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De Ostos a De Justo: ¡vivan los matadores buenos!
Inmaculada estocada de Emilio de Justo en Santander // Prensa EdJ
CRÓNICA SANTANDER | Corrida de toros

De Ostos a De Justo: ¡vivan los matadores buenos!

Darío Juárez
Con la hora justa y desde Mont de Marsan llegaba De Justo al hotel, proveniente de la matinal de Alcurrucén. Y con él, el rastro de la estela triunfal que dejó el haber rendido a Madrid apenas veinte días atrás. Emilio tiene la metralla en oferta, pervierte a las ferias con la erótica de la pureza y sigue pegando porrazos a esas puertas que no le abren, pero que acabará por echar abajo si le respetan los toros como hasta ahora. 
 
Tres orejas que sumó en otra tarde de toreo caro y consumado en el poder templado de su zocata, mimando y dando forma a embestidas que terminaban dormidas en la media panza de la media muleta, siempre en stand by a la espera del estímulo del toque. Otras tres cortó un voluntarioso, aunque por momentos desordenado, Ginés Marín, al que le faltó pulso y paciencia para enarbolar la tarde con lo de Torrealta, que transmitió por la movilidad que demostró todo el encierro.
 
La bolita de Emilio de Justo traía otra sorpresa de un kinder de verano. Joy, creo que se llama; el de las dos trufas incubadas en la crema de cacao. Joy, alegría, lo que dice su cara. Un torero con más voluntad que la que ofrecía Benzemá por volver a la selección gala, y con un destino afanoso al que llegar cuanto antes, pese al desprecio de ciertas empresas. Al maestro Ostos fue a parar el brindis que interrumpió el propio destinatario para explicarle a Emilio, con la manita en paralelo delante de la bragueta, cómo irse hacia el toro: las cosas de las cosas. El de Torrealta había pasado una y otra vez por capotes en los que no se halló su entrega. Emilio lo sobó, le propuso un inicio por bajo para enseñarle a embestir, y se echó la muleta a la izquierda; el matador ya tenía el pulso del viaje en las yemas. Muy templado, mimando y exigiendo a un tiempo en dos primeras tandas con el medio trapo, que se sumaron a una de más firmeza de plantas y varios remates con gusto como el de la trincherilla. La explosión final por derechazos venía borracha, previo al cambio de mano antes de cuadrarse en la suerte contraria. Estoconazo en toda la yema, rindiendo honores al amo de llaves de su montera: el maestro Jaime Ostos. Dos orejas. 
 
Otra más se llevó del precioso melocotón que salió colocando la cara por el derecho en el capote del extremeño, haciéndolo del mismo modo debajo del peto. El toro se encampanaba antes de cada cite, le venía bien darle su tiempo para proponer de nuevo el engaño delante del hocico e ir tirando de él poco a poco. El toro, aun pecando un pelín de tardo, se rebosaba en la muleta por el derecho. Los naturales, a más; la mano en el centro del estaquillador, y el invisible hilo de seda de ese celo intermitente, cosido a la media muleta. Sin la ayuda y completamente de frente, cerró naturales diestros a pies juntos. Estocada entera, ligerísimamente desprendida. 
 
El inicio de temporada de Ginés Marín, no se parece en nada a su momento actual. Un torero con un incalculable arsenal de recursos técnicos que, como digo, inauguró su temporada dando sentido a tardes como la de Leganés o la de Arévalo de hace unos días, en las que demostró que si quiere, además del oficio que siempre demuestra, también sabe torear. De generosísimo y oro se vistió el palco para concederle el segundo trofeo del tercero, al que saludó de rodillas por verónicas. Variado de capote y despejado de mente se le vio en el quite, antes de empezar la faena con el de Torrealta, que traía un alegre tranco de más en su embestir. Interminable faena que alternó por ambas manos, dando al toro la media-larga distancia, pero sucumbiendo al mero de hecho de intentar ordenar aquello a través del temple. La espada, a dos cuartas de la penca del rabo. 
 
Como Emilio, con otra más del sexto completaría su esportón de a tres, con una faena a un toro emplazado pero muy violento de salida, que sólo se defendió y que acabó por atemperar entre los pitones jugándose el tipo. Un animal astifino, imposible para el triunfo, al que mostró como debía de hacerlo; ausente de toreo fundamental, pero dando al de Torrealta todas las ventajas. La estocada, en dos tiempos, quedó a un palmo de la empuñadura. 
 
Abrió la tarde y el cartel un Finito de Córdoba que con su actitud y su falta de compromiso, nos vino a decir que sólo le quedan los festivales bien afeitados, de zahones encerados y gomina a placer. Quince, veinte o treinta toreros, desde sus casas, queriendo subirse a los lomos del primer toro que no quiso ver el "bueno" de Juan, después de ordenar a Pedro Geniz que lo masacrase encima del jaco, como hizo con ese cuarto con el que de maneras pintureras le dibujó muletazos sin vida, después de habérsela quitado al anovillado animalito con el barrenaje de la puya. 
 
  • Santander. Coso de Cuatro Caminos. Sábado, 24 de julio de 2021. Más de 3/4 de entrada. Se lidiaron 6 toros de Torrealta, vareaditos y finos a excepción de 1° y 2°, con movilidad, y la clase que traían el pitón derecho del 2° y el izquierdo del 5°.
  • Finito de Córdoba (gris perla y azabache) bronca tras aviso y ovación con división de opiniones.
  • Emilio de Justo (tabaco y oro) oreja y dos orejas. 
  • Ginés Marín (purísima y oro) dos orejas tras aviso y oreja tras petición de la segunda.
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