Durante el medio día de un 2 de mayo como hoy, pero hace treinta años, a la habitación del Hotel Victoria en la que horas más tarde se vestiría de goyesco Joselito (José Miguel Arroyo) subieron los primos de Casper a almorzar con él, cuando el cielo de Madrid se tornaba ceniciento y el presagio de la tarde era más oscuro todavía.
De una guisa similar abrió el segundo de mayo de este 2026 en la capital con un bravo aguacero que entristecía los actos conmemorativos por las fiestas de guardar de la Comunidad, encabezados por la presidenta Ayuso. Que también se dejó ver en el callejón y a la que fueron dirigidos los brindis del 1º, 2º y 6º de El Pilar. Finalmente la benevolencia del cielo cuajó y hubo toros en Madrid, pese al patatal en el que estaba convertido el ruedo.
Con un lazo fuimos muchos los que pusimos en el Rastro la corrida de El Pilar cuando se anunció. Y con razón, claro, después de la última parte del currículum del hierro en esta plaza. Pero las bocas están para callarlas y eso es lo que hizo la corrida que trajeron a Madrid la familia Fraile. Presentada con seria lámina y despachando casta e importancia en muchos de ellos.
Hubo que esperar cinco capítulos para elevar la tarde al grado de importancia que merecía lo que los toros estaban ofreciendo. El bragadito (el diminutivo es porque queda bien, no porque fuera chico) negro, enmorrillado, cuajado de pitón a rabo cumplió en el caballo y arreó en banderillas para que Pablo Gallego hiciera explotar la tarde. Tarde que Javier Cortés tenía en su mano derecha y en sus zapatillas, cuando se puso a torear en redondo dándole todas las ventajas al de El Pilar en cada cite, embraguetado y vaciando por abajo esa embestida abrasando la media muleta, con el metrónomo y los relojes, que otros "paran", hechos añicos. Porque el tiempo, a veces se para y otras se despedaza. Y hoy fue lo segundo. El tiempo que necesitó Madrid para levantarse de la piedra y de verdad en dos horas y pico de festejo. Una faena más que medida, perfectamente adornada por bajo con suma torería, que por el izquierdo no fue y que acabó firmada con un pinchazo que intercalaba un bajonazo previo y otro posterior.
Muy templado se dibujó sobre el ruedo el matador de Getafe ante el 3º, al que cuidó a su altura y supo templar hasta mitad de faena. Que fue donde se quedaron toro y torero al apretarlo al ver que del segundo en adelante no había nada que hacer.
No me he sacado todavía la espina que me dejó El Cid por no ver al 2º antes de coger la muleta. El pitón sí lo vio, pero no al toro. Que pedía todo cruzado y de uno en uno, como así dio con ello Manuel, pero ya tarde por haberle querido ligar dejándola puesta y dudarle en demasía en terrenos equívocos desde el prólogo. La izquierda del de Salteras se desempolvaba en Madrid dos años y medio después, rematando un ramillete suelto de naturales en el envés de la cadera, sin cerrar una tanda redonda. Se tira a matar El Cid y ya saben el final. Al 5º no le vio por ningún lado ni le regaló un muletazo. Manuel tampoco quiso robárselo de verdad.
De un mandarina y pasamanería negra llegó vestido Uceda Leal a su primera cita venteña de la temporada, la cual no pudo salir peor. Si desconfiado se le vio con el pistolero 1º, que le apretaba por dentro sin maldad por el derecho y hacía el intento de rebañar por el zocato, descolocado en la lidia del 2º que puso en aprietos a Rafael González, muy apático y frío se le vio también con el 4º. Al que lidiaron de manera vergonzosa; la tarde del 2 de mayo no fue en absoluto la tarde del de Usera.
Mala tarde para José Ignacio y algo menos para Manuel Jesús. Dos veteranos hoy con pinta de nobeles que se olvidaron de lo aprendido en Vietnam; en ese Madrid al que siempre han entendido en terrenos y en saber como nadie lo que no había que hacer, más que lo que había que hacer.
Ficha del festejo:
Monumental de Las Ventas. 2ª de la Feria de la Comunidad. Tradicional Corrida Goyesca. Casi lleno. Se lidiaron 6 toros de El Pilar, bien presentados; con casta y buen juego en líneas generales.
Uceda Leal, de mandarina y pasamanería negra: silencio en ambos.
El Cid, de verde botella y pasamanería negra: ovación con saludos tras dos avisos y silencio.
Javier Cortés, de blanco y café con pasamanería negra: silencio y silencio tras aviso.