de triunfo. Su primero, un sobrero de Torrealta, lavadito de cara como la mayoría, tuvo movilidad y cantó su prontitud y alegría ya en el segundo tercio. Un astado que transmitió y al que Castella pegó tantos pases como estrellas hay en el cielo. Casi siempre en línea, sin reunirse con su oponente y rematando los muletazos por alto, su trasteo fue un trámite sin alma ni sentimiento. Lo mejor, sin duda, el meritorio inicio. En el centro, con su más que habitual pase cambiado por la espalda, encendió a unos tendidos que luego se irían apagando. También a menos fue el de Torrealta al que Castella despachó con una estocada caída tras dos pinchazos. Y la historia se repitió en el quinto. Ese segundo del lote del francés, un burraco de buenas hechuras pero nula seriedad por delante, también se movió y tuvo posibilidades. Rebrincado por momentos, protestaba mucho cuando tocaba la muleta. Su matador no se acopló casi nunca y la mitad de los cientos de miles de muletazos que ejecutó fueron enganchados. Sólo una serie a derechas, templada y larga, valió la pena. Por cierto, imagino que el de Beziers tendría prisa por marcharse a otra cita más importante. Sólo así se entiende lo acelerado que anduvo toda la tarde. A pesar de todo –también del pinchazo y la estocada trasera–, le pidieron una oreja que el presidente no concedió.

Tampoco tuvo su tarde el que a priori era el gran protagonista de la jornada: José María Manzanares. El alicantino, que regresaba tras dos años de ausencia, no se encontró nunca a gusto y además resultó cogido en el tiempo de descuento. Mientras intentaba descabellar, el sexto le pegó un arreón y lo cazó. Aunque en un principio parecía que podía llevar una cornada, al final todo quedó en la conmoción producida por el fuerte golpe. En ese último podría haber cortado las dos orejas. Teniendo en cuenta la exigencia de esta plaza y de su palco presidencial, habría sido lo lógico. Pero José Mari no fue certero con la espada ni después con el estoque de cruceta. En el momento de ser cogido ya había escuchado dos avisos. La faena, muy de su estilo, fue jaleada con pasión por los tendidos. Como hipnotizado por su empaque y elegancia, el gentío vibró con el descarado ventajismo de Manzanares. Citando desde fuera, se pasó a su enemigo a distancia sideral y tan sólo brilló en tres o cuatro naturales sueltos en los que se ajustó y remató los muletazos atrás. Todo lo bueno –y también lo malo– tuvo lugar por el pitón izquierdo. Por el derecho, el de El Pilar se le metió por dentro con guasa y Manzanares no lo quiso ni ver.  Ese sexto, que acudió como una exhalación al caballo para después salir suelto con destino a chiqueros, tuvo nobleza pero también exigencia y en las pocas ocasiones que se le enganchó, respondió por abajo con transmisión. Por el contrario, el alto, feo e impresentable tercero, nunca humilló y se dedicó a defenderse pegando cabezazos. Manzanares, incapaz de someterlo, tuvo que abreviar y tampoco anduvo fino con la espada.

Para completar tan exitosa y exquisita tarde, también estuvo presente David Fandila “El Fandi”. Con su peculiar tauromaquia, nos durmió a base de trallazos a cada cual más despegado. Ventajista, como siempre, en banderillas, no se conformó con los tres pares de rigor y nos deleitó con cuatro en cada turno. ¡Toma ya! Con un lote para gustarse y bordarlo, hizo lo de siempre en dos labores larguísimas e insufribles. El que abrió plaza, un torete nobilísimo y justito de fuerzas de Torrealta, no se cansó de repetir. Por su parte, el cuajado y muy en tipo cuarto, de El Pilar, embistió con fijeza y nobleza, pero tuvo poco fondo y acabó sumido en la sosería. ¿Y qué hizo con ellos “El Fandi”? Pues pegar pases. Muchos pases. Miles de pases. Pero no importa. Ya saben, el gentío no discrimina. Fíjense ustedes si es así que hasta le dieron una oreja tras pasaportar al primero con un pinchazo y media estocada. En el cuarto, ante el que se tiró más de diez minutos pegando trapazos, se le atrancó el descabello y a punto estuvo de escuchar los tres avisos. Ya le vale...

Un festejo que nos debería hacer reflexionar a todos. Al menos yo lo hice. Cuando salía de la plaza pensaba: «Pero qué difícil es torear…». Sí, torear; no pegar pases…

 

  • Plaza de toros de Albacete. 9ª Feria de la Virgen de los Llanos. Lleno. Se lidiaron tres toros de Torrealta (1º, 2º bis y 3º) y tres de El Pilar (4º, 5º y 6º), mal presentados a excepción de 4º y 6º, y de noble juego en general. Más complicado y deslucido el 3º.
  • El Fandi: oreja y silencio tras dos avisos.
  • Sebastián Castella: ovación con saludos y ovación con saludos tras petición y dos avisos.
  • José María Manzanares: ovación con saludos y silencio tras dos avisos.

PARTE MÉDICO DE MANZANARES: Traumatismo craneoencefálico y contusión cervical con pérdida de conciencia entre 3-5 minutos. Tras una exploración neurológica normal, se remite a la Clínica Santa Cristina para estudio radiológico y TAC cráneo-cervical. Pronóstico reservado.

 

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