Por el piton derecho
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De Triana al mundo entero... pasando por Alicante
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De Triana al mundo entero... pasando por Alicante
Crónica Sevilla | 2ª de la Feria de San Miguel

De Triana al mundo entero... pasando por Alicante

Ignacio Muruve

El pellizco sentido en lo más profundo del corazón, ese que cambia tu forma de andar y de actuar. Eso es lo que ocurre cuando te sientas en la piedra maestrante. Durante los inviernos de estos dos años has soñado e imaginado con ese momento de reencuentro, de reconciliación con el tiempo que has maldecido por no estar donde estás. Qué belleza.

Y si de belleza hablamos, a Judío no le faltaba de eso. Con todo lo que gusta y se pide en Sevilla. Pero claro, la belleza no lo es todo y en los primeros tercios ya manifestó que de fuerzas andaba muy justo. De ahí a faltarle empuje hay muy poquito. A El Fandi no le valió… pero al público sí. Quedó esa sensación tan apática en el ambiente de que se pudo hacer mucho más. Al final va a ser verdad eso de que los toros tienen también mala suerte en el sorteo, pero es que el público también. No vimos a Horroroso. Por muy duro que se lea y suene, a El Fandi se le fue. Terrenos equivocados y tiempos equivocados. Quiso agradar pero no lo logró. Una pena. Surgieron algunos pitos.

El segundo fue otra cosa. Poco tardó en sonar ese sinónimo manzanarista que es Cielo Andaluz tras los dos buenos puyazos de Chocolate. Aquello empezaba a subir como la espuma y la gente suspiraba mientras un alicantino corría la mano con profundidad. Un toro medio de Jandilla para que la tremenda capacidad de Manzanares asentara cimientos en el albero. Le pudo en todo momento por el pitón derecho y por el otro, suavidad a raudales para acabar tirando del antagonista. Hubo naturales de franela arrastrada y remate en la cadera. Oreja de peso tras un espadazo con el cañón que acostumbra este torero. Por cierto, del numerito del director de Tejera mejor ni hablamos. Lamentable.

Lo que había que tragarle al quinto lo supo el que se puso delante y nos lo enseñó. Su condición de figura demanda poderle a este tipo de toros tan inciertos y no dudó en intentarlo. Tenía un trote que no te invitaba a la duda y lo mismo te tiraba un derrote que humillaba y ocultaba sus propios defectos. No se le podía dejar pensar y eso hizo Jose Mari. Tiró de él, tocó fuerte y aguantó lo inexplicable para acabar medio convenciendo. No cabía el error en ningún momento. Importante Manzanares con la incertidumbre de este toro.

De Triana tenía que ser… y se le notó. Voy a intentar contarles con palabras, lo indecible. Juan Ortega paró el tiempo a la verónica. Cualquier reloj del planeta tierra colapsó en los vuelos de su seda. No importaba nada. Todo el mundo gritaba y la gente se ponía las manos en la cabeza mientras vaciaba cada embestida. Un lapsus que duró una vida y que la valió. Esa sensación de ver torear tan bien que empieza en lo que un hombre le regala al mundo lo que lleva dentro y que termina en un temblor prolongado y propulsado por el olé ronco que sale de las entrañas más bonitas del toreo. Lo mejor de este tipo de suceso es que lo que se vio pasa de la retina y se queda en la memoria; lo peor, que después no tienes más ganas que seguir viendo algo así. La Maestranza vio torear y de qué manera. En el último capítulo nada pasará a la historia. El apretado colorao que salió por toriles nunca dijo nada y la labor no sucumbió al éxito. 

 
 
  • Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 2ª de la Feria de San Miguel. Tres cuartos de plaza dentro del aforo permitido. Se lidiaron seis toros de Jandilla, potables pero faltos de poder en general.
  • El Fandi: silencio y silencio con leves pitos.
  • José María Manzanares: oreja y ovación con saludos.
  • Juan Ortega: silencio tras aviso y ovación con saludos.
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